«Los refugiados están psicológicamente destruidos»
Las activistas Fátima Amann y Cata Gómez llaman a movilizarse contra la vulneración de derechos que sufren los exiliados por la guerra
El Correo, , 07-02-2017Fátima Amann, de 24 años, y Cata Gómez, de 18, vecinas de Getxo, tienen muchas historias que contar. Han convivido con los refugiados y sido testigos de una realidad cruel que parece completamente «irreal» en la Europa del siglo XXI, «moderna, democrática y de derechos», a pesar de todas las contradicciones que denuncian. Las dos forman parte de la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak Getxo, una de las más activas de Bizkaia desde que se conformara en abril de 2016.
Cada una trata de aportar su granito de arena a la causa. Mediante asambleas, charlas y todo tipo de actividades, colaboran en lo que pueden. Ambas han estado en Grecia y de aquella experiencia nació un mismo discurso. Hay que salir «masivamente» a manifestarse para denunciar una situación «que vulnera todos los derechos humanos», esgrimen. Cata forma parte de la plataforma desde este pasado verano, cuando decidió apuntarse a la ‘Caravana a Grecia’. «Fuimos a Tesalónica para ver todo lo que estaba pasando con nuestros propios ojos y poder concienciar e informar aquí a nuestros familiares y amigos», explica. Fátima, en cambio, fue a Grecia primero con sus hermanos, también en julio, para formar parte de un proyecto educativo. Allí se encontró a personas de otros proyectos a las que después decidió unirse. «Después de estar con mi familia unos 15 días quise volver. Lo más duro es irte sabiendo que dejas a todos allí… Decidí regresar, ya con la plataforma, para ofrecer apoyo legal con otros abogados», cuenta.
Ambas han podido comprobar de primera mano la dureza de la vida en los campamentos, y su sentido de la justicia es la que les movió a colaborar.
«Vi muchos niños, allí hay gente muy viajada, con cultura, carreras… Personas todo tipo, con la impotencia de no poder hacer nada. Fue muy duro», cuenta Cata.Su compañera se esperaba algo así, pero lamenta que «psicológicamente están destruidos, ven que no tienen futuro, son perseguidos… », denuncia. Muchos jóvenes han dejado de estudiar y hay una «generación perdida» que necesita recuperar su dignidad.
«Puede que haya habido alguna mejora en cuanto a las condiciones de los campos –no así en las islas– pero los trámites siguen tardando muchísimo. Aquí la gente está concienciada pero hay que salir masivamente a la calle, para intentar que haya un cambio», asumen. Desde la plataforma intentan concienciar y sensibilizar, «sobre todo de manera local. El mensaje cala, pero tenemos una memoria muy corta», señala Fátima. Por eso ella y otros treinta compañeros persisten y organizan campañas de todo tipo.
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