Catalanes musulmanes: en tierra de nadie
El colectivo puede sentirse marginado porque es rechazado en su tierra y en la patria de sus padres
El Periodico, , 03-11-2017Ramia Chaoui (Barcelona, 1992) y Zacarías Driouech (Barcelona, 1999) se hartaron un día de ir explicando a la gente, de uno en uno, qué son los musulmanes y de rebatir con argumentos los prejuicios que acechan al colectivo. Y con esta idea se convirtieron en ‘youtubers’. Y en eso andan. Ambos tienen los canales Ramia’s Channel y La Familia TV con numerosos seguidores; el vídeo con menos éxito tiene más de 30.000 visualizaciones. Hablan de sus experiencias personales (boda, vacaciones, relaciones con sus amigos, la vida en Marruecos…) y todo para hacer trizas discriminaciones ya muy asentadas.
Los dos jóvenes forman parte de una generación que ya ha nacido en Catalunya. Son musulmanes catalanes. "Ya hay muchos como nosotros", explica Ramia. Pese a que el número de personas es creciente, el apoyo y la comprensión hacia el colectivo no siempre va en la misma proporción. Ellos son, con permiso del desaparecido escritor Paco Candel, los otros catalanes, pero con la diferencia de que sus familias para asentarse tuvieron que cruzar más de una frontera.
Zacarías alerta a la sociedad para que cambie el chip porque “ahora los catalanes son un colectivo muy diverso. No todos son blancos, católicos… Hay gente que vemos por la calle y la identificamos como de fuera y, sin embargo, nos equivocamos porque ha nacido aquí”, sentencia. Ramia y Zacarías comentan que un adolescente que no tiene clara su identidad y no sabe muy bien de dónde es, es “porque aquí no le aceptan y en la patria de sus padres, tampoco”, dicen. Y eso se traduce en una gran impotencia. Son chavales en tierra de nadie. Y se sienten desprotegidos en Catalunya, su lugar de nacimiento, frente a comportamientos discriminatorios.
“Somos de aquí y pese a ello la gente se deja guiar por la imagen que proyectamos. Por la fachada”, afirman. La imagen pesa enormemente en el día a día. SOS Racisme explica la sensación que experimentó una víctima del delito de odio: “A los ojos de los demás el pañuelo me convierte en extranjera”, relató.
Ramia lleva ‘hiyab’ (pañuelo) y en las entrevistas de trabajo lo primero que le preguntan es si se lo va a quitar. “En lugar de interesarse por mi formación”, cuenta. Y narra su experiencia: “Me pidieron que me quitara la hiyab y como no quise me echaron”. A veces, sin embargo, no queda otra alternativa porque necesitas el empleo. Ramia considera que los departamentos de recursos humanos deben reflexionar y cambiar el chip “porque están muy condicionados”.
Zacarías pese a haber nacido y estudiado en Barcelona es precavido y temeroso a la hora de integrarse con otros jóvenes. "Lo primero que me viene a la cabeza es qué van a pensar de mi y me retraigo. Si en el grupo no conoces a nadie te cuesta entrar”, aclara. Por eso reconoce que, a veces, no queda más remedio que tener una relación endogámica. La experiencia ha permitido a este ‘youtuber’ asumir que su identidad es diversa.
Zacarías y Ramia han vivido situaciones nada ejemplarizantes. Una de las últimas la vivió el joven cuando quiso entrar a comprar a un supermercado con la mochila de ir a clase. “Enseguida salió el guardia de seguridad para preguntarme por la mochila. Me impidieron entrar en el supermercado, no me dejaron comprar. Las mochillas dan miedo, producen inseguridad”, dice. Es el estigma, el mismo que atribuye al hombre musulmán “la etiqueta de machista y a la mujer la de analfabeta y sumisa”, relata Ramia.
Ella se casó por amor, explica para evitar la tentación de que alguien tache a su familia de tradicional y piense que pactó la boda. Ramia explica uno de los últimos conflictos que ha sufrido. En la cola del supermercado un grupo de clientes empezó a despotricar en voz alta contra ella. Era en un tono de esos que no te da pie a intervenir, pero lo suficientemente alto para que lo oigan todos los demás. Humillante. Uno de los clientes le echó un cable. “Es muy importante el apoyo solidario de la gente. No hace falta que se enfrente con el agresor, tan solo hablar con la víctima y hacer que sienta que la estás acompañando”, dice.
Solo “uniendo fuerzas combatiremos la islamofobia”, sentencian los jóvenes. Mercè Amor, una de las responsables de la asociación intercultural Diàlegs de Dona, en el Raval, resalta el rechazo a los diferentes. Amor critica que la Administración no tienda puentes entre las dos realidades: los vecinos de toda la vida y los recién llegados. “En el barrio se han producido grandes cambios que son difíciles de asumir por los antiguos residentes. No se han tendido puentes para acercar las dos culturas y no se han creado espacios comunes”, señala. Y el resultado es un rechazo de unos y otros y que los que vienen de fuera se sientan excluidos y se replieguen en guetos.
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