“No cederemos ante el miedo”
La Vanguardia, , 08-05-2017A
Emmanuel Macron
le costó encontrar la sonrisa después de su triunfo electoral. Al poco de conocerse los resultados a pie de urna pronunció un discurso institucional transmitido por televisión, donde se notó el peso de la presidencia sobre sus hombros. No fue hasta pasadas las diez y media de la noche, cuando subió al escenario montado frente a la pirámide del Louvre, que sonrió con los brazos abiertos en señal de victoria. Sonaba el himno de Europa, la multitud enarbolaba banderas francesas y gritaba “Macron, président”.
Macron habló a todos los franceses, reconociendo que muchos de los votos que había obtenido no eran para apoyar su programa si no para defender la república de los extremos. “No cederemos nada ante el miedo, no cederemos nada a la división”, dijo. Y luego, dirigiéndose a los electores de
Marine Le Pen
, aseguró que trabajará a fondo para que nunca más el desánimo les lleve a votar por los extremos.
El nuevo presidente dijo que “esta noche Europa y el mundo nos miran, esperan que defendamos en todo momento el espíritu de las luces, amenazado en tantos lugares”. Macron reconoció que hace un año nadie apostaba por él. “No hay precedente, ni equivalencia. Todo el mundo nos decía que era imposible, pero no sabían lo que es Francia”. Nada más conocerse el triunfo del candidato social liberal que encandila a la capital francesa, los bocinazos estallaron en el centro de París como si fuera la final de un mundial de fútbol.
Las calles se llenaron de coches desde los que hacían ondear banderas francesas –sobre todo– y alguna de la Unión Europea. En la explanada del Louvre, el escenario “ni de izquierdas ni de derechas” elegido por el futuro presidente para celebrar su victoria el ambiente era de fiesta grande. “¡Una rubia que no se llama Marine!”, gritaba un vendedor de cervezas. Un grupo de jóvenes se pasaba una botella de champán. Desde el escenario, que luego ocuparía Macron, la música tecno se entrelazaba con algún guiño multicultural: la gente enloquecía con el Didi del argelino Khaled, una canción que nunca falta en las soirées parisinas.
“Hemos venido aquí porque queremos mostrarle a Macron que es mucho más que un voto útil de segunda vuelta, que realmente hay mucha gente en este país que está detrás de él, que cree en él, que quiere que Francia cambie”, decían Pierre Reiner y Lucie Gudayer, una pareja de treintañeros profesionales (marketing y recursos humanos), votantes “más bien de izquierdas” hasta ahora.
“Le admiro porque es joven, dinámico e inteligente”, decía Cedrique Johnson, un chico negro de 23 años llegado desde un suburbio del norte de París. “Marine Le Pen es racismo, es xenofobia, es todo menos compartir”, añade.
“Quiero dar las gracias a los franceses. Este voto es muy importante para toda Europa”, decía Tina Rohden, turista danesa de 52 años. Su hija Malene, de 26 años, iba vestida con la camiseta de Ensemble la France, el lema de la campaña de Macron.
“Lo que hemos logrado es revolucionario”, decía Hanah Starman, que ha dirigido la campaña del movimiento En Marcha en los distritos centrales de París. Macron ha llegado al Elíseo sin un partido tradicional detrás, aupado por un ejército de voluntarios –260.000 personas– seducidos por un discurso que pretende romper los moldes de la vieja política. Arrancó este verano cuando 5.000 voluntarios llamaron a 300.000 puertas de toda Francia para llevar a cabo un cuestionario masivo y “escuchar al país”.
Starman, judía y lesbiana, es una de las 15.000 personas del movimiento que se han postulado para formar parte de las listas electorales que se van a presentar en las 577 circunscripciones de Francia de cara a las legislativas del mes de junio. Pretenden hacer la selección con un objetivo de diversidad étnica, de orientación sexual y paritaria. Al menos la mitad deben salir de la sociedad civil.
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