La moda abraza el ‘hiyab’

Mientras los políticos debaten el derecho de las musulmanas a cubrirse, las marcas adaptan su ropa para ellas

El País, Ángeles Espinosa, 14-03-2017

Desde el burkini en las playas francesas hasta el velo de Gigi Hadid en la portada de Vogue Arabia, cómo se visten las mujeres musulmanas siempre ha sido objeto en Occidente tanto de curiosidad como de incomprensión. Chadores, abayas, burkas y otros caftanes con los que tradicionalmente ocultan su cuerpo chocan en una sociedad que, a menudo, ve el destape como un signo de liberación femenina. Sin embargo, en los últimos años y a pesar de las quejas de islamofobia en algunos países o del reciente amparo de la justicia europea a la prohibición del hiyab en el trabajo, la moda ha abrazado las necesidades de recato de aquellas que interpretan que su fe les obliga a cubrirse y que quieren hacerlo con estilo.

Inicialmente tildada de “moda islámica” por estar destinada a las seguidoras del islam, intenta ahora abrirse a un espectro más amplio con el controvertido apelativo de “modesta” que ha adoptado, por ejemplo, la reciente Semana de la Moda Modesta de Londres. Pero ¿por qué llamar modesto a lo que es simplemente recatado? La palabra es problemática porque, además de rechinar con los lujosos tejidos y diseños de alguna de las propuestas, da a entender que el resto de la moda es inmodesta. Otros apellidos como “conservadora” o “tradicional” tampoco le hacen justicia, en la medida en que rompe con la uniformidad que era la norma hasta principios de este siglo.

Dos tendencias se han cruzado. Por un lado, las casas de alta costura se han percatado del gusto por la moda de las acomodadas árabes de la península Arábiga, algo que hasta ahora quedaba oculto bajo las abayas, esas largas capas con las que se cubren muchas mujeres de Oriente Próximo. El año pasado creó furor la línea de caftanes y velos de Dolce & Gabbana. Aunque orientada sobre todo a sus clientas de esa región, iba más allá de las colecciones puntuales que, con motivo de Ramadán (el mes de ayuno musulmán), habían ofrecido antes firmas como DKNY y Oscar de la Renta, y también las más populares Mango, Zara, H&M o Uniqlo. Es precisamente aquí, entre las marcas al alcance de todos los bolsillos, donde se está produciendo el gran cambio. En el último ejemplo hasta ahora, Nike, el fabricante de material deportivo, ha anunciado el lanzamiento de un hiyab para atletas.

No se trata sólo de cifras. Detrás de los números hay también un cambio social que apunta hacia las nuevas generaciones de musulmanes en Europa y en el resto del mundo. Son las mujeres de lo que la autora británica Shelina Janmohamed ha calificado de “Generación M”, jóvenes que no sólo han adoptado el consumismo occidental, sino que lo están haciendo suyo. Ellas han roto con el negro y los colores neutros predominantes hasta ahora, decididas a estar a la última bajo los pañuelos con los que se cubren la cabeza y con ropa que no contravenga las exigencias de su fe. A ello han contribuido sin duda las redes sociales donde, a falta de otras referencias, han surgido blogueras y diseñadoras aficionadas que se han convertido en verdaderas gurús.

Junto al éxito también ha llegado la controversia. Mientras que desde fuera del islam muchos dudan de la modernidad de seguir cubriéndose aunque sea con pañuelos de colores brillantes, desde dentro, los más conservadores, ven el hiyab chic como una banalización del imperativo religioso de cubrirse. Tal vez sea exagerado, como interpretan algunos análisis, que las fashionistas musulmanas aspiren a cambiar la arraigada percepción occidental del velo como símbolo de opresión de las mujeres. Pero es un hecho que están rompiendo estereotipos. Y, de paso, alimentando un jugoso mercado.

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