Menores migrantes y xenofobia
La mayoría de robos y agresiones no los cometen migrantes ni la mayoría de estos menores caen en el delito
El Periodico, , 05-07-2019El asalto violento a un centro que acoge a menores migrantes en El Masnou enciende todas las alarmas. Ante la gravedad de la situación, es importante no perder de vista dos premisas que, aunque obvias, es muy sencillo arrinconar cuando los ánimos se caldean. Ni la mayoría de los robos o las agresiones sexuales son cometidas por migrantes ni la mayoría de estos menores cometen delitos.
Según los Mossos d’Esquadra, el 82% de los 5.622 menores que llegaron a Catalunya sin tutores se integran en el sistema de protección de la Generalitat. Es una contundente mayoría que solo quiere ganarse un futuro. Una mayoría que se encuentra en un estado de especial vulnerabilidad y que se ve injustamente cuestionada por el comportamiento delictivo de unos pocos.
En estos jóvenes confluye una multiplicidad de errores y problemas sociales. Desde la injustificable incompetencia institucional en su acogida hasta un aumento de las agresiones sexuales cometidas por menores (no migrantes específicamente) y una legitimización del discurso racista por parte de la ultraderecha. Esta combinación se convierte en fatal cuando recae en personas que carecen de apoyo familiar y que pueden verse tentadas de buscar un falso refugio en la delincuencia o en la droga.
El asalto al centro de acogida de El Masnou se alentó tras un intento de agresión sexual por parte de un menor tutelado que fue atajado por los propios acompañantes del joven. Su actitud es denunciable, no debe minimizarse, pero no es admisible que se utilice para efectuar una criminalización de todo el colectivo. Ser un menor migrante no exime de culpa, pero tampoco convierte en culpable. Desde hace meses son muchas las voces que reclaman recursos y coordinación entre administraciones para facilitar la integración de estos jóvenes. La demanda cobra ahora una dramática urgencia.
El asalto en El Masnou se saldó con cuatro heridos. No es el primer acto de repulsa a centros de menores. No se puede bajar la guardia ante la xenofobia. El doble rasero de la ultraderecha es perverso. Por un lado, minimiza la violencia machista hasta límites insoportables como criticar la última sentencia de ‘la Manada’ y, por el otro, magnifica los casos en los que el agresor es un migrante, encarnando en él toda la violencia de la sociedad, la propia y la ajena. De este modo se criminaliza al colectivo más vulnerable y se alienta el odio hacia ellos. Gasolina para la convivencia.
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