Elecciones. Auge de un populismo de derechas
La ultraderecha duplica su fuerza en Estonia
Estonia se fue este domingo a dormir con un parlamento dividido y con la preocupación por el auge de un populismo de derechas que es antirruso y antieuropeo a la vez
El Mundo, , 04-03-2019Estonia se fue este domingo a dormir con un parlamento dividido y con la preocupación por el auge de un populismo de derechas que es antirruso y antieuropeo a la vez. El partido Reforma, de centro derecha y proeuropeo, ganó las elecciones parlamentarias desalojando virtualmente al centro-izquierda del gobierno. Pero ambos parecen condenados a gobernar juntos para evitar a la ultraderecha, que se convirtió en la protagonista de la noche al aumentar más del doble sus apoyos y convertirse en tercera fuerza gracias al descontento en las zonas rurales, donde no se aprecian las ventajas de esta década y media de pertenencia a la Unión Europea. Los ultraderechistas del partido EKRE prometen más subsidios y rebozan su discurso con una retórica contra los inmigrantes. Estarían casi triplicando sus siete escaños actuales: hasta 19 pueden obtener, según las primeras previsiones.
Al partido Centro del primer ministro, Jüri Ratas, le daban los primeros resultados 26 escaños, que podría sumar a los 34 que obtendría el Partido Reforma, que ya fue el más votado en 2015 (30 diputados) pero quedó entonces fuera del gobierno al sumar Ratas sus 25 a los de los socialdemócratas y los cristianodemócratas. Anoche los cruzados de EKRE sabían que no tienen fácil encontrar socios para una coalición tras una agria campaña que ha puesto en discusión el idioma en los colegios: la derecha demanda eliminar el ruso en la educación pública. Esta minoría supone el 25% de la población, pero tras tres décadas de independencia las posibilidades de encontrar un buen trabajo sin formación en estonio son escasas.
La migración y la reforma del sistema impositivo han sido otros dos temas clave una campaña en la que ha quedado de relieve la fractura entre las ciudades y el campo. Más allá del resultado definitivo, todo dependerá en buena medida de las negociaciones dentro del Riigikogu (parlamento estonio), donde los eurófobos de EKRE no tienen casi opciones de pacto.
Sobre el papel Estonia disfruta de más de lo que muchos países del viejo bloque socialista habían soñado: crecimiento económico robusto de un 3%, desempleo bajo y fronteras aseguradas por la OTAN. Pero las “desigualdades geográficas” en este país de 1,3 millones de habitantes son “una gran preocupación”, explica Kristi Raik, del Instituto Estonio de Política Exterior: “El campo se ha quedado atrás y creo que ésta es la principal razón del auge del EKRE”.
Lejos de las grandes ciudades el estado tiene dificultades para mantener los servicios públicos ante una población tan dispersa. En esta ‘Estonia vacía’ EKRE empezó a cabalgar la ola populista apoyándose en la crisis migratoria que sacudió Europa en 2015. Se opone al reparto de refugiados por cuotas dentro de la UE, pese a que el gobierno de Tallin se preocupó de hacer un ‘casting’ previo con el que apenas llegó medio centenar.
El auge nacionalista puede juntar a viejos rivales. Centro está apoyado por la población rusohablante y firmó acuerdos con el partido ruso Rusia Unida, que sustenta al gobierno.
Kaja Kallas, virtual ganadora con Reforma, sugirió anoche que podría pactar con el partido del actual primer ministro. Por primera vez desde su independencia en 1991 dos mujeres ocuparían la presidencia del país y la jefatura del gobierno a la vez.
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