Victoria y David rompen moldes
Dos universitarios gitanos se convierten en un modelo para otros chicos de su comunidad El joven matrimonio participa en charlas de motivación a través de la Fundación Secretariado Gitano para que otros niños sigan sus pasos y continúen los estudios
Diario Sur, , 22-05-2017Aseguran que no se sienten especiales con respecto al resto de sus compañeros en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga. Pero lo cierto es que Victoria Santiago (20 años) y David Doya (22 años), un joven matrimonio gitano que reside en la capital, rompen moldes adonde quiera que van. En la UMA, donde cursan segundo de Traducción e Interpretación y tercero de Filología Clásica, respectivamente, han conseguido acabar con muchos estereotipos demostrando a profesores y alumnos que los jóvenes gitanos también pueden estudiar una carrera universitaria si se lo proponen y que no todos los gitanos son como los pintan en los programas de televisión. Y en su comunidad, se han convertido en un ejemplo a seguir para el resto de jóvenes gitanos, que ven en ellos la mejor prueba de que estudiando pueden mejorar sus opciones de futuro. Y todo, preservando las tradiciones propias de su cultura. De hecho, acuden a colegios para motivar a otros niños de esta etnia de la mano de la Fundación Secretariado Gitano (FSG), donde Viky se ha convertido en la primera alumna de su programa Promociona en matricularse en una carrera.
Viky y David se conocen desde pequeños porque sus padres –que trabajan en la venta ambulante– habían coincidido en más de una ocasión. Pero de niños, ambos eran muy distintos. A David –que estudió Primaria en el colegio Pablo Ruiz Picasso– le gustaba la escuela. Sus padres le inculcaron desde muy pequeño la importancia de los estudios, aunque ellos solo habían llegado a conseguir el graduado escolar.
Viky, sin embargo, iba por obligación a clase en el colegio Lex Flavia. «No era consciente de que era importante para mí», señala. Y cuando llegó a la ESO dejó de ir. Fue entonces cuando conoció FSG derivada desde el instituto Cánovas por absentismo escolar. El refuerzo que recibió en la entidad, unido a que empezó a salir con David, «que le daba mucha importancia a los estudios», la animó a aplicarse con los libros. Pronto empezaron a llegar los resultados. «Veía que si me esforzaba un poco obtenía una recompensa», dice.
Después, fue ella quien tuvo que «tirar» de David. «Llegó un momento en el que me sentí muy perdido, pero al final Viky me convenció de que me cambiara a su instituto, allí empecé letras puras y me di cuenta de que me gustaban el latín y el griego, y conseguí acabar Bachillerato.
La educación se ha convertido en la clave para mejorar la calidad de vida y la inclusión real de la comunidad gitana, y es el pilar fundamental sobre el que trabaja la Fundación Secretariado Gitano (FSG) desde su sede en Málaga, donde se asentó hace más de quince años. La ONG atiende actualmente a cerca de 241 niños gitanos y a sus familias a través de los programas Promociona –financiado por el Fondo Social Europeo– y Caixa Proinfancia, procedentes sobre todo de las barriadas de Palma – Palmilla, Portada Alta y la Cruz Verde. Además, cuenta con otros planes de formación para el empleo de jóvenes gitanos, como Acceder, Incorpora de La Caixa o Aprender Trabajando, con los que atendió a casi 400 chicos en 2016.
Según explica su presidenta, Tamara Esteve, el reto ahora no es tanto luchar contra el absentismo escolar, puesto que se ha avanzado mucho en este aspecto en los últimos años, sino mejorar la probabilidad de éxito académico y reducir el fracaso y el abandono escolar. En este sentido, se están dando pasos firmes para aumentar el porcentaje de alumnos gitanos que consiguen el graduado en ESO. El curso pasado, un 79% de los alumnos de esta etnia de 4º de la ESO que participaron en el programa Promociona de FSG en Andalucía consiguieron graduarse. De ellos, nueve de cada diez decidieron continuar su formación más allá de la educación obligatoria, como han hecho David Doya y Viky Santiago, aunque sobre todo en Grado Medio. Actualmente, del programa Promociona solo otro alumno gitano más de FSG ha llegado a la Universidad y son los primeros en todos estos años de labor de la ONG. «Se ven resultados, hay cambios en la mentalidad de las familias que están implicadas en luchar por que sus hijos estudien, pero es necesario seguir trabajando con el entorno de los chicos, creando hábitos, con orientación individualizada; los casos de éxito de otros chicos son el mejor referente», añade Sonia Cortés, orientadora educativa de FSG, que cuenta con 700 socios en Málaga y que está a la búsqueda de nuevos donantes para financiar sus proyectos.
Ambos recuerdan con cariño sus graduaciones. «Mi madre no era muy consciente de lo que hacía hasta que me vio vestida para ese día y empezó a darse cuenta de que estaba haciendo algo bueno», dice Viky, quien señala que su familia, sobre todo su madre, ha tenido mucha paciencia con ella, a pesar de que está llevando su vida de una forma diferente a la habitual. «He estado cinco años pedida en matrimonio hasta que he terminado el Bachillerato, eso es un noviazgo muy largo en nuestra cultura; para mi madre ha sido romper con las costumbres, pero ella también está abriendo su mente y cada vez está más convencida con que siga adelante con la idea de estudiar», indica. Ahora, sus padres esperan que consigan un empleo mejor. «El suyo es un trabajo muy digno, pero quieren algo más para nosotros», explica. Hace un año, Viky y David se casaron y, por supuesto, fue una boda que siguió la tradición gitana.
También en casa
Esta pareja ha demostrado ser un equipo en todo y están más que compenetrados. Los dos comparten las tareas de la casa desde que se independizaron tras su boda hace un año, se animan el uno al otro para que ninguno tire la toalla en los estudios y comparten su visión de futuro. Ambos quieren terminar sus carreras, hacer el Máster en Profesorado y opositar para convertirse en docentes. «Somos iguales en todo, para estudiar y para la casa», dice ella, que ha trabajado como monitora en los campamentos de verano de la asociación.
Además, David compagina los libros con su trabajo como repartidor de un pizzería. «Allí también noto que mis compañeros han cambiado de forma de pensar sobre los gitanos al conocerme; quedan aún muchos prejuicios y se sorprenden al ver que somos normales», dice.
Unas expectativas de vida comunes en las que, por ahora, no caben los hijos, y ahí sí que son un caso diferente en la comunidad gitana. «La mayoría de nuestros amigos ya tienen niños; nos dejan como unos bichos raros, pero ya están acostumbrados», bromea Viky, quien no esconde que ha tenido que escuchar algún que otro comentario desafortunado de personas de su entorno sobre la forma de vida que han elegido. Pero se quedan con lo positivo. «Cuando vamos al culto –son evangélicos– somos ‘los que estudian’», afirma Viky, que además canta en la iglesia –quienes la conocen dicen que emociona con su voz cuando canta gospel– acompañada por David a la guitarra. «Para nosotros es un orgullo que nos llamen desde la fundación para dar charlas», señala el joven.
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