Le Pen, el gesto amable de la ultraderecha francesa
Al frente de un electorado amplio y fiel, esta eurófoba aspira a conseguir lo que no pudo su padre: la presidencia
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 24-04-2017PARÍS – Marine Le Pen ha pasado los últimos años lavando la cara del partido de ultraderecha que heredó de su padre, para convertirse en el rostro amable de un movimiento que no ha dejado de ascender electoralmente hasta el punto de llegar a ser el partido más votado de Francia. A sus 48 años, en su segunda campaña presidencial, esta convencida “eurófoba” está cerca de recolectar los frutos de esa catarsis si, como le auguran las encuestas, alcanza la segunda vuelta de las elecciones.
Seguiría así los pasos de su padre, que consiguió en 2002 pasar al balotaje, pero a diferencia de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional (FN), Marine lo haría con un electorado más consolidado y amplio. La segunda vuelta del próximo 7 de mayo, en la que ningún sondeo le da como vencedora, mostraría los límites de su apuesta, que aunque ha ampliado su base electoral, no ha conseguido romper el “techo de cristal” que le impone el sistema.
Le Pen ha conseguido que su partido logre una gran adhesión, un electorado fiel que le perdona incluso las acusaciones de financiación ilegal de su movimiento por los que ya ha sido sancionada en el Parlamento Europeo. Pero la líder no ha logrado evitar que genere también mucho rechazo en otra parte de la sociedad.
La candidata se mueve como una funambulista entre las propuestas radicales heredadas y la cara más aceptable con la que pretende conquistar el Elíseo. Evita las alusiones a la II Guerra Mundial que tantos quebraderos de cabeza costaron a su padre e incluso a ella misma en esta campaña, y arremete contra la inmigración esgrimiendo la inseguridad, la preferencia francesa y el patriotismo económico, su tema de campaña favorito tras comprobar que le funcionó en EEUU a Donald Trump.
Todo ello tras haber cortado en 2015 el cordón umbilical con su progenitor después de la última salida de tono del patriarca, lo que le valió un culebrón familiar durante meses pero acabó por independizar a la líder y consagrarla como uno de los rostros más reconocibles de la ultraderecha europea. – Efe
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