«Pasamos cuatro días en el bosque sin comida ni agua»

Ozair Faqirzada tiene 17 años y cuenta cómo llegó junto a su familia hasta Belgrado, donde ahora vive en el campo de refugiados de Krnjaca

Diario Vasco, K. LÓPEZ | BELGRADO., 09-05-2017

Ozair Faqirzada es afgano, de Kapisa, y tiene 17 años. Desde hace poco más de seis meses vive junto a su familia en el campo de refugiados de Krnjaca, el más grande de Belgrado. El encuentro es en la sede que la organización ‘Refugees Foundation Serbia’ tiene en el centro de la ciudad.

Hasta allí acude prácticamente todos los días de la semana en autobús. «Cojo el 108 desde el campo y me deja al lado», cuenta. Lo cierto es que Ozair parece mayor de lo que es. Recibe con una gran sonrisa y pronto empieza a bromear con su estatura, superior a la de otros refugiados que también están en esos momentos en la oficina de la ONG serbia. También lo hace con su nombre: «Sé que os va a costar pronunciarlo; podéis llamarme José», señala. Mientras otros juegan allí mismo a ping-pong o dibujan en una pizarra, el joven se sienta y cuenta cómo llegó hasta allí.

Saca su teléfono móvil, abre un mapa e indica el campo en el que vive junto a su hermana, hermano, padre y madre. «Estamos unas 1.200 personas. Calculo que hay 20 edificios con unas 25 habitaciones cada una», dice en perfecto inglés. «Ahora, gracias a esta organización, estoy aprendiendo serbio y desde hace pocos días alemán». Días después, antes de jugar a fútbol y practicar atletismo con varios jóvenes refugiados, nos volvemos a ver Krnjaca. A pesar de sus 17 años, Ozair cuenta su historia personal demostrando una madurez enorme.
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«En Turquía trabajaba hasta quince horas diarias como vendedor de billetes turísticos y limpiando»
«Nací en Irán, en mayo del año 2000. Estuve allí once años. Pero vivíamos como ilegales. Por ejemplo, no podía ir a la escuela. Por eso fuimos a Afganistán. Allí pasé junto a mi familia cinco años, pero por problemas de seguridad decidimos ir hasta Turquía, donde, allí sí, no éramos ilegales».

En Estambul, José, como insiste en que se le llame, trabajaba en algunas ocasiones durante más de quince horas diarias. «Era muy duro. Estuvimos allí poco más de cinco meses. Trabajaba seis días a la semana, a veces más de quince horas diarias vendiendo billetes turísticos y limpiando casas. Turquía tampoco era un lugar seguro y nos fuimos». Al final llegaron a Belgrado. «Hicimos tramos andando; otros en coche y otros en bus», explica. No fue fácil llegar. «Tras dejar atrás Sofía, la capital de Bulgaria, estuvimos cuatro días en el bosque sin nada para comer ni beber. También hubo tramos que tuvimos que hacer sin parar, llegando a andar hasta 25 horas seguidas», relata.

Cuando se le comenta lo complicada que resulta su vida, y más teniendo en cuenta que solo tiene 17 años, Ozair corrige al interlocutor y dice que «es una historia larga». Se apunta el contacto y decide agregarnos a Facebook. Promete que algún día aprenderá castellano y decide no jugar a fútbol junto a sus amigos para sacar fotos. «Me encanta».

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