El bozal de seda de Le Pen

Además de 'número dos' del Frente Nacional y pareja de la jefa, el sombrío abogado es su arquitecto, su ideólogo y su edulcorante

Las Provincias, , 07-05-2017

Si la candidata ultraderechista, Marine Le Pen, perpetra lo inesperado y logra mañana abrirse camino en las urnas hasta la presidencia de la República, Louis Aliot hará un ‘Melania’. Es decir, no acompañará a su pareja en la mudanza a la residencia oficial del jefe del Estado, en este caso, el Palacio del Elíseo. Nunca antes la cuna de Montesquieu y Beauvoir ha estado más cerca de tener un ‘primer caballero’. Sin embargo, aunque los galos lo decidan así, este hombretón de boca pequeña y espalda grande, apasionado del rugby, no tiene la intención de estrenar ese puesto. Probablemente, no se ve de refinado florero con piernas, forzado a sonreír con su estrecha hendidura desde la sombra de su novia y président. Además, el vicepresidente del Frente Nacional (FN) – justo el mismo partido que su suegro en funciones fundó en 1972 – tiene otros planes para sí.

Nacido en Toulouse en 1969, este abogado especializado en Derecho Constitucional, divorciado y padre de dos hijos, aspira a acuñar una carrera política propia. Y esta pasa por hacerse con las riendas de la llamada ‘Catalunya du Nord’, donde, por cierto, su ‘partenaire’ ha incrementado de forma notable sus apoyos. Anhela, en concreto, el sillón de la Alcaldía de Perpiñán, que se disputará en 2020 y al que ya aspiró sin éxito hace tres años. La capital del departamento de los Pirineos Orientales es su bastión, donde reside, donde tiene acta de concejal y donde se ha dejado ver excepcionalmente estos últimos días al lado de su compañera sentimental en una visita de campaña.

La discreta historia de amor entre Marine y Louis no resulta muy novelesca, que se diga. Se forjó hace ocho años del mismo modo que las dos anteriores relaciones conyugales de ella y que acabaron en sendos divorcios: al calor de las consignas del partido. Hijo de padres repatriados de Argelia durante la traumática guerra que Francia mantuvo con su excolonia, Aliot se crió en una familia que abandonaría su profunda tradición comunista para lanzarse en los brazos de la extrema derecha del entonces un emergente Jean Marie Le Pen. Le vio en persona por primera vez en 1988, en un mitin al que le llevó su madre. De simpatizar con Jacques Chirac, el joven Aliot pasaría a enrolarse en las filas del Frente Nacional nada más debutar en la veintena. A partir de ahí, su escalada jerárquica no tendría pausas. En 1998 era elegido concejal de la región Mediodía – Pirineos y al año siguiente daba el salto a la dirección de gabinete del fundador, quien le propulsaría en 2005 hasta la secretaría general y, seis años más tarde – ya con su hija más joven, Marine, al frente – , a la vicepresidencia. En esta última etapa, ha sido cuando el reservado y sombrío Aliot, nueva guarda pretoriana del FN junto a su mano derecha, Florien Philippot, se ha revelado como la pieza indispensable en la maquinaria que ha colocado esas siglas en la antesala del Elíseo. A él se deben las nuevas coordenadas políticas que impulsan el buque de guerra que pilota Marine y que trata ahora de hacer pasar por un inofensivo barco de recreo. Que sus proclamas racistas en contra de los inmigrantes se hayan diluido de sus discusos hasta prácticamente desaparecer es obra de su amante, su arquitecto, su ideólogo y su edulcorante.

Sospechoso de corrupción

Lejos de pavonearse, el verdadero animal político de la formación radical se ha mantenido agazapado entre la maleza. Los focos mediáticos no hacen bien a nadie que tenga algo que esconder, sobre todo si está en juego un país. Los supuestos escándalos de corrupción del FN que afloraron durante la campaña le salpicaron de lleno. Del mismo modo que hicieron la mujer e hijos del candidato centroderechista, el descabalgado François Fillon, Aliot habría cobrado durante años por un empleo ficticio. En su caso, como asistente de la eurodiputada ultraderechista sin haber ejercido como tal, ya que vive a 900 kilómetros de distancia, en su amado Perpiñán. Si bien no viajaba con Marine a Bruselas, le ha acompañado de forma extraoficial en sus desplazamientos a Nueva York, cuando visitó una de las torres de Trump, o a Moscú, donde se reunió con monsieur Putin.

Las razones que esgrime ante los periodistas para justificar su escasa exposición y la ausencia de fotos de familia con su pareja y los cinco hijos que comparten son, por supuesto, otras bien distintas. «Los adversarios de Le Pen quieren utilizar nuestra relación para atacarla. Me usan para ir contra ella. Son idiotas que pretenden mandar mensajes a Le Pen por la vía de atacarme a mí. Por eso prefiero quedarme al margen y dedicarme a la política local», ha asegurado recientemente al diario ‘Libération’. Qué lejos queda aquel entregado compañero cuando, en 2015, se declaró dispuesto a «dejarlo todo» si un día Marine llegaba al Elíseo.

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