OPINIÓN // MIRADOR

INQUILINOS A LA INTEMPERIE

El Periodico, 23-05-2006

La Barceloneta languidece mientras los especuladores de lo inmobiliario se relamen. Sucede que las playas, ay, no nos dejan ver la Barceloneta. La Barceloneta sufre heridas graves y las azoteas de algunas de sus fincas vuelven a adquirir el protagonismo que antes tuvieron. El domingo encontraron en una de ellas el cadáver de un argelino sobre un colchón de aspecto muy concurrido.
En la Barceloneta, la azotea, el terrat, fue durante muchos años lugar de encuentro y conversación mientras la colada se secaba. Sol y jabón, que luego fue Omo, porque, eso decía su publicidad, lavaba más blanco. Aquello era el reino de las sábanas, del tremendo calzoncillo del abuelo y de la ropa interior femenina, que el acné juvenil facial, sección masculina, acechaba a traición. Aquellas azoteas eran fumaderos, pistas de baile la noche de Sant Joan, espacio donde los colchoneros vareaban la lana y lugares desde los que los contrabandistas arrojaban a la calle sus tabacos cuando la pasma subía por la escalera para dar con el alijo.
Luego, cuando empezamos a ser ricos, las azoteas de la Barceloneta se olvidaron y ahora, desde hace un tiempo, y como saben muy bien muchos vecinos, han vuelto a recuperar un cierto protagonismo: en algunas de ellas duerme la inmigración que no cesa. Habitación con vistas, colchones calientes.
Al argelino lo encontraron muerto el domingo en la azotea de una finca de la calle de Ginebra, pero no es solo en la Barceloneta donde algunos sacan tajada de ese espacio olvidado, que, ahora, es víctima de las feroces cagadas de gaviota. No hace mucho, en la azotea de una finca, lindante con Via Augusta, la noche permitía observar cómo un grupo de cinco o seis africanos – – no siempre los mismos – – aparecían puntualmente a eso de las 12 dispuestos a dormir en el duro suelo y al raso, pese a ser invierno. Lo más duro – – más que el suelo – – era observar cómo los zarandeaban cuando empezaba a clarear. La llegada del día podía alertar a los vecinos de otras fincas y los africanos tenían que desaparecer.

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