J.C. Cabrera, mediador intercultural en Algeciras

“Muchos menores pagan 5.000 euros y llegan en motos de agua”

El mediador intercultural José Carlos Cabrera denuncia la existencia de una mafia que facilita la llegada en 24 horas de menores inmigrantes a Bizkaia

Deia, Una entrevista de Sandra Atutxa, 16-12-2017

Bilbao – José Carlos Cabrera lleva 18 años trabajando con menores no acompañados. Tiempo suficiente para saber, después de muchas horas de conversación con ellos, cómo y en qué condiciones llegan a la península desde África, cómo piensan, cuáles son sus sueños y cuáles esas esperanzas que, desde Marruecos, han depositado en ellos. Sin pelos en la lengua, Cabrera reconoce que existe una red que facilita la llegada de estos menores a Bizkaia, al resto de Euskadi y a otras comunidades, como Andalucía, lo que ha provocado una masificación en los centros forales.

Un marco legal que protege a los menores, pero que los hace vulnerables. ¿No es una contradicción?

- Sí, pero la realidad es así.

¿Por qué?

- El actual servicio de protección a menores, en régimen abierto, no garantiza la seguridad del menor. Algunos de ellos, ya en territorio europeo, acaban en manos de las mafias o de familiares. El actual marco legal no se adapta a la realidad y no podemos retener a los menores, por eso tenemos que caminar hacia una agencia europea de protección de la infancia. De hecho, me consta que ahora muchos se están trasladando a centros de Asturias. Estoy seguro de que después del incendio de Amorebieta muchos se han ido para buscar un lugar donde estar más cómodos.

Los centros de Bizkaia están saturados.

- No solo los del País Vasco. Si en Euskadi se ha triplicado la llegada de menores no acompañados, en Andalucía se ha cuadruplicado.

José Carlos denuncia la existencia de mafias. ¿Cómo lo sabe?

- Porque son los propios jóvenes los que lo dicen. En el día a día tratas con muchos menores inmigrantes que me cuentan cómo han conseguido alcanzar las costas de la península.

¿Qué cuentan?

- De dónde vienen y cuánto les ha costado llegar.

¿De dónde proceden?

- De cinco zonas de Marruecos. En los últimos años, los que llegan al País Vasco, a los centros de Bizkaia, son procedentes de Tindid, capital de provincia. Otros, también llegan de Mouley Bousselham, en la provincia de Kenita, que eligen Barcelona. Y luego hay otro grupo que procede de la periferia de Tánger y otra de la zona adyacente de la ciudad de Ceuta.

¿Y cómo consiguen salir de su país y llegar a Euskadi?

- Nosotros deducimos que existe una mafia porque un chaval que no conoce el país, en tan solo 24 horas, consigue plantarse en el País Vasco o en Andalucía. Nosotros sabemos tanto a través de la Ertzaintza como de los servicios sociales de vuestra comunidad que los menores llegan en un día desde África. ¿Cómo lo hacen tan rápido? Si estos menores son capaces de hacer eso es porque detrás hay una estructura que facilita ese tránsito de un país a otro.

¿Cómo llegan?

- De diferentes maneras. Yo no sé a ciencia cierta cómo llegan a Euskadi, pero sé cómo llegan a Andalucía y cuánto pagan.

Cuente.

- El precio que pagan es diferente dependiendo de cómo vengan. Por ejemplo, los menores de Mouley Bousselham llegan en pateras de madera y suelen pagar entre 1.200 y 1.800 euros. También los jóvenes procedentes de Tindid llegan de esa manera. Es un medio bastante fiable dentro de los que hay. Y este año también se ha puesto de moda otro método peligroso y que se ha cobrado la vida de algunos jóvenes.

¿Cuál?

- Las motos de agua.

¿Motos de agua?

- Sí. De hecho, en el último año se ha duplicado el número de entradas de inmigrantes a bordo de motos de agua. Son muchos los jóvenes menores que pagan hasta 5.000 euros para poder entrar en la península de esa manera. De hecho muchos jóvenes que están en el País Vasco han llegado a bordo de ese transporte.

En patera de madera, 1.800 euros;en moto de agua, 5.000. ¿Cómo pueden costearse esas cantidades?

- El actual sistema de protección de la infancia es un poco cómplice de esta realidad. Los jóvenes menores son acogidos en nuestros centros hasta que cumplen los 18 años y muchas familias deciden venderlo todo para, con ese dinero, enviar a sus hijos a lugares donde puedan iniciar un proyecto migratorio con alto índice de éxito.

Y es ahí donde entran en juego las mafias.

- Así es. Esas mafias son las que ofertan esos viajes para determinados perfiles de menores.

El incendio en el centro de menores de Amorebieta ha vuelto a destapar la realidad de este colectivo.

- Eso es cíclico. El problema que este tipo de situaciones lo que hacen no es otra cosa que endemoniar a este colectivo. Mi experiencia con esos jóvenes es muy positiva, la gran mayoría son estupendos chavales, que llegan con ganas de labrarse un futuro, de trabajar. El problema es que hay una mínima parte, menores que proceden de familias desestructuradas, que han vivido en la periferia los que son más conflictivos. Eso son los que protagonizan esos capítulos que saltan a las noticias, como el incendio del centro de menores en Amorebieta, pero que no deja de ser uno más de los que han pasado en los últimos quince años.

¿Los centros de menores están preparados para tratar a ese colectivo?

- No (rotundo). La herramientas con la que trabajamos están obsoletas son de los años 80 y no responden al nuevo perfil de los jóvenes, que ha cambiado. Hay herramientas que hacen complicado la integración de estos menores.

¿Cómo se puede poner solución?

- Planteando un cambio de legislación que se adapte a la actual realidad, afinando recursos y aportando profesionales especializados que trabajen en su inclusión.

Hay mucho por hacer, ¿no?

- Mucho. Mientras que los servicios de protección de menores inmigrantes no acompañados lo enfoquemos como un servicio de almacenamiento es probable que estos jóvenes no se terminen de integrar. No somos capaces de darles las herramientas que necesitan para hacerlo. Con recursos de los años 80 está claro que no lo estamos haciendo bien;la saturación de los centros no lo beneficia.

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