la carta del día
Zoos y Cies
Diario de Noticias, , 05-06-2017a principios de los años noventa tuve ocasión de acudir al zoo de Barcelona y allí me encontré con el archifamoso Copito. Estaba en un amplio espacio junto con sus hembras y otros gorilas (gorila: “persona peluda”). Se les observaba a través de unos grandes vidrios de esos que tú ves pero no eres visto. Al principio el asombro ante la semejanza gestual te hace estar alegre pero cuando cualquiera de los primates se acercaba al cristal y podías apreciar a fondo su mirada, te inquietabas. Ellos parecían intuir que detrás de esa pared estábamos sus carceleros observándolos. Sus miradas, tanto la del propio Copito como las de sus congéneres, era investigadora, como la de cualquier animal ante lo desconocido y también, un tanto, inquisidora, sí, pero… sobre todo, era una mirada triste, muy triste. Solo los pequeños parecían más juguetones y felices. Desde entonces no he vuelto a pisar un zoo.
Los zoos quizás tuvieran su justificación hace 100 años pues en aquel entonces era una forma de dar a conocer a los europeos la realidad animal del planeta. Hoy con las imágenes y la facilidad de los viajes, dichas instalaciones carecen de justificación alguna. A mi entender debieran reconducirse en parques de reeducación para la vida natural y de acercamiento a otras culturas. ¡Naturalmente sin animales encerrados en su seno! Está demostrado que la mayoría, sobre todo los de tamaño medio o grande, acortan su vida a la mitad así les cuiden a las mil maravillas. Simplemente los tenemos allí encerrados para nuestro goce y disfrute, sin importarnos su posible tristeza y su muerte prematura. ¡Qué gratuita crueldad, qué falta de sensibilidad!
Los Cies, esos centros de internamiento para extranjeros indocumentados, son injustificables desde su nacimiento, no son otra cosa que cárceles especializadas en migrantes. Migraciones que son lógica consecuencia de la pobreza a que – nosotros los europeos – hemos sometido a la población mundial a base de un recalcitrante colonialismo explotador de sus recursos. (En los últimos 25 años los africanos han reducido sus rentas en más de un 25%).
Hora es que Europa – tras siglos de robo por todo el planeta (robos que atesora en empresas y museos) – revirtiera su política y devolviera al resto del mundo sus recursos, sus zoos y sus tesoros e invirtiera allí para crear trabajo y riqueza, evitando así que sus gentes hayan de huir del infierno al que se les sometió. No sería caridad, sería simple justicia.
¡Luchemos por cambiar las cosas y alegrémonos por la liberación de Assange!
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