La sombra del viejo campanario
El voto católico y el musulmán pueden ser decisivos para frenar la opción populista y xenófoba del Frente Nacional
Diario Sur, , 06-05-2017En la recta final de la campaña francesa, un François Fillon acosado por los escándalos buscó el milagro. Eligió Puy – en – Velay, un enclave de fuerte valor simbólico del catolicismo francés, que visitan cada año miles de peregrinos. Sobre la roca Corneille se levanta una estatua monumental de la Virgen y la catedral de Notre – Dame – de – France alberga una virgen negra, un color que destaca en la Auvernia por sus antiguos volcanes. El candidato de Los Republicanos realizó un alegato a favor del patriotismo, de las raíces y de la cultura francesa, de la identidad, que en este lugar sagrado de la ruta jacobea se asocia con el cristianismo. «Nuestros valores son republicanos y católicos», clamó.
Famosa por sus lentejas, esta región del Macizo Central también produce un licor que se obtiene de la verbena, muy apreciado por sus propiedades digestivas. Le ayudará a digerir su fracaso electoral. Desde la Segunda Guerra Mundial los conservadores no estarán en la segunda vuelta.
La idea de Fillon para acaparar el voto católico tradicional no es nueva. Nicolás Sarkozy siempre ha sido un asiduo de Puy – en – Velay. En 2011, en pleno debate en su partido (UMP) sobre la laicidad y el papel del islam, el expresidente francés viajó a esta ciudad del Haute – Loire para evocar la herencia cristiana de Francia. «Estos paisajes encarnan la Francia con la misma calificación que Mont Saint – Michel, Le Pont du Gard, la Cité de Carcassonne o le Château de Versailles. Chartres, Amiens, Reims, Estrasburgo o París no serían lo que son sin sus catedrales», dijo entonces Sarkozy, convencido de que forman parte de la identidad de Francia y de que el cristianismo «es un gran legado de la civilización».
Identidad, la palabra de moda. «La identidad no es una patología», parafraseó a Claude Levy – Strauss, antropólogo y etnólogo francés, padre del estructuralismo. Sarkozy abundó más. «Sin identidad no hay diversidad. Qué fuerza la de esta V irgen negra, majestuosa, cuya piel no tiene el mismo color que los fieles que vienen a venerarla desde la Edad Media». La fuerza del símbolo. La catedral de Puy – en – Velay es de estilo románico con influencias orientales e hispano – moriscas. Una metáfora de la diversidad la de este gran relicario de piedra.
¿Se está enarbolando la bandera del catolicismo frente al avance del islam y como antídoto contra el terror yihadista? La tensión de la identidad se refleja en las investigaciones habituales del instituto Ipsos que se recogen en ‘Le Monde’ o ‘La Croix’. Algunos datos: el 70% de los franceses creen que hay demasiados extranjeros en el país; el 67% ya no se siente como en casa, como ocurría antes; el 74% cree que el islam es una religión intolerante e incompatible con los valores de la sociedad francesa; el 87% considera que Francia necesita un verdadero líder para restaurar el orden. ¿Tiene miedo Francia? ¿Se intenta volver a la sombra del viejo campanario? La preguntas surgen en el libro ‘Lo único exacto’ (Alianza Editorial), del filósofo y ensayista francés Alain Finkielkraut, que recoge una selección de sus artículos, que cobran ahora una gran actualidad.
Considerado el ideólogo de la derecha identitaria francesa, el nuevo miembro de la Academia Francesa alerta de que un choque de civilizaciones estalla cada viernes en los suburbios de París y arremete contra el ‘islamoizquierdismo’. Hijo de un judío polaco deportado a Auschwitz, defiende que Francia debe recuperar los territorios perdidos, en referencia al libro ‘Les territories perdus de la République’, publicado en 2002 por un grupo de profesores en el que denunciaban que en muchos colegios de mayoría musulmana se educa en el odio a los valores franceses. Finkielkraut también evoca de manera constante episodios como el del grupo rapero que popularizó la canción ‘Nique la France’ en la que los autores cantaban que «Francia es una zorra a la que hay que joder» al tiempo que «se meaban» en Napoleón y en De Gaulle.
En ese contexto de ‘choque de civilizaciones’ ¿Cuál es el papel de la religión? ¿Existe un voto musulmán? ¿Existe un voto católico? Claro que existe, aunque muy fragmentado y poco organizado, con voluntad de influir. Y ha ganado peso. En 2012 la llegada de Hollande al Elíseo también se debió al voto musulmán, que supone un 5% del cuerpo electoral. Un 86% de los votantes de esa confesión optaron por el candidato socialista, aunque luego rechazaron sus iniciativas en favor del matrimonio homosexual, el aborto o la educación sexual en las escuelas. Ahora, además, muchos de los jóvenes de esta comunidad se apuntan a la abstención.
El 60% del total del electorado francés se identifica como católico, si bien la variable religiosa no es determinante a la hora de depositar el voto. En un sondeo previo a las elecciones, el 49% de los católicos mostraron sus preferencias por Fillon, un 25% por Marine Le Pen y un 9% por Macron. Lo inquietante es que existe un voto católico que apoya a la ultraderecha y progresa. En la primera vuelta de las regionales el 32% de los electores católicos votaron por el Frente Nacional. En las europeas, el 21% de los católicos practicantes apoyaron a Le Pen, un porcentaje que subió hasta el 28% en el segmento de los no practicantes.
Macron tiene un pie en el Elíseo, pero ojo con la desmovilización. Francia necesitará el voto musulmán y el voto católico para frenar al Frente Nacional.
(Puede haber caducado)