LA ESFERA DE PAPEL
Marc Quinn: "Mi sangre, tu sangre y la sangre de un refugiado son del mismo color"
El último reto de quien fue uno de los Young British Artists es mostrar, en Nueva York y en dos cubos iguales, sangre de 10.000 personas, la mitad de ellos migrantes
El Mundo, , 14-10-2019Herederos del conceptualismo y el punk, los Young British Artists decidieron matar lo primero y construir sobre lo segundo. Gillian Wearing, Tracey Emin o Marc Quinn cuestionaron la abstracción y su contrario. En una entrevista realizada en el reciente Hay Festival de Segovia, Marc Queen habla del arte y de su nuevo proyecto, Our Blood, que se instalará en la Biblioteca Pública de Nueva York: un pabellón transparente en el que se amplificarán las historias de 10.000 personas junto a dos cubos simétricos con la sangre donada por 5.000 refugiados y otros tantos no refugiados.
¿Es Our blood su propuesta más ambiciosa?
Por un lado está la escultura, pero también está la videoinstalación con las historias de 10.000 personas. Los cubos de sangre representan una humanidad común. En los vídeos nos encontramos con las voces e historias individuales contadas por personas reales. Mi sangre, tu sangre, la sangre de un refugiado puesta sobre un plato es del mismo color, no hay diferencia. Una refugiada de Chile me contó que la torturaron y que le dijeron que no era nada, nadie, y ella les respondió: «Mi sangre y mis órganos son los mismos que los tuyos». Los interrogadores no supieron responder. ¿Cómo valoramos a las personas dentro de la sociedad? Por ello en el vídeo aparecen personas muy conocidas junto a otras desconocidas.
Our Blood conecta con Self, una serie de autorretratos hechos con su propia sangre en el que trabaja desde 1991. Pero ahora desplaza su propia imagen hacia un retrato colectivo.
Sí, Self es en cierto sentido el inicio de esta escultura. Mis primeras obras tratan sobre mí y sobre mi cuerpo, pero empecé a trabajar con el concepto de otras personas: personas con discapacidad o personas que transformaban su cuerpo, cambiándose de sexo o tatuándose. Fue una progresión natural, En 2015, cuando vi todas esas imágenes de refugiados, pensé que era un tema que definía nuestra época. Yo quiero hacer arte sobre el tiempo en el que vivimos, porque para mí el arte es la memoria del mundo. Recordamos Guernica por la pintura de Picasso. A menudo dono obras para subastas que recaudan mucho dinero y que ayudan a instituciones benéficas, que es fantástico, pero no siento que formo parte de esa causa profundamente. Quiero verme involucrado en la causa en profundidad.
Se dice que el arte, la música, la poesía, salva vidas. En algunos casos lo hacen de forma indirecta. En este caso es una acción directa que repercute en la vida de personas concretas.
Sí, de alguna manera en mi trabajo siempre me he tomado esto de forma literal. Decimos que el arte cambia el mundo, pero, ¿lo hace realmente? Vamos a intentar hacer una obra que realmente lo cambie.
El arte pasa a ser una forma de activismo.
Definitivamente. Creo que hoy en día el arte debe comprometerse con el mundo y ser activista, pero de una forma humanitaria. No quiero tomar parte políticamente.
¿Qué preguntas debería plantearse el arte hoy en día?
¿Quiénes somos? ¿Cómo nos relacionamos con el mundo y con las personas? ¿A dónde nos dirigimos? Como en el cuadro de Gauguin ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?, estas son las preguntas. Creo que no han cambiado, y creo que realmente no hay respuestas. Cada generación ha planteado las mismas preguntas de manera diferente y eso es lo interesante. Cuando comparas arte y ciencia hay similitudes, comparten ciertas áreas e intereses comunes, pero la diferencia es que la ciencia busca una respuesta y el arte hacer una pregunta.
Suele trabajar en proyectos muy largos que se extienden en el tiempo, como Self. ¿Cómo sabe que un trabajo está terminado?
Siempre digo que Self es Rembrandt interpretado por Samuel Beckett: fracasa, fracasa, pero inténtalo de nuevo, inténtalo de nuevo, inténtalo de nuevo… Una de los aspectos interesantes que tiene Self es esta idea de intentar hacer algo que sea la vida, que se acerque lo más posible a ella. El arte no es la vida, pero discurre paralelo a ella de alguna forma.
¿Le preocupa la pervivencia de su propia obra a través del tiempo, su deterioro?
Algunas de mis obras son materiales, quién sabe si pervivirán, depende de la sociedad. Y creo que esa es la razón por la que quería hacer esta obra en torno a los refugiados con su sangre congelada. La electricidad, la posibilidad de mantener algo en un estado que no es su estado natural, es el signo de que, por lo menos, las personas han llegado a un acuerdo en crear infraestructuras. Los mineros introducían canarios en las minas: si morían es que había gas letal. Los cubos de sangre serían el canario dentro de la sociedad.
La identidad es uno de los temas de su obra. ¿Es el Brexit un problema de identidad?
El Brexit es un problema de identidad nacional que se ha torcido, algo así como un colapso nacional. Sigo creyendo que es imposible decir lo que va a ocurrir. Podría no llegar a ocurrir, quién sabe. No es bueno, pero es el síntoma de algo más grande, de esa extrema derecha, de Trump y los acontecimientos políticos que están sucediendo en todo el mundo.
¿Cómo será el arte del futuro?
Creo que la mejor manera de predecir el futuro es hacerlo.
¿Hay algún proyecto que no haya podido llevar a cabo por su imposibilidad?
Probablemente este [se ríe], pero no voy a dejar que ocurra, no abandonaré nunca. Debemos hacer que las cosas ocurran. Debes creer en lo que haces, con el tiempo ocurrirá. Ahí tienes tu predicción de futuro.
(Puede haber caducado)