La intensa lluvia tampoco pudo con los Caldereros
Las previsiones se cumplieron, pero los cerca de 4.500 participantes mantuvieron sus desfiles por la ciudad
Diario Vasco, , 05-02-2017Las lluvias no pudieron con los tamborreros el día de San Sebastián. Y los Caldereros, recién llegado de la Hungría, no iban a ser menos. Después de varios días de calma, el fin de semana se anunciaba agitado, pero los fuertes vientos racheados y las lluvias no consiguieron amedrentar a las cerca de 4.500 personas que cada año desfilan por las calles haciendo sonar sus sartenes, martillos y panderetas anunciando la llegada del Carnaval. Los Caldereros pusieron buena cara al mal tiempo, se ataviaron con lo indispensable para sobrellevar el chaparrón y salieron, como siempre, a divertirse y a hacer disfrutar al público que tampoco se dejó intimidar por las previsiones meteorológicas.
La raya negra en los ojos, bien de rimel y pintalabios, el pañuelo atado a la cabeza y las monedas que cuelgan de ellos más tintineantes que nunca por las ráfagas de viento. Así, las nueve comparsas que ayer recorrieron los distintos barrios se encargaron de recrear las comunidades de artesanos trashumantes que venían a la ciudad desde el Este de Europa, para reparar todo tipo de utensilios. La fiesta volvió a resultar tan entrañable como siempre y, a pesar de la lluvia, no defraudó a sus fieles seguidores, que gozaron del buen humor y de las clásicas canciones, eso sí, paraguas en mano.
Aquellos que partieron a media tarde pudieron realizar una pequeña parte de su recorrido libres de precipitaciones, pero en el momento en el que las primeras gotas asomaron fue un no parar hasta las dos de la madrugada, hora a la que se retiraron las últimas agrupaciones.
A las cinco de la tarde desfilaron por Altza los ‘gitanos’ de Santa Bárbara y media hora más tarde partieron de la plaza Armerías, los de Amarakaldek, y de Egia, los de Arrano Kultur Elkartea. Los chubasqueros transparentes volvieron a formar parte fundamental del atuendo para tratar de combatir la lluvia, pero ni con la sira ni cambiando el punto de salida pudieron evitar un desfile a remojo los Caldereros de Herrera y Gros, que en lugar de partir de la zona de Sagüés, lo hicieron desde la plaza del Txofre, sin perder la energía y las ganas de pasarlo en grande.
La Parte Vieja se convirtió un año más en el punto neurálgico de la fiesta. Las diecinueve tribus que forman la Comparsa Tradicional – Ai – tzarte, Akelarre, Antiguotarra, Ardatza, Arrano, Artesana, Artikutza, Bare Bare, Esperanza, Euskal Billera, Gaztelubide, Gehitu, Herria, Kasilda, Kresala, Suharri, Ur, Urgull y Zarautztarra – incluidos sus característicos personajes, como el Oso (Félix Martínez), el Osezno (Marc Pablo) y el Domador (Alex Naia) se concentraron sobre las diez de la noche en la plaza de la Constitución ante un numeroso público que, bien preparado, no quiso perder detalle de su actuación.
En total 398 componentes cantaron el repertorio compuesto por Raimundo Sarriegui tras la salutación de la Reina, este año encarnada por José Mari Agirretxe ‘Porrotx’, quien dejó la sátira de lado para hacer una oda a la vida, con los niños y los refugiados como telón de fondo. Sus dos damas fueron Nagore García de Andoin, de la Unidad de Oncohematología pediátrica del Hospital Donostia; y Conchi Guereño, miembro de Aspanogi, asociación de padres de niños con cáncer de Gipuzkoa que, este año, ha recibido la Medalla al Mérito Ciudadano.
Con el campamento montado en la plaza de la Constitución, la reina arrancó el pregón con una crítica a la situación que viven miles de refugiados en Europa. Confesó que durante el trayecto que han realizado los Caldereros desde Hungría hasta Donostia «hemos sentido la homofobia, la xenofobia y a miles de refugiados ateridos de frío habiéndolo dejado todo atrás». «Al igual que vosotros (Caldereros) los piratillas de Aspanogi llevan un pañuelo en la cabeza y nos han enseñado que las tristezas y las alegrías, si son compartidas, se afrontan de una mejor manera», señaló. La reina puso como ejemplo a los niños de la asociación y matizó que «tan importante como cumplir años es vivir aventuras» y terminó su intervención al grito de «Gora pirata txikiak! Ongi etorri errefuxiatuak! Aupa Euskal Irria!».
Trump rechazó la invitación
Mientras Porrotx daba su discurso como reina de la comparsa Tradicional, el buen ambiente siguió brillando en paralelo por la Parte Vieja, gracias a la Primitiva Comparsa, que con 133 ediciones a sus espaldas, partió del atrio de Santa María y preparó el campamento para los casi 300 componentes en la plaza Sarriegi.
La reina, Joxean Estébanez, hizo el pregón de las fiestas ante sus Caldereros, zíngaras, malabaristas, gigantes y cabezudos, y la banda de música al son de panderetas y sartenes. Sus palabras se refirieron, cómo no al tiempo. «La lluvia nos ha acompañado en nuestro recorrido, pero ¿a quién no le gusta mojar de vez en cuando? En cualquier caso, que el tiempo siga así para seguir teniendo los montes así de verdes», comentó en tono chistoso, antes de entonar un bertso con la melodía de Donostiako Hiru Damatxo. Entre el ambiente festivo de su agrupación se oyeron risas cuando habló de la Capitalidad, pero también alabó la labor de los deportistas donostiarras. La intención de la reina era contar en su desfile con un invitado de excepción. Nada más y nada menos que Donald Trump «pero no el pato, sino el de la Casa Blanca. Le hemos enviado un telegrama de cortesía, pero por lo visto, los gitanos no le hacemos mucha gracia», dijo en tono burlón antes de continuar con el recorrido.
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