ENTREVISTA
“La hegemonía alemana llevaría al desastre”
Hans Kundnani, politólogo y experto en Alemania
La Vanguardia, , 11-07-2017La voz crítica de Hans Kundnani ha logrado tener un prestigio en el debate sobre las relaciones exteriores de Alemania. Es investigador en el Fondo German Marshall de EE.UU. y en la Transatlantic Academy de Washington. Ha publicado La paradoja del poder alemán (Galaxia Gutenberg, 2016). La semana pasada estuvo en el Palau Macaya de Barcelona de la mano de Obra Social La Caixa.
Su tesis es que Alemania es un poder semihegemónico en Europa. ¿Qué quiere decir?
Desde que empezó la crisis del euro ha habido un gran debate sobre el papel de Alemania en Europa. Mucha gente dice que es el poder hegemónico; otros que es hegemónico pero reluctante, es decir, que una especie de bloqueo mental se lo impide. Hemos tenido este debate dos veces antes de 1945 y fue catastrófico. Para mí, la lección de la historia es que Alemania no puede ser un poder hegemónico en Europa.
¿Por qué no?
La pregunta clásica alemana entre 1871 y 1945 era si Alemania era demasiado poderosa para el equilibrio de poderes que aseguraba la paz en Europa. En los cincuenta el historiador Ludwig Dehio describió a Alemania como semihegemónico: no es suficientemente grande como para ser hegemónico, pero lo es demasiado para el equilibrio. Intento explicar que hemos vuelto a esta situación y llevaría a un desastre que empujáramos a Alemania a liderar.
En el sur tenemos la imagen de que es la que dicta las normas.
No os equivocáis, pero si fuera suficientemente grande, haría otras cosas para las que no está preparada.
¿Por ejemplo?
Iría mucho más lejos en el reparto de la deuda de la eurozona o toleraría una inflación más alta o aceptaría transferencias fiscales en una mayor escala. Solucionaría la crisis del euro, pero se resiste. Yo digo que no sólo se resiste porque no entiende de economía, como piensan muchos economistas anglosajones, sino porque no puede. Alemania tiene el 21% del PIB de la Eurozona, es el mayor, pero Francia e Italia juntas suman más. Alemania puede intentar dictar las normas, pero no puede hacer que se cumplan.
¿La crisis de los refugiados ha acentuado esta situación?
La ha puesto en evidencia. Países muy pequeños como Eslovaquia o Hungría, que dependen de la cadena industrial alemana, son los que dicen “no vamos a aceptar ni a 200 solicitantes de asilo”. Si Alemania, con todo su poder económico, no les puede persuadir, ¿cómo podemos ni imaginar que puede ser el poder hegemónico en Europa?
¿El descontento de los alemanes con los altos números de refugiados hace peligrar la victoria de Merkel en septiembre?
No en esta elección. Ahora es sólo una cuestión de qué tipo de coalición se va a formar. En política alemana la crisis siria se ha solucionado y no es un problema. A largo o medio plazo, sin embargo, sí que lo será. Ya vemos que la esperanza de que los refugiados podrían encontrar trabajo no está funcionando de la manera en que la gente esperaba.
¿Alemania tiene un problema de arrogancia?
Lo intento formular de otra manera: hay una especie de triunfalismo. Este era el estado de ánimo tras la unificación en 1871. Es como una misión de civilización, como el famoso poema que dice “la esencia de la nación alemana será un día la salvación del mundo”. Ya lo repitió hace poco el secretario general de la CDU, Volker Kauder: “Ahora Europa está hablando alemán”.
Con un superávit comercial a expensas de otros países…
Esta es exactamente la cuestión. Un poder hegemónico no tiene un superávit comercial. El Reino Unido en el siglo XIX o EE.UU. después de la II Guerra Mundial eran deficitarios. Estaban preparados para crear demanda en otros países para beneficiarlos. Lo que debería hacer Alemania es gastar comprando exportaciones de Italia o Grecia.
Dice que Alemania lidera porque nadie más está preparado. ¿Ni siquiera Emmanuel Macron?
Me hace ser optimista, pero su éxito depende de si los alemanes se dan cuenta de que es la última gran esperanza para la UE y de si están preparados para darle algo. Aquí es donde vuelvo a ser pesimista: en la campaña Martin Schulz ha dicho que no podemos seguir con este superávit o tenemos que dar más a Francia… Él será derrotado en septiembre y Merkel va a ganar con un mandato para decir no a Macron. Y en cinco años puede ganar Le Pen.
¿La política francesa depende de los alemanes?
De si se dan cuenta de que Macron es la última oportunidad y apartan sus principios. En los últimos siete años no se han dado cuenta de que si no daban algo a Samarás, Tsipras sería primer ministro en Grecia. En Italia, lo mismo con Renzi.
Con la llegada de Trump, ¿Merkel puede posicionarse como líder del mundo libre?
La elección de Trump es un desastre absoluto para Europa. No pone de repente a Merkel en esta posición de fuerza, al contrario: la debilita enormemente. Europa en general, pero sobre todo Alemania, son dependientes de EE.UU. en seguridad. Alemania ha gastado menos en defensa a sus expensas, y gracias a esto ha sido capaz de desarrollar una posición de fortaleza. En noviembre Francia fue la que se convirtió en poderosa: es el único país, sin contar con el Reino Unido, que tiene capacidades militares significantes, fuerza disuasiva nuclear y puede proveer seguridad a Europa de manera significativa.
¿Y económicamente?
La economía alemana depende del exterior casi en un 50%. Hasta la crisis del euro mucha de la demanda venía de países europeos. Entonces miró a China y la economía china se ralentizó. Estados Unidos estaba llenando este vacío hasta el proteccionismo de Donald Trump.
¿Es Macron entonces el líder del mundo libre?
Macron puede reivindicar más el puesto de líder mundial que Angela Merkel. Porque en la guerra fría significaba que EE.UU. estaba preparado para utilizar su enorme poder militar para proteger la democracia. Alemania no sólo no tiene estos recursos militares sino que depende de otros.
¿No puede reclamar ni el liderazgo global en asuntos morales como el cambio climático o la crisis de refugiados?
Cuestiono que tenga autoridad moral. No la tiene ni en Europa, donde nadie acepta la posición alemana en temas como los refugiados. Viktor Orbán habla de “imperialismo moral”. Es una locura.
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