Un partido ‘anticasta’ en busca de la élite

El Mundo, MARÍA D. VALDERRAMA PARÍS, 06-02-2017

En plena campaña de las presidenciales en Francia, el Frente Nacional tiene otras preocupaciones que atender. Con la más que probable presencia de Marine Le Pen en la segunda vuelta, muchos olvidan que el partido ultraderechista podría ganar otra importante batalla en junio: en las legislativas la formación podría aumentar de manera significativa su presencia en la Asamblea Nacional, donde hoy cuenta con dos diputados. El partido va a presentar a 577 candidatos, uno por circunscripción, con una condición muy específica: servir de embajadores de Marine. En paralelo, altos funcionarios y empresarios estarían discretamente integrando un colectivo que trabaja ya en los 100 primeros días del Gobierno Le Pen.

Es la estrategia última de la llamada desdemonización que hoy tiene un rostro visible: Jean-Lin Lacapelle. Nacido en 1967, este íntimo amigo de Marine forma parte del partido desde 1984 y desde principios de 2016 es Secretario Nacional de Federaciones y de Implantación. Su cometido es supervisar la elección de los 577 candidatos presentables a la lista de las legislativas que deben presentar en marzo. Una prueba de fuerza en toda regla que el frontista realiza ya como asalariado después de haber trabajado como directivo en Danone y L’Oréal, que llegó a darle un ultimátum en 2011 para que dejara la política. Así lo hizo hasta responder en 2015 a la llamada de su amiga Marine. Sus despachos están ahora puerta con puerta.

Lacapelle recibe a EL MUNDO en el cuartel general de campaña que ocupa dos plantas de un edificio residencial en el Faubourg Saint-Honoré, la misma calle en la que se encuentra el Elíseo. La Escala, lo han bautizado, y hasta el tesorero bromeaba en su inauguración: «Así la mudanza será más fácil».

Los ojos del visitante se posan directamente en un enorme lienzo que preside la entrada, en el que Marine Le Pen aparece dirigiendo un barco de vela. Lacapelle se ofrece a mostrar parte de las instalaciones: en una sala hay una reunión con una decena de jóvenes militantes que saludan con timidez; a la izquierda, otra habitación permanece casi vacía con una decena de ordenadores, reservada a los voluntarios de redes sociales, que deben prestar especial atención a los candidatos.

Como decoración, un par de cuadros estilo pop-art con Clint Eastwood o la lengua de los Rolling Stones retratados junto al símbolo de la campaña: una rosa azul ha sustituido la llama tricolor para un partido que se reclama más que nunca «ni de izquierda, ni de derecha».

«Yo intento profesionalizar el movimiento, como quiere Marine Le Pen. Lo que hago es comprobar que tenemos buenos hombres y estructuras en los buenos lugares». Lacapelle no quiere hablar de tecnocratización, sino de «profesionalización», aunque no acierta a explicar en qué consiste dicha búsqueda que no parece responder a un perfil concreto, sino más bien a una lealtad total hacia Marine Le Pen. Eso sí, confirma que cada vez resulta más fácil atraer a diplomados y altos cargos.

Interrogado sobre la sobrinísima, Marion Maréchal-Le Pen, rival de Marine y representante de una corriente propiamente católico-conservadora, Lacapelle prefiere hablar de «sensibilidades distintas».

«Hay una sola línea, la de Marine». Así, militantes con perfiles polémicos en redes sociales con alusiones racistas y de extrema derecha, como Maurice Gosseaume, ex responsable del Colectivo de seniors, han sido alejados de los cargos de responsabilidad, pero siguen formando parte del partido y envolviéndose en la bandera del FN.

Con algo más de discreción trabajan en el que funciona ya como el think tank del partido: Les Horaces. Coordinado por Jean Messiha, un antiguo funcionario del Ministerio de Finanzas, el colectivo prepara esos 100 primeros días de Le Pen. Aunque es difícil de verificar, pues el grupo se mantiene en la sombra, Messiha asegura que «un centenar» de personas procedentes del sector privado y altos cargos públicos se han unido al equipo con la intención de integrar en un futuro los cargos de la Administración. En principio, se trataría de simpatizantes y no militantes del partido, impulsados por el mismo sentimiento nacionalista, antiglobalización y anti Unión Europea.

«Marine ha querido crear un consejo de tecnócratas que le ayude a obtener credibilidad, pues se da cuenta que tienen pocos jefes con experiencia en gestión, en ministerios, derecho, economía, empresas…», describe Sylvain Crépon, profesor e investigador en la Universidad de Tours, especialista del FN. «Muchos dudan en votarles porque temen que no sean capaces de gobernar, al mismo tiempo parte de su fuerza es la de presentarse como un partido antiélites: el día que esté dominado por la tecnocracia será un problema».

UNA ‘ESCUELA’ PARA PREPARAR ALTOS CARGOS
En los años 90, la preparación de sus altos cargos era una preocupación importante para la dirección. Bruno Mégret, por entonces ‘número dos’ del partido, puso en marcha una escuela para formar a las élites, reclutando personal de la alta Administración y creando incuso un consejo científico. El objetivo era mostrar que el FN era capaz de gobernar. Con la escisión entre Mégret y Jean-Marie Le Pen en 1999, el partido recuperó sus líneas puramente populistas. Paradójicamente y a pesar de ser uno de los momentos más bajos del partido, el FN obtuvo sus mejores resultados en las presidenciales de 2002, pasando a segunda vuelta junto a Jacques Chirac, que acabaría por ganar con el 82% de los votos. Cuando en 2011 Marine tomó el poder, recuperó la estrategia de Mégret, en parte porque entre sus colaboradores se encuentran antiguos socios de éste. / M. D. V.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)