El gran almacén tolosarra de Belgrado
Desde Gipuzkoa y Navarra, media docena de voluntarios, bomberos, cocineros y sanitarios han decidido aportar sus manos y su tiempo en mejorar las condiciones de vida de los más de 700 jóvenes que habitan de forma clandestina los antiguos barracones de la estación de tren de Belgrado, en Serbia
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 13-02-2017en un universo visual, viral, rápido y en el que se comparte la información de forma vertiginosa, hay escenas que de alguna manera traspasan fronteras más rápido y de forma más eficaz que nunca. Este invierno, el más duro en años en el Este de Europa, los medios de comunicación han enviado al mundo una postal desde la capital de la República de Serbia: la de miles de personas, muchos de ellos adolescentes y jóvenes afganos, kurdos o pakistanís, hacinados en una vieja estación de tren, entre humaredas insalubres y a temperaturas bajo cero. Son jóvenes que huyen de sus países; pero mientras tanto se han quedado en Belgrado sin plazas en centros de internamiento para migrantes o mal llamados “campos refugiados”. El Gobierno de Serbia tenía espacio este invierno para unas 3.000 personas, pero hay más de 7.000 en todo el país; y la preferencia es para familias, mujeres y niños. Además muchos de estos jóvenes esperan y anhelan su oportunidad para cruzar las fronteras de la Unión Europea.
Pero mientras algo de eso ocurre, en enero muchos de ellos estuvieron a la intemperie, a temperaturas bajo cero. Su imagen tiritando hasta la hipotermia o la propia muerte no ha abierto las fronteras ni ha hecho que mejoren las políticas de asilo; pero sí ha movido golpes de solidaridad por toda Europa de ciudadanos y gente convencional o pequeñas organizaciones. También desde nuestra casa: una asociación solidaria de bomberos de Navarra, una joven tudelana técnica de laboratorio, una cocina asturiana sin nombre o un descomunal almacén de ropa guipuzcoana son algunas de las iniciativas espontáneas que pretenden romper los muros más fríos, los de la indiferencia. Aun a sabiendas de que tan solo son pequeños parches, tiritas que apañan un trocito del mundo.
Desde hace unos días, sobre la mesa de la sede de Refugee Aid Serbia, en la calle Koce Popovica de Belgrado, además de una inmensidad de papeles revueltos, tazas con restos de té y café abandonados, sobre un cenicero en el que guardan algunas cosas importantes cuelga también una llave nueva, amarilla, que tiene escrito “Biltegia”. Son las llaves de un local a una docena de kilómetros de allí, de unos 200 metros cuadrados que es ya con contundencia y sin ningún tipo de dudas el mayor almacén de todo Belgrado con stock de ropa de abrigo de invierno a disposición de los refugiados. Es así gracias al empeño, empuje y exagerada solidaridad de los vecinos de Tolosa y sus alrededores.
Desde esta semana y después de tortuoso laberinto burocrático de papeles y permisos, el camión con más de 12.000 kilos de ropa que se recolectó en Tolosa hace 15 días está a disposición de esta organización y de otras que trabajan con aquellas personas – sobre todo jóvenes y adolescentes venidos de Afganistán y Pakistán – que están en tránsito hacia otros países europeos y han quedado al margen de toda protección, viven en la calle, en los asfixiantes barracones de la estación de tren o en aquellos puntos al norte de la frontera de Serbia con Hungría o Croacia.
Todo comenzó los últimos días de enero en Tolosa, cuando se presentó una iniciativa humilde por la que la asociación Zumardia – que promueve el ocio de montaña y al aire libre entre jóvenes – y el Txoko del Viajero Antxon Bandrés pretendían recolectar algo de ropa de abrigo en buen estado y dinero para llevar a Serbia.
La idea de los promotores, entre ellos el viajero tolosarra Josu Iztueta o el ex ciclista profesional Valentín Dorronsoro, que ya en los años 90 durante la guerra de los Balcanes organizaron un convoy humanitario, era cargar dos furgonetas y conseguir 3.500 euros para gasolina y peajes. Sin embargo, la ola de solidaridad de la comarca guipuzcoana sobrepasó a los convocantes y en un solo día consiguieron recolectar 20.000 kilos de ropa – que colapsó los soportales de la iglesia de San Francisco de Tolosa – y casi 25.000 euros de donaciones. Así que tuvieron que fletar un camión, clasificar bien el material, y marchar hacia Serbia como avanzadilla, buscar ese biltegi o almacén para alquilar durante dos meses y transformar un pequeño viaje de dos días, en una semana larga. Estos esfuerzos han servido para, además de ser conocidos en Belgrado como “los vascos del camión”, forjar una iniciativa que va más allá de donar ropa, ver las necesidades reales en Belgrado y colaborar con otros proyectos.
Nuevos voluntarios
Desde esta semana también seis voluntarias y voluntarios de Trintxerpe les harán el relevo a los tolosarras, así como la tudelana Silvia Arrastia, técnica de laboratorio en excedencia, que aporta su experiencia gestionando un almacén en el campo de refugiados griego de Filippiada. Este grupo, más los colaboradores de la ONG serbia, serán los encargados de dar salida a toda esa ropa y detectar diferentes necesidades. De hecho, ya se han puesto en marcha hacia la frontera norte con Hungría, en el paso fronterizo de Subotica, donde parece que muchos de esos jóvenes y familias que tratan de cruzar sufren mayores condiciones de desamparo y duermen a la intemperie o en chamizos improvisados. “Aquí hay muchos proyectos, muchas ideas, pero se necesita aún organizar un poco todo”, se lamenta la joven navarra. Y explica que lo que motivó fue repetir la experiencia que había vivido en Grecia, donde estuvo especialmente con familias y mujeres jóvenes. “Me hicieron sentir como en casa y yo a ellas también les quise transmitir eso, que no estaban solas: no se trata de dar mantas o cuatro ropas, es hacer sentirse a la gente bien, acompañados. Es importante”, recalca.
Ahora en los asentamientos de afganos en Belgrado se dan algunos peculiares enfrentamientos en los partidos de cricket entre muchachos equipados con zamarras de la Real Sociedad o clubes vascos; pero lo más importante es que se ha abastecido con creces para casi todas las necesidades del invierno.
Más allá de la ropa, el grupo de Tolosa que fue con la misión de canalizar toda la ayuda económica recogida en su localidad ha sido capaz de participar y financiar otras iniciativas como la No – Name Kitchen, una cocina que sirve cenas a los jóvenes refugiados. Y en los próximos días el grupo de tolosarras ofrecerán conferencias y charlas y explicarán su labor allí así como nuevas formas de canalizar esa ayuda de una forma eficaz y ordenada.
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