Trump, salvador o verdugo de la UE

Los primeros días de la presidencia de Donald Trump están convulsionando el mundo...

La Vanguardia, , 02-02-2017

Los primeros días de la presidencia de Donald Trump están convulsionando el mundo. Sobre todo aquella parte del mundo que daba por descontada una relación sólida con Estados Unidos, con independencia de quien fuera su presidente. México, primero, y la Unión Europea ahora ­viven con desconcierto –e incomodidad– un cambio provocado unilateralmente por Washington. La Administración de Trump, sea por talante, sea por ignorancia, no se está esforzando mucho en trasladar sus mensajes con delicadeza, teniendo en cuenta que la Unión Europea es un aliado tradicional.

Las últimas reacciones europeas tampoco ayudan a serenar los ánimos. El presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, ha incluido a Estados Unidos entre “las amenazas” que pesan sobre la UE, junto al yihadismo o el resurgimiento de China, un emparejamiento que ilustra los días vertiginosos que vivimos. “Parece que la nueva Administración cuestiona los últimos 70 años de política exterior norteamericana”, diagnosticó Tusk. Ayer, el Parlamento Europeo abundó en ­este abismo y, con el voto de populares y socialdemócratas, expresó su rechazo al nombramiento de un euroescéptico como nuevo embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea. Ciertamente, las declaraciones de Ted Malloch no sugieren nada bueno y son poco habituales en vísperas de asumir una embajada: el Brexit es sólo el principio del fin de la Unión Europea.

Paralelamente, Washington y Londres están larvando una alianza bilateral –que va más allá de la tradi­cional sintonía– que puede interpretarse como una pinza al continente europeo. Es significativo el ataque lanzado por uno de los principales asesores de Donald Trump en materia de comercio contra Alemania, a la que acusa de manipular el euro en defensa de sus intereses nacionales. Este señalar a Berlín como un obstáculo para la vigencia de los tratados comerciales transatlánticos parece responder a una estrategia de acoso estadounidense a la antaño “fortaleza europea” y a la táctica del divide y vencerás.

Y, en el flanco oriental de Europa, resurgen los enfrentamientos militares en Ucrania. El panorama internacional propicia que Rusia muestre músculo y tenga la tentación de aprovechar la fragilidad de la Unión Europea. Los combates en el este de Ucrania se han avivado después del primer diálogo, telefónico, entre los presidentes Trump y Putin.

Europa afronta un 2017 crucial, justo el año en que se dispone a conmemorar el 60.º aniversario de la firma del tratado de Roma, en marzo. A las negociaciones, previsiblemente complicadas y laboriosas, sobre la salida del Reino Unido, hay que sumar las trascendentales elecciones presidenciales de Francia, con un panorama electoral cada vez más propicio a Marine Le Pen, declarada antieuropeísta. El candidato conservador, François Fillon, se desploma, la izquierda concurre muy fragmentada y el Frente Nacional acaricia el sueño de su fundador: el palacio del Elíseo.

La Unión Europea tiene en Donald Trump un acicate para despertar y extraer la energía que exige el impulso pendiente de Bruselas. El presidente de Estados Unidos defiende algunos valores antagónicos del espíritu fundacional de la Unión Europea y su acercamiento a Londres y Moscú es un estímulo para que Europa reaccione. La otra posibilidad es que el presidente Donald Trump sea el verdugo de la UE.

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