Durango será el primer pueblo que se hermana con el Kurdistan sirio

El acto tendrá lugar mañana y contará con la presencia del teniente de alcalde de Barcelona, que suscribirá un acuerdo de colaboración

El Correo, MANUELA DÍAZ, 23-03-2017

Hay viajes que marcan la vida de las personas, pero el que hace un año llevaron a cabo los durangueses Mikel Gandarias, Adrián Zelaia y Jonbi Landabidea, junto al bilbaíno Markel Brouard, marcarán la vida de dos pueblos. Su visita hace un año a la ciudad del Kurdistán sirio de Kobanê dará un nuevo paso mañana con su hermanamiento con Durango como poblaciones bombardeadas. En el camino, han logrado firmar con el Ayuntamiento un convenio para reconstruir la Casa de la Mujer, a la que también fueron destinados los beneficios de la LilaKrosa, y han creado una asociación, Suargi, que trata de dar a conocer la realidad de Kobanê y que el sábado organizará la celebración del nuevo año kurdo o Newroz en el Plateruena en colaboración con la asociación de Euskadi Neurok. El hermanamiento tendrá lugar a las cinco de la tarde en el salón de plenos. Tras el acto, en el que también participará el teniente alcalde de Barcelona para sellar un acuerdo de colaboración entre localidades bombardeos, habrá una mesa coloquio en el museo Kurutzesantu.

La acogida en Durango durante una semana de dos familias refugiadas del Kurdistán sirio que fueron halladas en el interior de un camión frigorífico en Elorrio, ha despertado en la villa la curiosidad por conocer la realidad de esta zona azotada por la represión del Estado Islámico. Suargi ha organizado este mes varias charlas que concluirán esta semana con el hermanamiento, que a su juicio es un «reconocimiento institucional como pueblo y a la labor de reconstrucción democrática que están llevando a cabo».

Asambleas en plena calle

La idea del hermanamiento surgió en Kobanê como la posibilidad de «abrir una puerta a una sociedad desconocida para muchos durangueses». «Les comentamos la posibilidad y les pareció buena idea, luego nosotros solo hemos sido meros intermediarios». Este reconocimiento es «necesario» para ellos, puesto que, aunque gozan de capacidades, Turquía, el Estado Islámico e Irak ejercen sobre ellos un «bloqueo» que les impide llevar a cabo una reconstrucción acelerada.

Cuando hace un año los cuatro jóvenes se adentraron en Kobanê, la huella de los bombardeos que masacraron la ciudad en 2014 y 2015, les llevó a su memoria las imágenes de Durango narradas por sus abuelos 80 años antes. Sin embargo, se sorprendieron de que ante esas ruinas e inseguridad, los ciudadanos han llevado a cabo un proyecto participativo «en el que conviven todas las etnias y religiones, árabes, kurdos, turcos y sirios trabajando juntos para autogestionar su vida, su trabajo y su salud», explican. Este Sistema Democrático Federal de Siria Septentrional o Rojava se basa en las decisiones que se toman en asambleas que se organizan en cada calle.

«Durante nuestro viaje también se desmontaron muchos de los estereotipos que tenemos de Kurdistán, como que es un desierto y cuando llegamos llovía y los campos estaban verdes, o que las mujeres van tapadas y detrás del hombre, una situación que sí vimos en la zona iraquí pero no en el Kurdistán sirio», explican.

En la zona kurda de Siria, comprobaron las fuertes desigualdades, «niños pidiendo entre rascacielos» y se atrevieron a visitar Qamishli, dividida en dos tras la Primera Guerra Mundial y azotada por las bombas y tiroteos. «Escuchábamos las detonaciones y pudimos ver los efectos de la guerra, pese a todo nunca pusimos en riesgo nuestras vidas», matizan.

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