La campaña holandesa, en llamas

La crisis diplomática con Turquía reafirma el discurso anti islam del populista Wilders, cuando faltan dos días para los comicios El primer ministro Rutte también espera cosechar votos tras su decisión de prohibir un mitin turco

El Mundo, IMANE RACHIDI LA HAYA, 13-03-2017

El conflicto diplomático con Turquía irrumpe de lleno en la campaña electoral de los Países Bajos, a dos días de los comicios parlamentarios en los que el primer puesto se lo disputan el liberal Mark Rutte y el ultraderechista Geert Wilders. Al populista holandés, esta crisis con un Gobierno islamista, del que siempre reniega y pide «mantener lejos», le ha venido como un anillo al dedo para recuperar su protagonismo público, reducido estas últimas semanas por su negativa a participar en debates y entrevistas.

En 2004, Wilders se retiró del partido liberal, el VVD, precisamente tras el apoyo a la solicitud de Turquía de ingreso en la UE. Fundó su propia formación, el Partido de la Libertad (PVV), y se dirigió a los turcos para decirles que su Gobierno les «está mintiendo con que un día podrán ser» parte de la Unión Europea. Lleva calificando de «dictatorial» al Gobierno de Ankara desde hace una década: «No sois uno de nosotros, y nunca lo seréis. Manteneos lejos de nuestro país». Para él, los turcos, junto a los marroquíes, son el gran problema de Holanda.

Wilders entró en cólera electoral cuando supo que el ministro turco de Exteriores estaba de camino de Rotterdam. «Si yo fuera primer ministro declararía a todo el Gabinete turco personas non gratas durante los próximos meses y les prohibiría entrar a Holanda, al menos hasta que celebren su referéndum», dijo el populista. «Y si insisten en venir, el embajador turco debe ser deportado de inmediato», añadió. También les pidió que se lleven consigo a «sus fans turcos y no vuelvan nunca» a los Países Bajos.

El analista político holandés Diederik Brink explica a EL MUNDO que esta crisis «confirma al público las teorías» anti islamistas y anti migratorias de Wilders. El hecho de que miles de holandeses de origen turco se hayan manifestado en Rotterdam en defensa del presidente de Turquía, en lugar de hacerlo a favor de la soberanía de Holanda, es presentado por el ultraderechista como una muestra de que tiene razón cuando dice que los 400.000 turco-holandeses no son parte de la sociedad neerlandesa. Mientras, el Gobierno turco consideró que el populista aplaudía el veto de Rutte, y aseguró que «se ha tomado la decisión que le hace feliz a Wilders. La misma mentalidad y el mismo fascismo», sentenció.

Sin embargo, esto es un arma de doble filo. La postura firme de Rutte, actual primer ministro holandés que busca la reelección el miércoles, «ha sido ejemplar en tiempos electorales», añade Brink. La mayoría de sus rivales políticos están «totalmente de acuerdo» con las medidas tomadas para impedir que dos ministros turcos hagan campaña en territorio holandés para un referéndum que –consideran– «hará de Turquía una dictadura totalitaria». El liberal tenía que actuar si no quería pagarlo en las urnas. «Fue una manera inteligente de lidiar con el asunto porque le ha dicho a los holandeses que aquí no manda Erdogan, y que no va a ceder a sus amenazas», explica Brink.

La campaña estaba alcanzando su punto culminante este fin de semana, con un debate entre los seis principales líderes, cuando recibieron los insultos de Erdogan, que acusó a los holandeses de «vestigios de nazis y fascistas». Holanda es un país extremadamente sensible a la cuestión del Holocausto, y recuerda con especial dolor aquella etapa de la historia. Además, Turquía siempre ha sido considerado un país amigo. «Hace un año, enviamos a los soldados holandeses al frente para que defendieran a los turcos de los misiles de Siria. Arriesgaron su vida para defender a un aliado de la OTAN. ¿Y ahora nos llaman fascistas? ¡Es una locura!», considera Brink.

Los calificativos de Erdogan, consecuencia de una decisión firme de Rutte, son lo que hará que Wilders no salga tan beneficiado de toda esta crisis. Brink explica que el político ultraderechista hubiese preferido que el Gobierno holandés permitiera a los turcos entrar y campar a sus anchas por los Países Bajos. «Eso le hubiese servido para decirle a sus votantes: ‘Mirad, somos unos vendidos y un dictador como Erdogan hace lo que quiere en nuestro país’. Pero le ha salido mal la jugada», analiza. La postura de Rutte, cortando de raíz el problema, envía –según el analista– otro mensaje: «Si lo que queréis es tener lejos a los islamistas, no necesitáis votar por Wilders, yo también me puedo encargar de ellos». Pero el líder populista holandés asegura que «ha pesado mucho la presión del PVV».

Pero, es imprevisible establecer un beneficiario de la indignación social. Una crisis con Turquía, un país de mayoría musulmana y presidido por un islamista, religión e ideología que están siendo utilizadas como arma electoral en Holanda, puede atraer apoyos para todos. Los verdes, los liberales y los progresistas han mostrado una postura clara: los holandeses de origen turco son ciudadanos holandeses y como tales deben actuar. Wilders sacará beneficio de la crisis con Turquía, pero no de la actuación de su rival político más directo, Mark Rutte.

En Francia, que celebrará en abril las elecciones, el ultraderechista Frente Nacional solo pudo calificar de «irresponsable» que se permitiese ayer el discurso del ministro de Exteriores turco.

Por primera vez, y a dos días de ir a las urnas, el panorama electoral de los Países Bajos se ha mostrado unido por una única causa: cerrarle las puertas a los políticos turcos. El Gobierno holandés tenía como opciones ignorar el mitin del ministro turco, encontrar otra vía de lidiar con la situación o dejar que se celebrara. Pero Rutte no se podía permitir el lujo de no responder, en plenas elecciones. Está siendo la tormenta de los ingredientes perfectos: presión electoral y un candente sentimiento antiislamista que se ha apoderado del discurso político de un país tradicionalmente tolerante.

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