La ocupación rellena el museo que nació vacío en Palestina

Una exposición sobre Jerusalén estrena las salas de un centro de arte inaugurado hace 15 meses

El País, Juan Carlos Sanz, 27-08-2017

Sobre una colina de jardines bíblicos aterrazados, era el más espléndido contenedor cultural de Cisjordania. Pero estaba vacío. Nació oficialmente en mayo del año pasado, inaugurado apresuradamente por el veterano presidente Mahmud Abbas. Pero sus salas seguían desprovistas de obras de arte tras dos décadas de proyectos y un desembolso de 22 millones de euros. El Museo de Palestina, surgido de las aportaciones de la sociedad civil, ha permanecido con su programación en barbecho desde entonces. Hasta que ayer abrió sus puertas al público con la exposición “¡Jerusalén vive!”, una muestra más política que artística, un cariz insoslayable para un pueblo que suele echar la culpa de casi todos sus males a la ocupación israelí.

“¡Ramala, Ramala, Ramala!”. “¡Qalandia, Qalandia, Qalandia!”. Una inquietante megafonía recibe al visitante y le traslada al caos que vocea los taxis colectivos ante la puerta de Damasco de Jerusalén, atrio del barrio musulmán del recinto amurallado, corazón de la parte oriental de la Ciudad Santa ocupada y anexionada por Israel tras la guerra de 1967. En realidad trata de los alrededores del elegante campus de Birzeit, la universidad de élite palestina, una loma desde donde se divisa la aglomeración de Ramala, sede de la Autoridad Palestina. El cosmopolita ambiente de la presentación a la prensa, en la víspera del estreno de la muestra, se asemejaba al de cualquier museo occidental. Solo unas pocas funcionarias y periodistas cubrían su cabeza con el hijab, el pañuelo islámico.

Con la melena al aire, Reem Fadda, la comisaria de “¡Jerusalén vive!”, ha estado nueve meses trabajando en la preparación de la muestra con la que se estrena el Museo Palestino. “Las autoridades israelíes no ha me han permitido viajar ni una sola vez a Jerusalén (25 kilómetros al sur de Birzeit) para documentarme sobre el trabajo”, explicaba el sábado por la tarde ante la prensa. Falda ha sido directora adjunta sobre Oriente Próximo en el Guggenheim de Abu Dahbi, y ha comisariado la Bienal de Marraquech de 2016 y el pabellón de Emiratos Árabes Unidos en la Bienal de Venecia de 2012. “Jerusalén fue la primera ciudad global de la historia”, trata de exponer el eje centra de la exposición que ha diseñado. “Ahora Intentamos promover el debate sobre la resistencia cultural a las políticas hegemónicas de Israel”, elabora su tesis.

¿Y la exposición? Evocaciones de Chagall en torno a la Cúpula de la Roca. algún guiño abstracto… Por su puesto, obra de la multifacética Mona Hatoum, nacida en una familia de la diáspora que huyó desde Haifa a Beirut y ahora asentada en Londres. También aportaciones de medio centenar de artistas palestinos y árabes, y de europeos, latinoamericanos y asiáticos. Y, sobre todo, cuadros, fotografías, vídeoinstalaciones con imágenes de soldados en un puesto de control, de civiles arrestados, de los anillos de asentamientos de colonos israelíes que rodean la Ciudad Santa. De escenas de la vida cotidiana, en fin, en las calles de Jerusalén que muchos palestinos apenas conocen, una ciudad a la que tal vez se acerquen muchos por primera vez a través de esta muestra.

Hay simbologías evidente —brazos articulados de palas excavadoras como las que derriban algunas edificaciones de Jerusalén Este— y otras más sutiles —como el mosaico de pastillas de jabón de aceite de oliva cisjordano—. “Todo es político en esta tierra”, reflexiona en voz alta durante el cóctel inaugural de la muestra Mahmud Hawari, director del Museo de Palestina, nacido en Galilea hace 62 años, formado en Oxford y excomisario de exposiciones del Museo Británico. “El día en que estas salas solo muestren artes serán porque ya habrá terminado la ocupación”.

“¡Jerusalén vive!” permanecerá abierta hasta el próximo día 15 de diciembre en el Museo de Palestina en BirzeitBirzeit, en el territorio de Cisjordania. La entrada es libre.

 

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