ÁLVARO GUZMÁN BASTIDA | PERIODISTA Y PRODUCTOR

“Trump ha envalentonado a los racistas de EEUU, que tienen en la Casa Blanca un presidente que legitima su discurso”

El periodista pamplonés publica ‘El síntoma Trump’, que recopila dieciséis entrevistas que ayudan a entender el efecto de Trump en el auge de la extrema derecha

Diario de Noticias, MIRIAM PASCAL | JAVIER BERGASA -, 04-11-2019

PAMPLONA- El periodista y productor de documentales Álvaro Guzmán, de 29 años, analiza, junto a Ignasi Gozalo y Hector Muniente, el trumpismo como el inicio de un fenómeno global. El autor cree que el presidente estadounidense es un “síntoma mayor” que si solo se trata de sustituir y volver a lo anterior, “surgirán nuevos Trump”.

Su libro se titula El síntoma Trump, ¿es Trump una enfermedad?

-Lo que buscábamos con esa palabra tiene que ver con el contagio pero también con que si uno trata solo los síntomas de una enfermedad, no se cura de ella. Puedes tratar la enfermedad pero luego aflora otra vez y, a lo mejor, de una manera más dolorosa. Si no vas a la raíz, se convierte en algo realmente difícil de resolver. Nos parecía que la manera en que se trata el fenómeno Trump, desde EEUU y desde fuera, es a veces tan superficial como el personaje que se presenta al mundo. Al hablar solamente de sus tuits, de si se lleva bien o mal con líderes autoritarios… Nos movemos en la política de lo que mejor le viene a él y a los que son responsables de su triunfo. Si no nos damos cuenta de que Trump es un síntoma mayor y si solo tratamos de sustituirlo y volver a lo que había antes, surgirán nuevos Trump. El trumpismo se contagiará.

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¿De qué manera ha afectado la presidencia de Trump en el resto de países?

-Casi todo lo que pasa en EEUU termina pasando aquí y en otros países. Aquí se critica su sanidad privada, pero se quiere privatizar también en Europa y ha habido intentos en España. La precarización del trabajo con aplicaciones tipo Uber surgen allí y terminan expandiéndose por el mundo. El fenómeno de Trump también forma parte de un ecosistema que nace en el brexit, aunque el brexit es el preámbulo y Trump es la gran sacudida. A partir de él han surgido casos que forman parte del mismo tipo de derecha populista y reaccionaria con tintes autoritarios y muy de denunciar un sistema pero que luego no ataca a los verdaderos problemas. Se anuncian los males, pero echan la culpa a los últimos de la sociedad, a los inmigrantes. Tienen la virtud de que a gente que nunca le habían presentado los partidos políticos sus problemas, alguien como Trump o Salvini y Bolsonaro, de repente, se los pone encima de la mesa, pero las recetas que ofrecen son una pequeña estafa.

Históricamente se ha tenido a EEUU como un país en el que se recibía y convivían ciudadanos de todo el mundo. ¿Era un mito o la conciencia ha cambiado?

-Estados Unidos tiene una serie de mitos que reproduce muy bien y el racismo en Estados Unidos no surge con Trump ni mucho menos. El racismo estructural existía a unos niveles muy parecidos con Obama, siendo un presidente negro. La disparidad económica entre las razas aumentó con Obama. Hay un nivel estético en el que parece que EEUU es un país de inmigrantes, y en cierta medida lo es, pero eso esconde realidades en las que Trump no es más que una especie de sublimación. Que Estados Unidos es un país de inmigrantes es lo que les gustaría pensar a los que ven a Trump simplemente como un paréntesis histórico. EEUU siempre ha tratado mucho mejor a los europeos que a los de países del sur y no funcionaría sin la mano de obra inmigrante, pero se dedica a excluirlos. Obama deportó a muchísimos más inmigrantes que Trump en sus primeros cuatro años. Hay una constante que cuestiona esa idea del país multicultural y abierto. Trump ha envalentonado a los racistas de todo el país que ahora hacen ataques casi terroristas y que tienen en la casa Blanca una figura que legitima su discurso. La derecha funciona mejor como reacción a una izquierda o a unos movimientos que redistribuyen el poder y entonces se tiene que defender y transforma la sociedad.

Trump no tenía una trayectoria política ¿qué es lo que seduce de él?

-Hay dos maneras de verlo. Nunca hubiera salido si no fuera por los errores de sus adversarios, era probablemente el candidato más fácil de batir. Tiene más que ver con presentar a una candidata como la que presentaron y el tipo de campaña que hicieron que se resumía en decir “ustedes, votantes potenciales de Trump, no tienen derecho a sentirse como se sienten, son gente indeseable”. Clinton hablaba de los deplorables. Los demócratas decían, en respuesta a Trump, “América ya es grande”. Cuando tu discurso es negar la mayor de esa manera, abona el terreno para que haya un voto de protesta como el que hubo. Trump era una figura novedosa, tenía mucho reconocimiento mediático, es una figura de serie de TV. Era una especie de malo de película, un empresario malvado. Consiguió que se hablara de él constantemente, sin que se hable en realidad de sus políticas. Como los medios tampoco son capaces de desactivar un mensaje plagado de mentiras y además les viene muy bien, es una especie de círculo vicioso que se va retroalimentando. Políticamente es muy débil, y aun así, puede que vuelva a ganar. Eso dice mucho de sus adversarios.

Se ha extendido el fenómeno de la personificación de la política y muchas veces se vota más por el candidato que por la ideología del partido. ¿Qué peligro tiene?

-Es verdad que es la hiperpersonificación de la política pero también es que todo esto se exporta. En España cada vez nos acercamos más a modelos en los que vienen asesores que tratan de importar ese modelo. Que no se hable del programa sino de la imagen de un líder y muy mediada. Trump consiguió hackear el modelo de negocio de la economía de la atención, de internet. No sería posible si no hubiera unos incentivos tan grandes en compañías como Twitter y como Silicon Valley, que son supuestamente lo más progresista culturalmente de EEUU para que surjan personajes así, que trafican en odio y en el impacto por el impacto. No es una figura carismática al uso. Hay gente que le votó que no le gusta lo que dice, pero sí que sea espontáneo, que diga lo que piensa y que piensan no hace triangulaciones políticas. Eso tiene mucho que ver con cómo funciona la comunicación hoy en día. Ahí entra en juego la figura de los asesores políticos.

-Con Trump que hay parte de eso y parte de que fue hábil a la hora de que no lo parezca. Los tuits de Trump tienen faltas de ortografía y escribe a las dos de la mañana. Es una figura más de la telerrealidad que de la política. Es frágil, porque él mismo se mete en muchos líos. No ha aprobado casi ninguna ley, no está cambiando el país. Está siendo reflejo, de ahí lo de síntoma, de un país con una enfermedad difícil de diagnosticar, compleja en sus facetas, pero que precede a Trump y que si no se trata la enfermedad, seguirá cuando Trump se vaya.¿Sigue teniendo apoyo?

-Desde luego puede volver a ganar las elecciones. Las cotas de popularidad de Trump casi nunca han superado el 40% y eso es bajísimo. Tiene un suelo del que no cae pero es muy vulnerable, lo ha sido siempre y lo fue cuando ganó. La extrema derecha no surge en un vacío, lo hace cuando hay un sustrato social dolido, que se siente olvidado y que puede salir por una vía. Es susceptible a soluciones fáciles y a veces tramposas, excluyentes y xenófobas. El partido demócrata, que tenía que haber ganado las elecciones, durante demasiado tiempo ha negado a esa gente que tuviera problemas. Se ha hecho una oposición basada en no ser Trump. EEUU siempre ha sido la principal potencia económica y política, ¿sigue siéndolo?

-Es un motor, es la principal potencia militar y económica del mundo y se sigue bailando a su son. Trump es síntoma de una triple crisis: La del sistema de partidos y de otras dos crisis ocultas. De una supuesta bonanza económica que no lo es. Parece que EEUU despegó tras las crisis. En realidad es una recuperación muy engañosa porque se ha concentrado casi todas las ganancias en unas pocas empresas y una especie de clase oligárquica que hay. Por debajo de esa superficie hay mucho descontento y muchos problemas que son los que terminan llevando a alguien como Trump a la Casa Blanca. La otra crisis es la del imperio. EEUU ha perdido la capacidad de hacer el imperio por invitación. Declaraba guerras, perdía alguna y ganaba muchas. Lleva mucho tiempo en el que no se sabe muy bien para qué declara las guerras porque no le sirven para ordenar su sociedad. Se agota su ímpetu de expandirse y eso es lo que aflora en la frontera. Hay una idea en su mitología que es la de expandirse hacia el oeste y cuando terminas lo haces hacia el resto del mundo. Ese modelo está haciendo crisis. Ya no hay tantas ganas de expandirse. Ni está claro porqué lo hacen. Mucha gente que viene de las guerras, termina en la frontera persiguiendo inmigrantes. Ahora hace la guerra hacia dentro. Se está cuestionando mucho el concepto de democracia, ¿el auge de la extrema derecha es el culpable?

-En EEUU antes de Trump ya hay una serie de trabas a la democracia verdadera. Algunas que están grabadas a fuego en su constitución, como el sistema de votos por estado, el Tribunal Supremo, que puede tirar abajo todo tipo de reformas que la gente apoya… Además el poder económico, maneja las elecciones. En EEUU la corrupción es legal, las empresas pueden financiar casi sin límite y sin transparencia las campañas políticas. La democracia en el sentido clásico, está muy maltrecha mucho antes de Trump. Cuando se presentó dijo “Yo antes compraba las campañas a los partidos, pero como soy millonario a mí no me va a comprar nadie”. Vino a decir que la democracia ya no existe. Trump surge como una especie de último grito de ese sistema. EEUU, igual que es la vanguardia de todo lo malo que termina pasándonos en el mundo, también muchas veces las respuestas más interesantes o atractivas se dan allí. Están proliferando movimientos sociales muy interesantes y hay una nueva generación que saben que lo anterior no estaba bien y que Trump es reflejo de todos los males que ya acarreaban.

¿Tiene probabilidades de ser reelegido?

-Dependerá de lo que hagan los demócratas. Si nominan a Joe Biden, el expresidente de Obama, pueden volver a perder y cometerían el mismo error, difícil de perdonar. Las primarias demócratas de este año están siendo las más dinámicas e interesantes en el sentido de contraposición de ideas. Hay candidatos que plantean una política que está muy fuera de lo que hasta hace poco era el partido demócrata. Si las elecciones terminan siendo Trump contra los que no son Trump, probablemente gane él. Si lo único que son capaces de hacer los demócratas es decir “este hombre no es legítimo, nos de vergüenza” puede que pierdan contra un presidente que no ha cumplido su programa, que es una de las figuras más vulnerables del mundo, y que si vuelve a ganar será una vez más síntoma de la podredumbre del sistema político, económico e imperial de Estados Unidos.

las claves
“La extrema derecha no surge en un vacío, lo hace cuando hay un sustrato social dolido, que se siente olvidado y que ve una vía”

“La democracia, en el sentido clásico, está muy maltrecha en Estados Unidos mucho antes de la llegada de Trump”

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