El 17-A en las escuelas
La Vanguardia, , 04-09-2017El martes 12 de septiembre se abre el curso 2017 – 2018 en todos los colegios e institutos de Catalunya con el recuerdo todavía muy reciente de los atentados en la Rambla de Barcelona y en Cambrils del pasado 17 de agosto.
El trauma social que produce un acontecimiento tan cruel y trágico afecta de una manera muy particular a los más jóvenes, razón por la cual es necesario tomar medidas que los expertos sintetizan en tres direcciones: el miedo, el odio y la detección de radicalización islamista. La consellera d’Ensenyament se refirió a esta cuestión la pasada semana y anunció la revisión de un protocolo que, de acuerdo con los Mossos y su departamento, se puso en marcha hace un año.
La primera cuestión es cómo abordar, desde la escuela, los efectos traumáticos que pueden haber causado aquellos atentados en los niños. Para desactivar el miedo, especialmente entre los más pequeños, los expertos señalan que es necesario que los maestros estén preparados para responder los interrogantes con el máximo de información –de acuerdo, por supuesto, con las diversas edades– y con un espacio para la reflexión colectiva donde los alumnos puedan expresar sus sentimientos con la máxima libertad. Esta última fase es fundamental para que el alumno pueda superar sus temores y se sienta más seguro y protegido.
Un segundo paso es detectar y desactivar las expresiones de odio que pueden aparecer en forma de prejuicios cuando los alumnos, especialmente a partir de la preadolescencia, confunden el enemigo por razones familiares o sociales. La deconstrucción de los prejuicios religiosos, culturales y sociales en una u otra dirección supremacista y el fomento de la igualdad y la diversidad es una labor en la que la escuela ejerce un papel esencial. Porque es la institución que, como dijo la consellera Ponsatí, se encuentra en primera línea y tiene un papel esencial en la integración y cohesión social.
La tercera cuestión es la detección de posibles casos de radicalización, también en la escuela. Desgraciadamente, la dramática experiencia de Ripoll ha demostrado hasta qué punto ha llegado el adoctrinamiento yihadista que en la mayoría de los casos se produce mediante una relación directa, como ilustra lo ocurrido en la capital del Ripollès. La implicación, realizada además con discreción hasta el punto de no haber sido detectada por los educadores sociales o por sus familias –como reconocieron de forma muy emotiva unos y otros–, de gente muy joven, integrada, educada, hasta cierto punto poco religiosa y en algunos casos con trabajos estables indica que las antenas para la detección del fenómeno deben multiplicarse y, por tanto, debe implicarse también a la escuela.
El protocolo puesto en marcha hace un año por Ensenyament contempla tanto la desactivación de prejuicios, la protección de alumnos musulmanes y, por supuesto, la detección del radicalismo yihadista. No se trata en este último caso de convertir al maestro en un detective, sino de que tenga las herramientas y los conocimientos precisos para detectar cuándo y cómo puede un alumno estar siendo víctima de un adoctrinamiento sectario y violento.
Es evidente que en todo este proceso escolar, como en todas las otras vertientes docentes, la colaboración de las familias es fundamental. También, por supuesto, las de los alumnos musulmanes. La sociedad se enfrenta a una cuestión muy compleja frente a la que es necesario actuar con rigor para proteger a los más jóvenes con información real y apropiada, para desactivar los prejuicios y para detectar cualquier desviación doctrinaria.
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