Schulz también fracasa en su tierra

Los socialdemócratas suman en Renania del Norte-Wesfalia su tercera derrota consecutiva y pocos confían en las opciones ante Merkel

Diario Sur, JUAN CARLOS BARRENA , 15-05-2017

Tercer triunfo consecutivo para la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller, Angela Merkel, y nueva derrota para los socialdemócratas (SPD) y su presidente y aspirante a la jefatura del Gobierno germano, Martin Schulz. Tras el fracaso en los comicios legislativos del Sarre a finales de marzo y Schleswig – Holstein hace una semana, el SPD sufrió en Renania del Norte – Westfalia, el más populoso Estado alemán con 18 millones de habitantes, un estrepitoso hundimiento al perder más de ocho puntos y alcanzar poco más de un 30% de votos, el peor resultado en la región que se consideraba hasta ahora el baluarte del movimiento obrero.

Por el contrario, la CDU ganó tantos puntos como perdió su principal rival y superó el 34% de sufragios, convirtiéndose en la primera fuerza en dicho Estado federado. La derrota del SPD fue tan clara que tan solo 20 minutos después del cierre de los colegios electorales la primera ministra renana, Hannelore Kraft, reconocía la derrota y anunciaba en una breve intervención ante sus seguidores su dimisión como líder socialdemócrata local y vicepresidenta a nivel nacional. «Este es un día duro para el SPD y para mi mismo, ya que procedo de la región donde hemos sufrido un atronador fracaso», reconocía a su vez y visiblemente disgustado Martin Schulz en su comparecencia en la Willy Brandt Haus de Berlín. Más elocuente fue el vicepresidente de los socialdemócratas, Ralf Stegner, al comentar que su partido había recibido «un directo al hígado» a cuatro meses de las elecciones al Bundestag.

Los socialdemócratas no fueron los únicos en sufrir un desbarato. Los Verdes, sus socios de coalición hasta ahora en Renania del Norte – Westfalia, perdieron cinco puntos hasta un 6% de votos, una caída apreciable que debe alarmar a la formación con vistas a las generales. Por su parte, los liberales (FDP) se sumaron a las filas de los triunfadores con más de un 12% de respaldo electoral, un resultado que los convierte en tercera fuerza local y confirma la recuperación del tradicional partido bisagra alemán, que aspira a retornar al Parlamento en Berlín tras estar ausente del mismo durante la presente legislatura.

Por su parte, los populistas de la Alternativa para Alemania (AfD) siguen perdiendo fuelle y, aunque consideran todo un triunfo su entrada por primera vez a la cámara legislativa de Düsseldorf, solo rondaron el 8% de votos, cuando hace pocas semanas aspiraban a alcanzar el 15% y el pasado otoño, en pleno auge de la formación antieuropea y xenófoba, lograron incluso superar el 20% en la región de Mecklemburgo – Antepomerania. Hasta el final del recuento no se confirmó si La Izquierda obtenía el 5% mínimo para obtener representación parlamentaria, mientras Los Piratas, que hace cinco años lograron un 7,8% de votos , solo sumaron un 1% y desaparecen de un parlamento regional más, confirmando su condición de efímero partido protesta.

Gobierno serio

El ganador de las elecciones, el cristianodemócrata Armin Laschet, celebró haber conseguido los dos objetivos que se había planteado su partido: «acabar con la coalición rojiverde y ser la primera fuerza política de la región». Laschet prometió conversar «con todos los demócratas» a la hora de negociar una coalición de gobierno, si bien había descartado de antemano cualquier acercamiento a la AfD y prometió que su política se basará en tres pilares: tolerancia cero ante la delincuencia, una política educativa sin ideologías y liberar a la economía de lastres condicionantes.

Mientras Merkel se reservaba para hoy ofrecer su valoración de los comicios, el secretario general de los cristianodemócratas, Peter Tauber, se mostró eufórico al afirmar que con la victoria a orillas del Rin «la CDU ha conquistado el ventrículo del SPD», si bien su correligionario y secretario de organización del partido, Michael Grosse – Brömer, fue más comedido al señalar que «en tiempos revueltos la gente aprecia un Gobierno serio y una canciller que ofrece confianza».

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