IÑAKI BLÁZQUEZ E INÉS DUNIS ESTUDIANTES DE CRIMINOLOGÍA EN LA UPV/EHU

“Se cree que hay más violencia de género en población extranjera y hemos constatado que no es así

El estudio de Inés Dunis (55 años, Errenteria) e Iñaki Blázquez (21 años, Zarautz) desmonta algunos tópicos sobre la violencia de género y los delitos de carácter sexual

Diario de noticias de Gipuzkoa, , 18-09-2017

ALTRATO

El estudio. Los estudiantes de Criminología Inés Dunis (Errenteria) e Iñaki Blázquez (Zarautz) han realizado el estudio El sistema de atención y protección de las víctimas de violencia de Género de la Policía Foral con el objetivo de determinar cuál es el perfil del hombre agresor en la Comunidad Foral.

CASOS ANALIZADOS

328

La Policía Foral instruyó el año pasado 328 atestados sobre violencia de género.

Controlador. Domina a su víctima mediante la intimidación física, la degradación y la cosificación. Suele actuar en el ámbito privado y, sobre todo, usa la violencia psíquica, seguida de la física.

Convive con él. El estudio concluye que es una mujer de nacionalidad española, con una edad de entre 18 y 39 años, que reside en la zona de Pamplona y convive con su maltratador, aunque no depende económicamente de él.

Primera relación. Generalmente es su primera relación con una pareja maltratadora y no suele denunciarle más de una vez, pero cuando lo hace solicita orden de alejamiento.

AGRESIONES SEXUALES

Agresor conocido. El estudio de Dunis y Blázquez también traza el perfil de los autores de delitos de índole sexual en Navarra y de sus víctimas.

CASOS ANALIZADOS

49

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La Policía Foral tuvo conocimiento de 49 delitos contra la libertad sexual de las mujeres.

Conocido. El agresor sexual es un hombre de nacionalidad española con una edad comprendida entre los 30 y 49 años, que normalmente actúa durante los fines de semana, sobre todo los sábados y que no cuenta con antecedentes penales. En siete de cada diez casos el agresor era conocido de la víctima.

PAMPLONA -Descubrir el perfil, tanto de la mujer agredida en Navarra como el del hombre agresor era uno de los objetivos que se fijaron la errenteriarra Inés Dunis Aldave y el zarauztarra Iñaki Blázquez Igartua al confeccionar el estudio El sistema de atención y protección de las víctimas de violencia de Género de la Policía Foral, que también analiza los delitos contra la libertad sexual.

¿La realidad que concluye su estudio coincide o no con las ideas preconcebidas que se tienen sobre la violencia de género y sobre los delitos contra la libertad sexual?

-Nos llevamos una pequeña sorpresa, porque ciertamente nuestras conclusiones no coinciden con la percepción social que hay respecto a los dos tipos de delitos que mencionas. Lo podemos ver en los delitos contra la libertad sexual, ya que en la creencia popular el peligro viene de una persona desconocida en un momento y lugares concretos, como puede ser un lugar despoblado, oscuro y poco transitado y, sin embargo, en nuestro estudio hemos comprobado que el peligro está en el propio hogar y por parte de un familiar. En la violencia de género, una de las ideas más populares es que hay más casos en población extranjera que en población española. Y en números absolutos, hemos podido constatar que no es así. Si hablamos en números relativos tampoco hay diferencias.

¿Cuáles son las diferencias principales entre sus conclusiones y las ideas preconcebidas? ¿Y las principales similitudes?

-Antes de contestar, queremos dejar claro que este estudio está hecho a partir de datos obtenidos de las denuncias reales que se realizaron en la Policía Foral de Navarra a lo largo de 2016. Con esto queremos decir que los resultados van a diferir a la fuerza, de otros resultados obtenidos a partir de otros tipos de muestra. También es importante recalcar que el delito de malos tratos es una conducta que se da a lo largo del tiempo pero en lo que respecta a este estudio, solamente se ha tenido en cuenta el hecho concreto que motivó la denuncia. Es decir, que en una pareja puede haber habido varios episodios de distinta gravedad a lo largo de los meses o años, pero al no estar registrado, solamente podemos tener en cuenta el momento en que se denunció. Otra de las grandes diferencias puede ser el momento del año en que más casos se dan cualquiera de los dos delitos. En nuestro estudio, pudimos ver que el mes de julio no es un mes en que más casos de violencia sexual se denunciaron, algo que en un primer momento nos llamó la atención. Sin embargo, cuando valoramos todos los factores nos dimos cuenta de algunos detalles, como por ejemplo, que si bien las fiestas de San Fermín en Pamplona son las protagonistas de este tipo de delito, no lo son más que otras fiestas patronales, pero sí son las que más atención periodística tienen, por lo que esas denuncias son conocidas por la opinión pública mientras que los casos ocurridos en otras localidades no se conocen.

¿Y las principales similitudes?

-Sobre las similitudes entre nuestros resultados y las ideas preconcebidas, podríamos señalar la edad de los agresores, tanto en violencia de género como en delitos contra la libertad sexual, que está en una franja de edad entre 30 y 49 años. O que los agresores de violencia de género tienen antecedentes policiales tanto por estos tipos de delitos como por otros.

Concluyen que las estrategias de las que se vale un maltratador para controlar y dominar a su víctima son la intimidación psíquica y física, y la degradación seguida de la cosificación. ¿En qué consisten estos comportamientos?

-La intimidación consiste en causar miedo. Se puede intimidar tanto de forma psicológica, como física y las formas más corrientes de llevarla a cabo es amenazando, por ejemplo con separar a la mujer de sus hijos e hijas, con echarle de casa, con que el agresor se va a suicidar, etc. También se intimida con gestos, miradas, tonos de voz, gritando, rompiendo objetos, creando desorden, atacando a las mascotas, agrediendo sexualmente, conduciendo de manera temeraria… La degradación consiste en rebajar el valor de la persona, en tratar a la mujer como si fuera inferior o estúpida, insultándole, reduciendo su autoestima haciendo comentarios mordaces sobre su aspecto, gustos, deseos y sueños. El agresor, para degradar a la mujer, le humilla públicamente, sabotea sus éxitos, seduce a otras mujeres en su presencia… Y por último, cosificar a la mujer es convertirla en objeto, en tratarla como si no tuviera necesidades, ni deseos, ni opciones de elección. Lo consigue ignorando todo lo que diga o haga, le niega sus necesidades básicas como el alimento, el sueño, el aseo o la salud. Le obliga a practicar sexo de maneras y en momentos o lugares no deseados, le dice cómo tiene que ir vestida, le da órdenes continuamente, le controla hasta lo más mínimo, etc.

El estudio concluye que la víctima suele convivir con su agresor. ¿Estamos ante matrimonios, parejas de hecho…?

-El estado civil de los agresores y sus víctimas no se tuvieron en cuenta cuando hicimos el estudio. Sí se tuvo en cuenta cuál era el tipo de relación por una parte, es decir, si eran pareja o si ya habían cortado su relación, y cuántas de las parejas convivían o no en el momento de la agresión que generó la denuncia. Lo que se quería saber era en qué contexto se producen los malos tratos, si es dentro de una pareja o cuando la relación ya se había extinguido y también nos parece muy interesante saber si el agresor tiene su conducta violenta dentro de la convivencia o por el contrario se comete esta acción en parejas que viven por separado. – J.M.S.

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