«Trump es autoritario y muestra signos de inestabilidad»

Jefe de la sección de Internacional del diario ‘The New York Times’

El Mundo, IRENE HDEZ. VELASCO MADRID, 22-02-2017

Fue justo el aciago 11 de septiembre de 2001 cuando Roger Cohen (Londres, 1955) se convirtió en director de la sección de Internacional del diario The New York Times, después de seis meses como editor de ese área y más de una década como corresponsal. Pero, además, desde 2004 escribe en el diario neoyorquino una columna de opinión. En la que publicó, por ejemplo, a finales de enero trazaba un paralelismo entre los movimientos fascistas que invadieron Europa en los años 30 y la recién estrenada Administración Trump. Cohen llega a Madrid invitado por la Fundación Rafael del Pino.

Pregunta.–¿Qué le hace ver en Trump dejes dictatoriales similares a los de los líderes fascistas y nazis de la Europa de los años 30?

Respuesta.–Creo que tenemos un presidente muy autoritario, con tendencia a borrar la diferencia entre lo que es mentira y lo que es verdad. Cualquier dictador quiere un pueblo que no sepa dónde está, que se encuentre desorientado, que sea capaz de creer que dos más dos son cinco, porque en ese caso la verdad del líder, del dictador, se convierte en la verdad con mayúsculas. En EEUU todavía no estamos en ese punto y espero que no lo estemos nunca, pero lo que está ocurriendo con este presidente es muy preocupante. Tiene una personalidad muy inestable, es muy impetuoso, muy irascible, muy egocéntrico, le gusta ser el centro de atención y es muy caótico. Así que tenemos que estar atentos.

P.–¿La democracia en Estados Unidos está en peligro?

R.–No creo que esté en peligro inminente, pero sí creo que debemos estar muy atentos. Y en ese sentido los medios de comunicación, el llamado cuarto poder, juega un papel fundamental. Tenemos que contar lo que está ocurriendo, los hechos, sin ponernos del lado de nadie. Y la eficacia de la prensa ya se está demostrando; lo hemos visto en el caso de Michael Flynn, quien se ha visto obligado a dimitir como asesor de Seguridad Nacional después de que una investigación periodística sacara a la luz sus conversaciones con el embajador ruso. Y la Justicia ha sido muy efectiva a la hora de suspender el veto migratorio del presidente Trump, así que la división de poderes diseñada tantos años atrás por los Padres Fundadores de Estados Unidos en nuestra Constitución se está demostrando efectiva. Pero el presidente Trump se comporta más como el líder de un movimiento que como el presidente de todos los estadounidenses. Se dedica a tuitear a sus 30 millones de seguidores, celebra mítines como el que dio el pasado sábado en Florida y muestra un comportamiento muy autoritario.

P.–¿Son la Justicia y la prensa sobre quienes recae la responsabilidad de parar los pies a Trump en caso de que vaya demasiado lejos?

R.–Esa responsabilidad también incumbe al Congreso y esperemos que cumpla con ella, ojalá. El Congreso tendría que reaccionar y cumplir con su obligación si salen a la luz evidencias de que hubo colusión, algún tipo de cooperación, entre Moscú y la Administración Trump durante la campaña electoral para subvertir el resultado de las elecciones de noviembre pasado o si se destapa lavado de dinero por parte de las organizaciones de Trump a través de compañías rusas. Lo que pasa es que el actual es un Congreso de mayoría republicana, y por ahora muy pocos congresistas o senadores republicanos critican al presidente. Pero confiemos en que el Congreso reaccionaría si los cargos contra Trump fueran importantes.

P.–¿Cuál es el papel que los medios de comunicación deben de jugar ante la Administración Trump?

R.–Exactamente el que estamos jugando: llamar a las cosas por su nombre. Decir que el negro es negro, que el blanco es blanco y que los hechos son hechos. Los periodistas tenemos que señalar con el dedo las mentiras de esta Administración, algo que lamentablemente ocurre sin parar. La última, el falso ataque terrorista en Suecia con el que se descolgó Trump durante su mitin del pasado sábado en Florida. Por un lado es todo tan grotesco que resulta divertido, pero en realidad es muy peligroso. Históricamente la palabra de un presidente estadounidense era algo solemne e importante para la seguridad global. En un mes, Donald Trump ha devaluado completamente, com-ple-ta-men-te, la palabra del presidente americano.

P.–Se diría que Trump se siente orgulloso de su ignorancia…

R.–Sí, Trump es la ignorancia llevada al poder.

P.–Aunque con resultados desiguales, EEUU ha jugado el papel de garante del orden mundial. Ahora, sin embargo, no son pocos los que lo perciben como un peligro…

R.–EEUU ha hecho de garante de la seguridad mundial 75 años. Y ahora, no sabemos a dónde nos dirigimos, ni cuál es nuestra política internacional. ¿Quiere Trump ir a la guerra con Irán? No lo sé. Tal vez.

P.–¿Cuál es el principal desafío que tiene la Administración Trump?

R.–Bueno, dice que está preparando un plan militar para eliminar completamente al IS de la faz de la tierra. Quién sabe. Respecto a Rusia, hasta ahora la considerábamos responsable de lo ocurrido en Ucrania, en Siria… Pero ahora no sabemos claramente cuál es nuestra oposición. Lo que sí parece es que hay una misteriosa conexión entre Putin y Trump. No sabemos si se basa en dinero, en algún tipo de poder que Rusia tiene sobre Trump a causa de cierto material que tendría en sus manos… Pero no cabe duda de que nuestra relación con Moscú supone un gran desafío. Y nuestras relaciones con México son otro enorme desafío. Pero la realidad es que hasta ahora Estados Unidos no ha tenido una política internacional. El secretario de Estado, Rex Tillerson, es un fantasma, no está en este mundo. El Departamento de Estado solía celebrar reuniones informativas diarias. Pues bien: no ha convocado una sola, de ningún tipo, en cuatro semanas ya. El secretario de Estado no tiene portavoz. No hay ruedas de prensa. Si Rex Tillerson ha puesto el pie en la Casa Blanca no habrá sido probablemente en más de dos ocasiones. Ahora mismo lo que tenemos es eso: un caos absoluto. Habrá quien diga que el caos no está mal, que es peor la parálisis. Y por su parte Wall Street considera que Trump está bien. A lo mejor es que ellos saben algo que nosotros no sabemos.

P.–¿Le sorprendería que Donald Trump acabara siendo destituido como presidente a través del procedimiento del impeachment?

R.–Si tomamos como referencia lo ocurrido en este primer mes y el caos que reina, podría aventurarse que tal vez sí. Para que haya un impeachment debe haber antes indicios de un delito grave, y eso por ahora no lo hay. Pero podría haberlos. El impeachment es una ruta, pero también hay otra. La otra ruta es que el Ejecutivo eche mano del Artículo 25 y declare que el presidente es psíquica o físicamente incapaz de llevar a cabo sus funciones. Tampoco estamos todavía en ese punto, pero en Trump vemos muchos signos de una extraña inestabilidad. Sin embargo, creo que lo más probable es que Trump acabe su mandato. Pero también tiene más posibilidades que ninguno de los recientes presidentes americanos de que algo pase y no concluya su mandato.

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