EDITORIAL

Lecciones de Francia

La Vanguardia, , 25-04-2017

Satisfacción en Europa: el centrista Emmanuel Macron, un convencido del proyecto europeo, parte como favorito a la presidencia de la República Francesa en la segunda vuelta del 7 de mayo, en la que se medirá con Marine Le Pen, a quien aventajó ligeramente en la primera ronda celebrada el domingo pasado. Desde la aparición del Frente Nacional en el paisaje político francés en los años ochenta, los partidos parlamentarios han mantenido el llamado “frente republicano”, el compromiso de votar al rival –sea quien sea– del candidato del FN en caso de segunda vuelta. Ya sucedió en las presidenciales del 2002: Jacques Chirac derrotó a Jean-Marie Le Pen por un 82,2% de los votos frente al 17,7%, pese a la imagen gastada y asociada a irregularidades del partido de Chirac.

Las cifras electorales y los sondeos sugieren una victoria clara de Emmanuel Macron, que ya ha recibido el respaldo de todos los candidatos importantes eliminados en la primera vuelta… salvo el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, reacio a recomendar el sentido del voto a sus más de siete millones de electores (un 19,5%). Su actitud resulta numantina y contrasta con la cadena de apoyos recibidos ayer en cascada por Macron, desde el presidente de la República hasta la patronal y los sindicatos. “Le Pen representa el peligro del aislamiento de Francia y el de la ruptura con la Unión Europea”, subrayó ayer François Hollande. Este lavarse las manos de Jean-Luc Mélenchon es un balón de oxígeno para Marine Le Pen, uno de cuyos colaboradores se ha apresurado a cortejar este banco de sufragios: “Los electores de Mélenchon son votantes descontentos. Pueden estar en sintonía con nosotros”. Hay un cierto paralelismo con la actitud mantenida en España por Podemos, que tuvo y no aprovechó la llave para bloquear la investidura de Mariano Rajoy. Sorprendería, por mucho descontento que tengan, que estos siete millones de franceses puedan dar el voto en segunda vuelta a una formación xenófoba cuyo liderazgo parece un asunto de nepotismo (Marine Le Pen heredó el movimiento en el 2011 y su sobrina se perfila como sucesora a medio plazo). Aunque ciertamente, hay una nueva izquierda en Francia y en España…capaz de dejar pasar trenes y desafiar la lógica.

Los resultados son un duro golpe para el Partido Socialista (PS), asociado a la mala gestión del presidente Hollande, a un proceso de primarias debilitador y a un estado de ánimo derrotista, que encarnaba Benoît Hamon, el segundo aspirante del PS excluido de la segunda vuelta, como en el 2002, aunque lo que perdió entonces al candidato, Lionel Jospin, fue un exceso de confianza y no, como ahora, la falta de la misma. El paralelismo con el PSOE es nítido. Comparten orfandad y desorientación y bien podrían impulsar conjuntamente las bases ideológicas para una renovación imprescindible.

Gracias al sistema mayoritario a doble vuelta, Francia mantiene una estabilidad institucional y política a prueba de extremismos, otra muestra de la visión del general De Gaulle, artífice de la V República instaurada en 1958. El voto de castigo a los partidos tradicionales apunta el próximo 7 de mayo a la elección del más joven –e inexperto– presidente de Francia (Macron tiene 39 años), mientras que la Asamblea Nacional mantiene el viejo orden de los partidos tradicionales, a la espera de las elecciones de junio, con un inquilino del Elíseo sin partido. La probable cohabitación puede frenar la lista de grandes reformas de Emmanuel Macron. E incluso rebajar su europeísmo a ultranza.

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