el juez certifica el montaje yihadista
El Mundo, , 26-01-2017La Audiencia Nacional certificó ayer que no estaba justificada la operación policial en plena Navidad contra una célula islamista de la que se difundió que se encontraba armada y que iba a atentar de forma inminente y podía hacerlo en la Puerta del Sol. El juez Santiago Pedraz ordenó ayer la puesta en libertad sin medidas cautelares de los dos únicos encarcelados y dejó la causa al borde del archivo. «Los indicios que apuntaban a que los investigados tenían un corte yihadista se han desvanecido», afirma en su resolución, muy contundente.
La excarcelación y el contenido del auto confirman que, tal y como informó este diario, la operación fue magnificada por la Brigada Provincial de Información de Madrid, que siguió los datos proporcionados por un confidente, Manuel Rodríguez Lolo, y que infiltró a un agente que vendió a los dos detenidos un cargador de los cinco que les fueron hallados. El magistrado apunta a un posible montaje de ese confidente.
Pedraz considera que no existen en este momento «motivos bastantes para creer responsables a los investigados de los delitos que se les imputaron en el auto de prisión», en referencia a los delitos de enaltecimiento del terrorismo y tenencia de armas. Y sugiere un posible cierre de la causa que, sin embargo, aún sería prematuro: «A ello no obsta que estén pendientes de analizar determinados efectos, pues la situación personal del investigado debe estar a lo que conste en la causa en cada momento y no a lo que pueda acontecer probable o no probablemente».
Los dos jóvenes musulmanes detenidos, Edrissa Ceesay y Samir Sennouni, españoles de padres gambiano y marroquí, declararon que fueron engañados por un confidente policial y que en ningún caso su intención era perpetrar un atentado. El propio confidente también ha reconocido que la operación fue «un montaje». Los policías consideran que este último les engañó y les facilitó información errónea. No obstante, los agentes que intervinieron en la operación insisten en que los dos detenidos serían delincuentes peligrosos que intentaron comprar granadas, dos AK-47 y 20 cajas de munición.
El auto indica que la tesis de que los dos encarcelados hubieran sido adoctrinados por un tercero, como relataba el confidente, «no aparece ya siquiera mínimamente acreditada y todo apunta a que fue ideada por Lolo». Sobre el carácter yihadista de los ahora excarcelados, Pedraz añade que «en las investigaciones no se observa momento alguno en el que los investigados profesen aquella ideología. No hay dato alguno que lo avale. Analizados los vídeos en los que aparece Edrissa y Samir no responden a la tipología yihadista. Las frases que profieren, aparte de no entenderse todas, se concretan en ‘vais a morir todos’ y ‘por la gloria de Allah’. En el tercer vídeo no se identifica a la persona (y de ser alguien se apunta a Lolo, dada la sudadera negra hallada en su domicilio) […]. Es llamativo además que Lolo los suministre al agente. Los investigados Edrissa y Samir apuntan a que es Lolo quien les induce».
En lo que respecta a los vídeos radicales, la resolución resalta que no han tenido difusión pública, lo que cierra la vía del delito de enaltecimiento. «Pese a que se informó que se había colgado en redes sociales, no se ha podido localizar». Tampoco han aparecido finalmente otros vídeos radicales de los que hablaba el confidente.
De las supuestas armas, que fueron un elemento clave para sustentar la prisión provisional decretada el 30 de diciembre y que provocaron una importante alarma, el juez dice que no hay apenas nada. «Lo único que consta son los cargadores y munición hallados en la parcela (ignorándose quién las ha podido esconder en la misma y por quién fueron adquiridas), sin que se haya podido determinar que el AK-47 utilizado en los vídeos sea real».
Así pues, «sólo» se puede considerar «que pudieran pretender comprar armas, ignorándose el fin (el propio agente encubierto desconocía la finalidad) y, en todo caso, mediatizados por Lolo, ya que es él quién se pone en contacto con el agente [infiltrado, que se hacía pasar por vendedor de armas] y dirige las gestiones con él. Es clara además la contradicción de Lolo al decir que compraron las armas, cuando el propio agente encubierto lo niega, como el resto de los investigados».
Finalmente, el juez Pedraz considera «llamativo» que el confidente acudiera a la Guardia Civil el mismo día en el que la Policía había registrado su casa. El auto recuerda que un último escrito del Instituto Armado resaltaba la personalidad «perturbadora» del confidente y sugería que los elementos de arma automática encontradas «podrían haber sido colocados por el propio Lolo». Añadía la Guardia Civil en su informe que los «elementos incriminatorios habrían sido aportados malintencionadamente para incriminar a terceras personas y que en todo caso son carentes de verosimilitud de amenaza terrorista».
Como señalan los expertos en yihadismo, la amenaza del terrorismo islámico es tan fuerte que no hace falta exagerarla. La pasada primavera, Manuel Rodríguez, alias Lolo, se puso en contacto con la Brigada de Información para proporcionar el dato de la existencia de una célula yihadista en Madrid que tenía armas y podía atentar. Los responsables de la Brigada en principio le creyeron. Asumieron como válidos los vídeos de factura presuntamente yihadista que les aportó e infiltraron a un agente encubierto que se hizo pasar por traficante de armas y que les vendió al menos un cargador.
En julio, el confidente se había entusiasmado y había entrado en tratos con el CNI. La maquinaria de los servicios secretos fue destinada a calibrar el alcance de la amenaza y fue inevitable que descubriera el trabajo doble de su colaborador. Los servicios secretos se pusieron en contacto con la Comisaría General de Información, dirigida por Enrique Barón y de la que depende la Brigada de Madrid, a cuyo frente está el comisario Germán Castiñeira, y todos se pusieron a investigar a tres bandas.
El 2 de noviembre, el CNI llegó a la conclusión de que la historia de Lolo era un montaje y de que no había célula terrorista, sino «un fenómeno delincuencial». Sus miembros no estaban radicalizados y los vídeos no estaban hechos por islamistas. Los protagonistas bailaban, el idioma que usaban no era árabe y era el confidente quien los había hecho. Lo que desconocía el CNI es que había un policía infiltrado.
Estas conclusiones fueron puestas a disposición de la Comisaría General de Información que, según algunas fuentes, informó a la Brigada. Aquí las versiones discrepan. Unos afirman que los investigadores de Madrid se negaron a renunciar al caso y fuentes de la Brigada aseguran que a ellos nadie tenía que avisarles de que Lolo era un farsante porque ya lo sabían. Según esta versión, tenían que acabar el procedimiento porque estaba judicializado y no le podían dar carpetazo como si nada.
Las mismas fuentes insisten en que, aunque fueran delincuentes, había vídeos alarmantes y un kalashnikov. «No es la primera vez que un delincuente ataca como terrorista», señalan. Y es cierto, aunque el CNI hubiese llegado a la conclusión de que no era éste el caso. Sin embargo, hay puntos no aclarados en la actuación de la Brigada: repudiaron a Lolo pero mantuvieron sus vídeos como prueba, y nunca le dijeron al juez que los había grabado su confidente y que el enmascarado que protagoniza una de esas cintas es él. Al contrario, señalaron a uno de los detenidos como culpable cuando era falso (sostienen que creyeron lo que les dijo Lolo). Y exageraron. En un oficio al juez y en sus informaciones a la prensa, a la que aseguraron que el atentado era inminente.
El Gobierno fue informado por el CNI el día de las detenciones que se trataba sólo de delincuentes. Nadie dijo nada porque había un juez al frente de la investigación. A pesar de todo, hay un dato que sigue sin ser resuelto. El agente infiltrado dijo que los detenidos le pidieron granadas y un kalashnikov y le advirtieron de que, si no se los daba, buscarían otro proveedor. No sabe para qué. Si eso es así, es difícil entender por qué se cerró en falso la investigación. El lunes, el propio Lolo daba la explicación más cínica y preocupante. Según dijo, la culpa de todo la tenía la Brigada de Información porque, si hubiera esperado un año, lo que aún era falso se hubiera tornado cierto.
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