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La Vanguardia, 02-05-2006La imaginativa huelga general que los millones de hispanos sin papeles de EE. UU. convocaron ayer en el único país occidental que no celebra el día de los Trabajadores me ha parecido una forma estupenda de ponerle cara y ojos a la mayor hipocresía de nuestra agenda oculta: sin los inmigrantes legales e ilegales que cuidan de nuestros ancianos padres, nuestros aún más ancianos abuelos y nuestros pequeños hijos, recogen nuestras fresas y nuestros tomates a 40 grados bajo los mares de plástico de nuestros invernaderos, limpian nuestras casas y nuestros garajes, sacan nuestros cubos de basura, cubren los más penosos turnos (festivos, noches) de nuestras empresas de seguridad privada, podan nuestros jardines, riegan nuestras calles, cocinan en nuestros restaurantes, aparcan nuestros coches, atienden las barras de nuestros bares, etcétera, etcétera, etcétera (y barato, barato, barato), la economía de los países ricos dejaría de funcionar. Caput,fin.
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En España, la causa de la liberación de la mujer (hoy, lucha por la igualdad entre hombres y mujeres) es la que más debe a los inmigrantes. E inmediatamente después, el PIB. Si ellos no se ocupasen de trabajos tan necesarios como los antes citados, que los nacionales no queremos hacer, dudo que nuestra economía siguiera creciendo por encima de la media de la UE. Y, no dudo, estoy segura de que si no hubieran relevado a la mujer como titular (por narices, quiéralo o no) del cuidado del hogar y de la familia, seguiríamos con la pata quebrada y en casa.
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No basta reconocer legalmente un derecho para que cobre vida. La llegada masiva de inmigrantes es lo que está haciendo efectivo el derecho de las españolas a incorporarnos masivamente al mercado laboral. Ha roto el círculo vicioso que impedía a la mitad femenina de la población contribuir a crear riqueza y empleo. Y, aunque en sueldos, oportunidades y consideración profesional lo único peor que ser mujer en este país es ser inmigrante, sin el trabajo de estas personas peligraría, por ejemplo, nuestro querido sistema de pensiones. ¿Que el 40 por ciento de los presos son extranjeros?Y el 60 por ciento, españoles. ¿Que hay muchos? Pues todavía faltan. Y facilitarles los papeles es la única forma de no condenarlos a la esclavitud o a la marginalidad.
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