POESÍA URBANA
Rupi Kaur: "Me gustan los poemas que te disparan, que te cambian sin saberlo"
La Vanguardia, , 15-05-2017Como una joven estrella del rock, la poeta canadiense de origen indio Rupi Kaur está de gira mundial para dar a conocer su obra en directo y esta semana ha participado en el festival “Barcelona Poesía”, donde ha presentado “Otras maneras de usar la boca”, con más de un millón de ejemplares vendidos.
En una entrevista con Efe, la también dibujante y fotógrafa, de 24 años de edad, ha explicado que nunca escoge los temas sobre los que trata, como el abuso, el desamor, la pérdida o la feminidad, sino que son los poemas los que la encuentran a ella.
“Me gustan esos poemas que te disparan, que se acaban enseguida y tú no sabes qué ha pasado, pero te han cambiado. Con mi padre leía bastante poesía tipo haiku, muy corta, y nos podíamos pasar horas debatiendo sobre un poema que era una única línea o dos palabras y ese análisis es lo que me ha dado la habilidad para hacer este tipo de versos”, ha precisado.
Publicada en castellano por Espasa, en “Otras maneras de usar la boca”, con traducción de Elvira Sastre, la poetisa describe a lo largo de cuatro capítulos diferentes el daño, el amor, la ruptura, la cura momentos de la vida no siempre buenos, aunque es de las que cree que si uno mira con detalle, también hay “instantes dulces y luminosos”.
Explica esta joven, considerada como la gran revelación de la poesía urbana internacional, que empezó a estudiar Derecho con el objetivo de contribuir a cambiar un mundo que le “disgusta”, pero se cruzó la escritura en su camino y ahora dedica todo su tiempo al oficio de las palabras.
A punto de viajar a Inglaterra, Nueva Zelanda y Australia y de llevar más de 50 semanas en la lista de los más vendidos de The New York Times, Rupi Kaur es una habitual de las redes sociales, donde cuelga sus textos, y en apenas un par de años ha pasado de tener un centenar de seguidores, muchos de ellos familiares, a más de 125.000 en Twitter y a superar los 1,2 millones en Instagram, donde unas imágenes suyas sobre la menstruación fueron retiradas.
No esconde que sus primeros versos eran más ligeros, principalmente porque, explica, “pensaba que al lector le resultaría más fácil de digerir y porque tenía miedo de que la gente se sintiera mal, algo que no me gusta, pero me acabé escuchando a mí misma y lo que escribo es lo que me viene”.
A primera hora del día, va en busca de su libreta y su bolígrafo, siempre de la misma marca y el mismo color, y empieza a anotar todas las imágenes que en ese momento tiene en la cabeza.
Luego, va al ordenador, pero advierte de que le gusta mucho escribir a mano porque “no hay tiempo para editar, es cien por cien expresión” y es ante el teclado cuando reescribe y reordena.
Asimismo, es partidaria de incluir dibujos propios junto a cada poema, utilizando la ilustración “como una guía para el lector, para que sea éste el que decida el sentido de cada texto”.
Sin obviar que el libro que le ha hecho mundialmente conocida surgió de una experiencia “bastante negativa” que atravesó durante meses, subraya que “está científicamente probado que escribir te cura” y agrega que a ella también le ha sanado “poderlo compartir con otros”. “Escribir y leer cura”, precisa.
Respecto a sus referentes, dice admirar a escritoras como Sylvia Plath, Jane Austen, Virginia Woolf o la norteamericana Sharon Olds, a quien ve muy parecida a ella.
Preguntada por cómo definiría la identidad, Rupi Kaur, nacida en el Punyab y residente en Canadá desde niña, piensa que “cuando eres inmigrante la idea de identidad pesa, porque tienes un pensamiento en el que hay dos mundos que tiran en diferentes direcciones y parece que no es posible vivir así”.
Sin embargo, advierte de que a pesar de tener esa idea muy presente en su escritura, se dirige a todo tipo de personas, del norte o del sur, aunque sí cree que hace especial hincapié en mostrar la situación de las “minorías amenazadas”.
Tampoco rehuye las preguntas sobre la menstruación y su proyecto “Period”, que causó polémica en Instagram, con imágenes suyas en una cama con la ropa interior y las sábanas manchadas, y defiende que eso es algo que les ocurre frecuentemente a las mujeres durante muchos años de su vida y, en cambio, “es muy poco frecuente que se trate”.
Después de llevar doce años con la regla y con la perspectiva de tenerla al menos otros treinta: “lo que quiero es darle la vuelta a mi propio dolor en ese momento y celebrarlo, porque estoy más que contenta de ser mujer. Aunque yo misma diga, qué rollo, lo que quiero, en realidad, es agradecer tenerla porque nos hace mujeres”, apostilla.
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