"Hoy no hay huevos porque no hay mexicanos"
La Vanguardia, 02-05-2006Digo a los clientes: ´¡Hoy no hay huevos porque hoy no hay mexicanos!´", dice Jesse Billam, encargado palestino israelí de la delicatessen Champiñón, en la Séptima avenida de Manhattan. Tres de sus trabajadores – uno sin papeles – secundan el paro y la cocina está cerrada. “Yo los apoyo porque soy inmigrante también”, añade. Esta tolerancia quizás explica por qué hasta la fecha los inmigrantes neoyorquinos no se han movilizado con la misma energía que los de California. Uno de cada tres residentes es inmigrante – igual que en Los Ángeles – pero, como escribió Joyce Purnick en The New York Times el mes pasado, “California tiene frontera mexicana y hace tiempo que alberga una inquietud respecto a los inmigrantes, mientras que Nueva York los considera la clave de su vitalidad”. En todo caso, hay empleadores en Nueva York menos comprensivos que Billam. Víctor Ambrosio, que vende flores en un colmado abierto 24 horas, dice que ninguno de los mexicanos en su tienda ha hecho huelga. “Aquí los dueños son coreanos”, comenta mirando de reojo. Ambrosio, indocumentado, llegó hace tres semanas, tras una odisea que pocos compradores de tulipanes de primavera en Manhattan pudieran imaginarse.
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Ayer se organizó una cadena humana que se extendió por los cinco distritos de Nueva York, desde Queens y Brooklyn – donde viven los inmigrantes – hasta Manhattan, donde trabajan. Pequeños comercios cerraron, pero no se vio un gran impacto económico en Nueva York. En cambio, en Los Ángeles pudo comprobarse el poder de la clase inmigrante mexicana. Los puertos se atascaron de contenedores tras la huelga de 30.000 camioneros latinos. Restaurantes y supermercados se quedaron sin suministros. “El mercado central está completamente cerrado; todos apoyamos el paro”, dice por teléfono Armando García, un vendedor ambulante. American Apparel, empresa de confección que basa su marketing en que fabrica en Los Ángeles (y no en el Tercer Mundo), quedó paralizada al secundar la huelga 4.000 empleadas. En los huertos del valle central de California, miles de trabajadores abandonaron los campos. En el interior del país, las empresas más grandes del mundo de procesamiento de carne, criticadas por abusos laborales contra los trabajadores inmigrantes, cerraron sus plantas con un enorme coste económico.
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