Los menas intensifican la delincuencia en Lavapiés
Los vecinos les culpan de los robos y de trapichear con drogas, como los africanos. El control lo llevan adultos que se aprovechan de su «impunidad»
ABC, , 25-10-2019«Esos chavales, los magrebíes, son los que están robando ahora en Lavapiés. Móviles, carteras, todo lo que pillan…». Eso dice Esteban desde la privilegiada posición que le permite entrar y salir de su comercio y ver todo lo que se cuece alrededor. Alude a los denominados menores extranjeros no acompañados (menas). «De menores algunos tienen bien poco», explica. Su opinión es la generalizada en este bullicioso y multicultural barrio, el más conflictivo en seguridad del distrito de Centro.
Un nutrido grupo de chicos está en la esquina de la calle de Tribulete con la del Mesón de Paredes, en la puerta del bar La Universidad, su punto de reunión, aunque también frecuentan la zona del Casino de la Reina. «Actúan siempre igual. Te hacen un regate y, de camino, te quitan lo que pueden», explica. También se pelean entre ellos y sacan las navajas a relucir. «Han metido mano a unos cuantos de los mayores por tirones de cadenas y llevan unos días algo más tranquilos. A ver cuánto dura, porque esto va por rachas», asevera Esteban. De hecho, el miércoles hubo un intento frustrado de robo en Mesón de Paredes.
«Nos han dado un verano terrible. Son violentos y agresivos. Los móviles que sustraen los dejan en los buzones exteriores de los portales destinados a depositar la correspondencia y luego se los venden a los bangladesíes que los despiezan», dice Sebastián. Por las noches es cuando más roban y se suelen concentrar en la plaza de Lavapiés.
De día también paran en la puerta del salón de juegos, uno de los puntos conflictivos de la zona que reúne a lo mejor de cada casa, entre la que está algún ratero rumano. Muchos menas trapichean con pastillas y otras sustancias estupefacientes, dirigidos por magrebíes adultos para que, en caso de ser sorprendidos por la Policía, la pena sea mucho menor, recalca: «Se aprovechan de su impunidad porque si son detenidos están enseguida en la calle si tienen menos de 18 años».
Uno de los problemas que hay que con estos chavales es que cuando son mayores de edad ya no están tutelados por la Comunidad de Madrid . «Sin oficio ni beneficio, están todo el día en el calle sin nada que hacer. Sobreviven rapiñando un bolso de aquí y un móvil de allá. Tendrían que darles alternativas, como formación», recalca Manuel Osuna, presidente de la Asociación de Vecinos de La Corrala.
Críos esnifando en el metro
Para Begoña Sebastián, portavoz de la Plataforma del Barrio de Lavapiés, el protocolo de actuación con los menas no sirve para nada porque las normas no son claras. Y muy claro debe ser el mensaje que hay que enviar a los que delinquen. Tienen que ser conscientes de que sus acciones tienen consecuencias y si no se atienen a ellas, deberían ser devueltos a sus países. La representante vecinal recalca que no lo dice como un ataque, sino para actuar y prevenir porque situaciones como esta no se pueden consentir. Y recuerda una dramática que vio dentro de la estación de metro:a dos críos que no tendrían más de 12 años esnifando disolvente de una bolsa. No todos los problemas los causan los menas, que, aunque ahora parezcan estar en el punto de mira, llevan año y pico pululando por ahí. «Hay que ir al fondo del asunto y no estigmatizarles», zanjan Luis y María, educadores.
Así, el negocio de la droga sigue en manos de los subsaharianos a los que no les falta clientela, a pesar de que la plaza está patas arriba por las obras. «Cada vez que me vienen a decir que les cambie un billete de 10 euros, les digo que no. Ya sé para lo que es, para su dosis», explica Pedro detrás de la barra de su bar, en alusión a los compradores, los toxicómanos. «Paran por la zona de Tirso de Molina y aledaños», indica.
Los consumidores son españoles, marroquíes, subsaharianos y también algunos menas, explican desde la Plataforma del Barrio. Como los narcopisos se han reducido considerablemente por la acción de la Policía Nacional y por los residentes, que ya saben cómo atajar esa práctica, todo ello se traduce en que se vea a más gente consumir en la calle y en que algunas mafias alquilen pisos en vez de usurparlos para su ilícito negocio, recalca su portavoz. Los «after» ilegales –en uno hubo un tiroteo en la puerta–; los locales regentados por orientales y bangladesíes que venden alcohol sin licencia y fuera del horario y estos últimos, incluso comida casera sin ningún tipo de permiso, son otros de los focos de inseguridad, conflictos y ruido, explica María. Esta destaca a los «sin techo» que duermen en cualquier lugar, incluso en los urinarios públicos y a quienes hacen sus necesidades en la calle.
La presencia de la Policía Municipal, que ha aumentado sensiblemente a raíz del plan de choque puesto en marcha el 2 de septiembre por la concejalía de Seguridad, tiene dos ejes de actuación: la seguridad ciudadana y la convivencia, y ha dado tranquilidad a los residentes. «Hay agentes a todas horas», dicen dos señoras.
«Mirar hacia otro lado»
Para la portavoz de la Plataforma del Barrio, los agentes tendrían que incordiar a los conflictivos y hacer cumplir las ordenanzas; así desaparecerían muchos problemas, indicó. «No se puede mirar para otro lado. No queremos ser el lugar del último chute de un yonki o el del inicio a la droga de un joven», precisó. Incidió en la necesidad de restaurar la fractura entre los mandos policiales y el tejido social que se agudizó con el Gobierno de Ahora Madrid que abandonó el barrio. «Queremos ir de la mano con ellos y que colaboren los nacionales y los municipales», zanjó.
«El refuerzo policial se ha notado pero no lo resuelve todo. Hace faltan medidas sociales. Si no, seguiremos igual», precisa Osuna, desde la Asociación La Corrala.
Situación crítica en Cataluña, Andalucía y el País Vasco
Cataluña alcanzó en 2018 la cifra récord de acogida de menas tras llegar a los 3.697 y la criminalidad es la sombra que les persigue. Según datos de la Policía catalana, de los menores inmigrantes que llegaron a Cataluña de 2016 a 2018, el 18 % han sido detenidos o investigados al menos una vez y el porcentaje de menas que permanece en centros de Justicia es del 1,6 %. En Canet del Mar o El Mansnou, la situación es tal, que los vecinos asocian el aumento de robos e inseguridad a los menores inmigrantes y llevan a cabo escraches hacia los menores. Desde la Generalitat quieren atajar estos problemas de convivencia con más profesionales que les atiendan.
La sensación de inseguridad se instaló en las calles de Bilbao y otras ciudades del País Vasco a raíz del conocimiento de diversos casos graves de delincuencia perpetrados por menas. A fecha de 31 de diciembre de 2018, la Comunidad atendía a casi un millar menores no acompañados. El número se ha triplicado desde 2014. Este súbito incremento vino acompañado de un repunte de la criminalidad juvenil. El PP de Álava advirtió de que medio centenar de menas se han visto inmersos en causas judiciales de diversa índole, incluidos robos con violencia, atentados a la autoridad y agresiones con amenazas. También se atribuyen a ellos casos de abuso sexual como el que aconteció en las pasadas fiestas de Vitoria. Pese a todo, La Fiscalía Superior del País Vasco apunta que la violencia entre menas parece «encontrarse bajo control».
Andalucía acoge a 6.249 menas, la mitad de los que llegan a España, según la Memoria 2018 de la Fiscalía General del Estado. Es la comunidad en la que más menores tutelados hay, aunque la mayoría están de paso, por lo que su índice de criminalidad es bajo.
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