DEL DIRECTOR

Lecciones de las urnas alemanas

Canarias 7, Francisco Suárez Álamo, 26-09-2017

Ahora ya sabemos que el populismo no es algo exclusivo del sur de Europa. Y mucho menos de España. También en Alemania cuecen habas, aunque allí con un signo ideológico bien diferente a lo que en nuestro país se identifica como populismo. Me refiero a la entrada de la ultraderecha en el poderoso Parlamento alemán, y con nada menos que 94 escaños.

La victoria de Angela Merkel estaba cantada, como también la derrota de los socialistas. La incógnita era por cuánto ganaría la canciller y el grado de descalabrado del SPD, al que no salvó ni fichar a Martin Schulz como candidato. Y esas dos incógnitas quedaron resueltas pero empequeñecidas ante el ascenso de ese voto que debilita a Merkel y que, según los analistas, tiene su base en el malestar por cómo se ha gestionado la crisis de los inmigrantes . Estamos hablando no lo olvidemos de un país cuya economía tira en gran medida del Viejo Continente, con lo que habría que preguntarse cuál pudiera ser el resultado si, además, estuviese en recesión.

El discurso parco y los gestos de Merkel denotaban la noche electoral su decepción. Esperaba más para los suyos y menos para esa derecha ultramontana que no esconde sus malas maneras y sus ganas de hacerse notar. Lo demostraron en campaña y lo reiteraron ante las cámaras cuando todo el mundo estaba pendiente de ellos, con un discurso y unos modos que parecían más propios de taberna que de atril de candidato a canciller. Pero así es la democracia y con este ganado habrá que pastorear. Que se lo digan a Merkel, que esa misma noche vio cómo se diluía la gran coalición con los socialistas y quedaba obligada a negociar con liberales y probablemente a contar también con Los Verdes.

En cuanto al SPD, ojalá aprendamos un poco del gesto de Schulz: compareció en tiempo y forma, admitió el mal resultado sin edulcorarlo un solo gramo, avanzó que seguiría en el cargo pues alguien tiene que apechugar con lo ocurrido y subrayó que si los electores los castigan, su lugar es la oposición. Prácticamente lo contrario de lo vivido en este país en un tiempo no tan lejano.

Finalmente, en cuanto a lo del populismo de ultraderecha, su irrupción confirma que el malestar no es patrimonio de nadie y que se trata de un caldo de cultivo que aprovechan los que ocupan el hueco de los partidos tradicionales. Esos que, como el de Merkel, llevan muchos años dirigiendo Europa y han olvidado que primero se empieza por su propio país.

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