Trump, España y la posverdad

Canarias 7, Aníbal Santana, 13-03-2017

“¿Existe también olvido de que es España (…?) el país de la Unión Europea donde, a raíz de la crisis desatada en 2008, más ha crecido la desigualdad, hasta convertirnos en el segundo país en niveles de desigualdad de aquella?”.

De lo que no cabe la menor duda es de que la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha provocado un terremoto político a nivel mundial, que supera en mucho, los grados de la escala Richter. De las grietas que ha dejado ese movimiento sísmico, se vislumbran dos términos, el de la posverdad y el de los hechos alternativos – sutiles maneras de llamar a la mentira – como si de metales raros se tratara, sin que se quiera evidenciar de que llevan mucho tiempo instalados entre nosotros.
Sin estar evidentemente de acuerdo con Trump y lo que representa, lo que me causa mucha extrañeza es que puedan sorprender sus planteamientos, cuando, en mi opinión, el trumpismo y los nuevos términos llevan instalados bastante tiempo entre nosotros, en España y en el resto de países europeos, como pretendo demostrar en este artículo. La única diferencia que encuentro es la forma de manifestarlo. Mientras Trump, lo vocifera a los cuatro vientos, y con maneras un tanto peculiares, en Europa se hace por lo bajo y se manifiesta de manera más cínica
Por situarnos en nuestro país y, empezando por la utilización de los nuevos términos, me gustaría saber qué definición damos al sistemático incumplimiento de los programas por parte de los partidos cuando llegan al gobierno. Por citar algunos ejemplos, el PP cuando Rajoy ganó las primeras elecciones, en su programa se planteaba una rebaja sustancial de los impuestos, a sabiendas de que era imposible aplicarlo dada la situación del país, como así demostró a los pocos días de llegar a la Moncloa, subiéndolos, o como igualmente sucedió con la promesa de la importante recuperación de las cifras de empleo. A las cifras me remito.  O como ha sucedido en un tiempo más reciente con el acuerdo de gobernabilidad firmado con Ciudadanos, al que, con el mayor desparpajo, para explicar su incumplimiento, el señor Maillo y otros líderes del PP, declaran que, eran lentejas que, o las tomaban o, y que a la vista de las tibias reacciones por parte de Ciudadanos, no parece que estuvieran muy convencidos de que se iba a cumplir.  A lo mejor habrá que acuñar un nuevo término y, en lugar de utilizar el de post – verdad, habrá que llamarlo, lisa y llanamente, pre – mentira.
No podemos olvidarnos del tratamiento que se ha pretendido dar al tema de la corrupción por parte de los partidos, tenemos donde elegir, la trama Púnica, la Gürtel, los Eres de Andalucía, el caso Pujol y el 3% de comisiones presuntamente cobradas por la antigua Convergencia Catalana, y denunciada en sede parlamentaria, hace muchos años por el presidente Maragall, y un largo etcétera que abarca a demasiados partidos y políticos.  
Lo mismo ocurre con las cifras del paro sobre las que, por no entrar en detalles dado su complejo tratamiento que haría muy prolijo este artículo, solo hago algunas observaciones. Cuando el gobierno habla del crecimiento del empleo, ¿se olvida? de comentar que. en una parte sustancial se debe a la disminución de la población activa, ya sea, por emigración de nuestros jóvenes mejor formados, por la vuelta a sus países de los emigrantes centro y sud americanos, por la baja en las listas del paro del Inem, debida a la falta de esperanza de encontrar empleo. Parece que abarca a cerca de 700.000 personas las que han caído por las causas anteriormente mencionadas desde el año 2011, reforma laboral incluida. O tampoco recuerdan la importante precarización de los salarios; por primera vez existen en nuestra sociedad trabajadores pobres, aquellos a quienes con su sueldo les es imposible llegar a fin de mes, disminución de los contratos fijos y por ende el crecimiento de los temporales, hasta por horas, disminución millonaria de horas trabajadas etcétera.
¿Existe también olvido de que es España, debido principalmente a lo señalado en el párrafo anterior, el país de la Unión Europea donde, a raíz de la crisis desatada en 2008, más ha crecido la desigualdad, hasta convertirnos en el segundo país en niveles de desigualdad de aquella?
Se me hace difícil definir llamar, posverdad, hechos alternativos, a toda la larga ristra de hechos expuestos, a los que habría que sumar otros muchos; para mí es más clara la definición clásica: mentiras o medias verdades, que son peores que la mentira.
Pero vayamos a lo que más se critica con toda razón, de las manifestaciones del señor Trump. Por citar algunas: la construcción de un muro en la frontera con México, la formación de un gobierno con una camarilla de millonarios, la firma del decreto mediante el cual intentaba impedir la entrada de ciudadanos de siete países musulmanes de Oriente Medio y África, la persecución de emigrantes ilegales con el fin de expulsarlos y, sus malas relaciones con la prensa.
Resulta un tanto curioso, la sorpresa y las críticas de determinados políticos tanto en Europa, como en nuestro país, por tales declaraciones. Para empezar, en los dos sititos no es necesario amenazar con construir muros, ya los tenemos.   En Europa hemos contratado uno muy grande, con un país de cada vez más dudosa democracia, Turquía, y, ya han puesto sus ojos en Libia, para algo similar, y, por si fuera poco, se han erigido otros en algunas repúblicas de centro Europa. En España, por estética, lo llamamos vallas, a las que, además, hemos adornado con cuchillas que, en honor a la post – verdad, las denominamos concertinas que parece más civilizado, aunque hacen el mismo daño. Aquí no necesitamos decretos sobre el impedimento de entrada de ciudadanos de siete países, aquí los tenemos para todos los ciudadanos pobres del tercer mundo. Aquí no acosamos a los emigrantes ilegales, los devolvemos en caliente. En este momento se está debatiendo por la Comisión Europea, acelerar la devolución de más de un millón de emigrantes ilegales, de los que no se libran los menores no acompañados. Alguien me tendrá que explicar muy despacio en qué se diferencian estas actuaciones de las del trumpismo, a ver si soy capaz de entenderlo. A Trump, al menos, los tribunales le echaron abajo su decreto, y su fiscal general, equivalente a ministro de justicia, está contra las cuerdas por haber mentido al senado. A este respecto tengo mis serias dudas de que aquí se diera igual tratamiento a tales hechos.
Me parece justa la critica que se hace de ese gobierno de camarilla de millonarios formado por el Sr. Trump. Pero igualmente me gustaría conocer si aquí, aunque con bastante menos dólares por persona, no ocurre algo similar cuando los partidos políticos pactan los nombramientos, como si de un intercambio de cromos se tratara, de los magistrados del Tribunal Constitucional, los miembros del Tribunal de Cuenta, o las personas de los distintos órganos de control, o de RTVE. Por no hablar de las puertas giratorias.  
Mención aparte merece el tratamiento a la prensa. Si al señor Trump se le ha ocurrido la triste idea de comunicarse a través de twitter, no sé de qué nos extrañamos, el señor Rajoy se le adelantó y lo hacía a través del plasma. Pero ¿hay más desprecio a la prensa que contestar a preguntas comprometidas haciendo referencia a la situación meteorológica, o «a la segunda y tal», o como ocurre muy a menudo no contestar, con evidente falta de respeto al periodista interrogante? ¿Se puede ningunear más a los medios de comunicación que convocarlos a ruedas de prensa sin derecho a preguntas? ¿Qué ocurre con esa denuncia por acoso político que han hecho los periodistas que cubren la información del partido político Podemos?  Pues, aunque mostremos nuestra extrañeza por el comportamiento del señor Trump, aquí ocurren bastantes cosas muy parecidas y con demasiada frecuencia.
En resumen, cuando observo el revuelo que se monta en nuestro país y en Europa por las ocurrencias trumpianas, me da la impresión de que quieren hacernos ver que vivimos en uno de esos planetas recientemente descubiertos en lugar del nuestro, Tierra.

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