A mí me gusta Trump
Canarias 7, , 04-02-2017Escuchando al incontinente Donald Trump, presidente de los EE UU, y las reacciones a su primeras medidas del resto de líderes mundiales, me viene a la cabeza una divertida copla de nuestro cancionero popular que adaptada vale como bienvenida al nuevo boss del mundo. Así que: «A mí me gusta Trump (el ron),/ pero sin rebajar,/ porque si lo rebajas/ me puedo emborrachar». Que ya se sabe que a uno en copas se le puede nublar el tino y a esta gente mejor conocerla fresco, con la mente clarita, para que no nos la dejen marchita, que es lo que realmente pretenden.
Sin embargo, parece que lo están consiguiendo, porque por muchos golpes al pecho que estén dándose en las alturas, la realidad es que lo que está sucediendo es un reordenamiento del espacio político con la irrupción fulgurante de nuevos protagonistas que han logrado que casi todos anden apurándose a asumir, de una manera u otra, aunque en realidad la cosa no es nueva, los postulados que vencen al otro lado del océano.
Así las cosas, yo prefiero que me lo den sin rebajar, no disimulado, para saber con quien me trato. El Trump va fresco y a la marea, mientras por aquí vamos adaptando los discursos a lo que conviene, sin importar modificar los principios, que nos decían que eran sacrosantos. Europa lleva tiempo renunciando a no pocos preceptos funtamentales por miedo a la ola involucionista, a la que, paradójicamente, se alimenta con esos temores.
Nos escandalizamos con el descaro de Trump cuando anuncia que hará aún más grande el muro que separa a EE UU de México y, también, con su política antiinmigratoria, mientras blindamos nuestras fronteras e ignoramos a las decenas de miles de refugiados que andan ateridos por suelo del viejo continente huyendo de la barbarie, al tiempo que hacemos como que no vemos nuestros muros, aquí les decimos vallas, plagados de concertinas, cuchillas, para andarnos sin eufemismos, de Ceuta y Melilla.
Es tal el ejercicio de cinismo que se practica por estos lares que el propio Rajoy se atreve a decir que él no quiere fronteras, mientras se aplica en las devoluciones en caliente y preside un país que es, junto con Francia, el que más ha incumplido sus promesas de acogida.
A Trump, pues, que no me lo rebajen para no olvidar que por aquí tampoco andamos cortos. Y si el americano se ha apurado en desmantelar la tibia apuesta de Obama por llevar la atención sanitaria a los más necesitados, por estas tierras llevamos tiempo aplicándonos en desmontar la sanidad pública y universal. El yanqui no tiene recato en dejar claro que es un empresario sin reparos en prescindir de cuanto trabajador no le convenga, más o menos lo pretendido, con palabras más edulcoradas, por la reforma laboral aquí vigente y que para el FMI aún es insuficiente.
Al Trump, sin rebajar, solo le interesa el resultado financiero. ¿Acaso en este lado no gastamos 60.000 millones de euros de todos en el rescate de la banca?
Trump promueve la autarquía, la xenofobia, el racismo, el desprecio, lo contrario a la universalidad y multiculturalidad, principios que definían a la vieja Europa; sin embargo, la realidad nos dice que en la «nueva normalidad» reinante estas palabras van a la baja.
@VicenteLlorca
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