Italia estalla contra los ultras de la Lazio que se mofaron de Anna Frank
Algunos hinchas radicales empapelan la curva del estadio con pegatinas de la niña asesinada por el nazismo con la camiseta del Roma, el equipo rival
El País, , 24-10-2017Unas pegatinas de Anna Frank con la camiseta de la AS Roma, insultos antisemitas en los asientos del fondo sur del Olímpico y unas risas a costa del rival. En la miserable rutina dominical del mundo ultra, el asunto podría haber terminado como otra anécdota de la jornada. Nada nuevo en una rivalidad desquiciada durante años por los delincuentes que todavía campan por las gradas del fútbol italiano. Pero no son solo ellos. Unas veces el niño imita a un simio cuando un jugador negro toca el balón y el padre le ríe la gracia. Otras la broma consiste en lanzar plátanos o gritarle “judío” a un seguidor rival. Esta vez, en cambio, Italia no ha mirado hacia otro lado y la ocurrencia de los radicales de la Lazio ha despertado la ira de todo el país. Desde el presidente de la República, Sergio Mattarella, hasta Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo. En la jornada que comenzó ayer se leyó en todos los estadios de Italia un pasaje del famoso Diario.
El pasado domingo, durante el Lazio – Cagliari, algunos Irreductibles, como se hacen llamar los hooligans del equipo, inundaron la curva sur del Estadio Olímpico —que comparten con la AS Roma— con pegatinas fabricadas ad hoc con la cara de Anna Frank y la camiseta de su odiado rival. “Anna Frank anima a la Roma”, rezaba el invento. La comunidad judía protestó, las redes ardieron y la Federación de Fútbol italiana (FIGC) abrió ayer una investigación que podría costarle muy caro a la Lazio por su reincidencia. Aunque su presidente fuera ayer a llevar flores a la sinagoga de Roma y anunciase que cada año se ocuparán del viaje de unos 200 tifosi a Auschwitz para que conozcan de primera mano aquel horror.
Llovía sobre mojado. Los ultras ni siquiera deberían haber estado en la curva que durante los partidos de la Lazio permanece siempre cerrada y donde se colocan normalmente los seguidores de la Roma cuando juega su equipo los fines de semana alternos. Un juez deportivo había decretado dos semanas antes el cierre del fondo norte por los cánticos racistas proferidos durante el partido contra Sassuolo contra Adjapong y Duncan, dos jugadores negros. Pero la Lazio, en un descomunal alarde de torpeza, decidió abrir la Curva Sur y vender a un euro las entradas durante los dos encuentros de sanción: el lema de la campaña era “Combatamos el racismo”. Solo consiguieron trasladar de fondo a los hooligans —que ayer en un comunicado dijeron que no se arrepentían de los que habían hecho al tratarse solo de una burla— y estimularles para dejar la casa de su rival empapelada con las famosas pegatinas.
La imagen de la niña, muerta en un campo de exterminio nazi en 1945, con la camiseta romanista incendió las redes. Los principales periódicos del país lo llevaron a la primera página con duros editoriales. La Repubblica publicó un artículo de su director, Mario Calabresi, y la misma pegatina repetida una decena de veces con las camisetas de varios equipos de la Serie A bajo el lema: “Anna Frank somos todos”. La polémica se filtró por primera vez a la política y el presidente de la República, Sergio Mattarella, lo definió como “un acto inhumano” y “una alarma para el país”. Nadie quiso dejar de opinar sobre el tema.
La alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, la presidenta de la comunidad judía de Roma, Ruth Dureghello, o el presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, lo condenaron sin fisuras. Y Matteo Renzi, secretario general del PD y ex primer ministro, sugirió a los equipos de la Serie A que jueguen el próximo domingo con una Estrella de David en el pecho para protestar contra un problema que, en realidad, no es ni mucho menos exclusivo de la Lazio. De hecho, insultos y pegatinas parecidas se ven cada semana en las gradas de su rival y en las de tantos otros equipos italianos.
Pero la Lazio, uno de los clubes con mayor historial de sanciones por racismo —el saludo fascista en 2008 de su entonces capitán, Paolo di Canio, dio la vuelta al mundo— pagará esta vez el pato. Su presidente, Claudio Lotito, intentó apagar el fuego anunciando en la Sinagoga de Roma que jugarían con la foto de la joven asesinada por el nazismo en la camiseta durante el próximo partido.
Su director de comunicación se esforzaba ayer en desmarcar al club de los energúmenos de la curva. “Hemos condenado inmediatamente este episodio que, lamentablemente, se creó a partir de una iniciativa contra el racismo. La Lazio es el único club que llevaba una línea de extrema intolerancia con el racismo. El presidente está pagando un precio muy elevado por ello, con amenazas de muerte que le obligan a llevar escolta. Pero hace años que no hay incidentes físicos en la curva de la Lazio, banderas ofensivas o cánticos truculentos. Lamentablemente, hay que continuar con una acción educativa”, explica a este periódico.
La tolerancia cero contra el racismo y la violencia, que empieza a dar frutos en otras ligas europeas, llega con retraso a Italia. El problema, a menudo vinculado a grupos criminales, no es solo de los hinchas de la Lazio ni se circunscribe únicamente a la cuestión a los insultos racistas. En algunos estadios, como el de la Juventus, la deriva es todavía más grave y se han demostrado infiltraciones de la ’Ndrangheta en las gradas con el conocimiento del club. La política y las consignas de ultraderecha son solo la fachada del negocio de la extorsión y la reventa de entradas. Andrea Agnelli, presidente de la institución, y otros tres dirigentes del club han sido suspendidos durante un año por permitir que se vendiesen entradas por encima del cupo establecido a hinchas radicales. La investigación, además, reveló las conexiones de esos hinchas con una de las divisiones de la mafia calabresa en el norte de Italia.
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