Ante el reto de rehacer sus vidas

Jóvenes, nacidos en Arrasate y procedentes de otros países que viven en el municipio y son parte de él, ponen rostro y voz al documental ‘Bizimodua berreraikiz”, donde reflexionan sobre la diversidad cultural, los prejuicios y la igualdad de género. Han compartido sus experiencias y llaman a la concienciación.

Diario de noticias de Gipuzkoa, REPORTAJE Y FOTOGRAFÍA DE ANABEL DOMINGUEZ , 24-04-2019

Bertako gaia

El proyecto se ha alumbrado en el seno de la asociación de Integración de las Mujeres Musulmanas en la sociedad vasca, IMME, que hace un año estrenó su primer audiovisual, entonces titulado Bideak Gurutza-tzen-Cruzando Caminos. La presidenta del colectivo y, a su vez, artífice de esta iniciativa es la saharaui Djamila Zereiby, que en esta ocasión ha querido llevar a la gran pantalla la historia que lleva el nombre de hijos de familias inmigrantes, y de los jóvenes en general, para que “hablen sobre cómo ven la realidad, se conciencien y debatan acerca de la diversidad cultural, sexual, la igualdad de género o desigualdad, los prejuicios, la soledad, el racismo y otras cuestiones”, explica Zereiby.

“No aparecemos como víctimas del racismo, sino como jóvenes que vamos logrando sortear los obstáculos que se cruzan en nuestro camino”, puntualiza la marroquí Ikram Bouzalmat, una de las participantes en el documental dirigido por la periodista de Goiena Komunikazio Taldea, Amaia Txintxurreta. La profesora de Educación Intercultural de la Facultad de Ciencias de la Educación de Mondragon Unibertsitatea Amelia Barquín, aporta la visión profesional a este trabajo audiovisual, junto con otras voces como la de Nora Ugarteburu, coordinadora de SOS Racismo en Debagoiena, y la de distintos educadores de calle. La asociación euskaltzale de tiempo libre Txatxilipurdi se sumó también a las reuniones previas que sirvieron para enhebrar el hilo argumental del guión que ha dado forma a la cinta de 40 minutos de duración.

“PIZZA QUEMADA”, “PIOJOSA”…“Decidí tomar parte en la propuesta que nos lanzó Djamila con la intención de evitar, en la medida de mis posibilidades, que otros jóvenes pasen por lo mismo que yo”, relata Paola. Con nueve años aterrizó en la villa cerrajera siguiendo el rumbo que su progenitora tomó en 2006 en busca de un trabajo y una vida mejor. “Al principio solo tenía a mi madre. Cuando empecé en el colegio me topé con niños que no me aceptaban por mi color de piel, ni siquiera se molestaron en conocerme, les daba igual cómo me llamaba, de dónde venía… Me propinaban insultos como pizza quemada o piojosa”, narra Paola sobre unas vivencias que a día de hoy tiene “completamente superadas”, pero con las que quiere inducir a la reflexión.

Las palabras ofensivas también tuvo que soportarlas en boca de “una profesora” y no hace tanto tiempo vivió un episodio similar en la calle. “En sanjuanes de hace dos años me encontraba con mis amigas en la Herriko plaza esperando la llegada de Errementari dantza. Llevábamos por los menos dos horas sentadas delante, en el circuló que se había formado, y cuando nos levantamos para ver a los dantzaris, un hombre mayor nos increpó de malas formas y le dije que tuviera un poco de respeto. No tuvo nada mejor que decirme que me fuera a mi país”, señala esta joven con absoluta entereza.

“Yo no puedo rechazar a Paola por su color de piel”, interviene en la conversación Maite Caballero. Esta arrasatearra de 16 años, al igual que sus compañeras de clase Leire Gómez, Irene Salaberri y Naia Zuazubiskar, se animó a dar su testimonio en el documental porque venía al hilo del proyecto que estaban desarrollando en la ikastola acerca de la interculturalidad, y más en concreto, de la integración de las mujeres.

“Solo sabemos una pequeña parte de la historia de las personas que vienen de otro país a vivir con nosotros. Desconocemos todo lo que han tenido que pasar antes de llegar aquí”, recalcan al unísono Maite, Naia e Irene. Leire da un paso más y pone el foco en aquellos comportamientos “de los que no somos conscientes, pequeñas actitudes que igualmente hacen daño y provocan malestar”.

“No podemos juzgar a nadie sin conocerle”, defiende Egoitz Dávila, que coincide con Maite en destacar que “en Euskal Herria las cuadrillas son cerradas y cuesta que los grupos se abran a nuevas personas”.

Pero aquellos duros comienzos se han quedado atrás. Actualmente, Paola asegura sentirse “totalmente integrada”. “Tengo amigos y amigas, todos de Arrasate, y un local. Me gusta vivir aquí”, apunta.

“QUIERO FORMARME”Ocho jóvenes de Arrasate, República Dominicana, Marruecos, El Sáhara y Nicaragua tejen con sus testimonios el documental que tuvo su puesta de largo el pasado mes. Ikram es otra de las protagonistas. Hace cinco años recaló en Arrasate con su familia después de residir en Córdoba. En la ciudad andaluza le costó comunicarse porque entonces, tal y como rememora, “no me manejaba con el idioma;era más introvertida y tampoco tenía compañeros marroquíes en clase”.

Una vez llegada al País Vasco se matriculó en Bachillerato en un instituto de Gasteiz, “donde, salvo dos alumnos, el resto éramos inmigrantes;eso me dio un empujón para soltarme, ya no era la única”, expone esta joven de 23 años que, en estos momentos, afronta la recta final del grado en Traducción e Interpretación que imparte la UPV/EHU. “Para mí es un gran reto porque el idioma es la pieza clave de la carrera que he escogido. En segundo curso los profesores me sugirieron que cursara otros estudios, pero no cejé en mi empeño”, detalla en un fluido castellano.

Enfrascada a diario en una rutina que le lleva de Arrasate a Gasteiz, Ikram es un ejemplo de superación. “Quiero formarme, trabajar y aportar a esta sociedad”, señala, lejos de quedarse arrinconada en casa, ocupándose únicamente de las tareas domésticas, un rol que “en una sociedad tan patriarcal como la de Marruecos les toca desempeñar a las mujeres”, indica.

Luchar por la igualdad, el empoderamiento de la mujer y sus derechos se ha convertido en uno de sus caballos de batalla. Reconoce que en los últimos años ha cambiado “mucho” su forma de pensar. Tiene las ideas claras. Habla con seguridad y convencida de lo que dice. “Me quedan ocho asignaturas para terminar, así que estoy completamente centrada en mis estudios”, insiste para, a continuación, detener su exposición en la relación que le une al resto de compañeros de clase. “El primer año como era la única que llevaba velo no se atrevían a preguntarme nada, pero a partir del segundo curso se dirigían a mi con normalidad”, precisa la joven marroquí.

Ikram participó en el primer documental que alumbró la asociación IMME que tiene su sede en Arrasate. Para este segundo tampoco ha dudado en poner su voz y rostro. “Nos ha permitido contrastar experiencias, interactuar entre jóvenes vascos y que venimos de otros países”, comenta.

Además, uno de sus objetivos a través de este trabajo audiovisual es que se rompa con las ideas preconcebidas y los estereotipos y, para ello, pone el acento en la recurrente polémica en torno al velo y la mujer musulmana. “Yo me lo pongo por convicción propia, porque lo dice el Corán”, manifiesta Ikram, que desde los 17 años cubre su cabeza a diario con el hiyab.

Echa mano de un curioso pasaje que vivió recientemente cuando asistió en calidad de joven universitaria a una conferencia. “Una magistrada llegó a decir que cómo una chica tan culta se ponía velo”, cuenta, a la vez que incide en que el hiyab “no esta reñido con otras muchas cosas que defiendo, como la igualdad;nos tapa el pelo pero no el cerebro”.

“AYUDAR A CAMBIAR EL CHIP”Tras su estreno, el proyecto Rehaciendo el modo de vidacontinúa abriéndose camino. La idea de su impulsora, Djamila Zereiby, es que la cinta amplíe su recorrido por los centros escolares, de educadores sociales y otras plataformas. “Los jóvenes son el futuro y hay que escucharles”, expresa esta incansable mujer.

Sus protagonistas están “contentas” con el resultado. “Escuchar estas experiencias en boca de quienes las han vivido nos ayuda a reflexionar, aprender y aportar”, sostiene Maite. Mientras tanto, Paola espera que en el caso de los padres y madres el trabajo realizado sirva para despertar conciencia “de que tienen que ofrecerles cierta educación a sus hijos para que vean que no hay diferentes, que todos somos personas sin importar de dónde venimos”.

“Animo a la gente a que vea el documental;puede ayudar a cambiar el chip”, sentencia Naia. Jóvenes de varias procedencias han compartido sus experiencias y han abierto las puertas al futuro.

Debagoiena

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