El rostro amable de la ultraderecha
La hija del histórico líder del Frente Nacional ha sabido capitalizar el hartazgo de las clases más desfavorecidas por la crisis económicaMarine Le Pen
Diario Sur, , 24-04-2017Marine Le Pen lloró de alegría cuando su padre Jean – Marie consiguió pasar a la segunda vuelta de las presidenciales francesas. Era el año 2002 y aquella victoria provocó un auténtico terremoto político. Pocos pensaban, sin embargo, que aquel triunfo podía tener continuidad en una segunda cita con las urnas y, de hecho, el histórico líder de la extrema derecha francesa fue barrido por Jaques Chirac, que consiguió más del 80% de los votos.
Quince años después, las cosas han cambiado. En Francia, en Europa y en el mundo. Emmanuel Macron es el claro favorito en una segunda ronda en la que recibirá un gran número de votos prestados. Pero, a sus 48 años, Marion Anne Perrene Le Pen sabe que cuenta con una base electoral mucho más amplia de la que disfrutó su padre, hasta el punto de llegar a ser el partido más votado de Francia.
El secreto de su éxito ha residido en su capacidad para vencer resistencias internas y dulcificar la imagen del Frente Nacional, evitando alusiones a la II Guerra Mundial. Es un partido que conoce mejor que nadie: con sólo seis años ya fue fotografiada en una habitación llena de carteles de la formación. Entre 1992 y 1998 trabajó como abogada en París, pero nunca rompió lazos con una formación a la que le costaba encontrar candidatos con gancho. Siempre a la sombra de su padre, se presentó a diversas elecciones legislativas y locales, pero no fue hasta 2002 cuando se convirtió en un valor político de primer orden, empujada por su fuerte carácter y su oratoria directa.
En 2011 se impuso a los críticos que cuestionaban sus postulados y se hizo con las riendas del partido. Ese año acabó tercera y consiguió el 17,9% de los votos. Desde entonces, no ha hecho más que crecer con una estrategia en la que ha buscado los votos de las clases obreras y las personas más desfavorecidas. Esta madre de tres hijos, divorciada dos veces, ha sabido capitalizar el creciente hartazgo de los franceses ante el desempleo provocado por la crisis económica. En este contexto explosivo, la ola de atentados yihadistas que ha sufrido Francia ha terminado de dar alas a su mensaje político: mano dura con los inmigrantes, proteccionismo económico y blindaje de fronteras para garantizar la seguridad. «Yo seré la presidenta que os proteja. Contra la derecha del dinero y la izquierda del dinero, soy la candidata de Francia y del pueblo», ha proclamado durante una campaña en la que ha ido endureciendo su discurso de forma progresiva.
Marine Le Pen, que en 2015 rompió lazos con su padre, ha conseguido así colocar al Frente Nacional donde nunca antes había estado. Su electorado le perdona incluso las acusaciones de financiación ilegal, por las que ya ha sido sancionada por el Parlamento Europeo, convencido de su discurso de «amor a Francia».
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