Un «muro de Berlín» latino

Cubanos varados a mitad de camino esperan llegar a EEUU si Trump cambia otra vez la ley

El Mundo, JAVIER BRANDOLI MÉXICO D.F, 15-01-2017

El presidente Obama, en los estertores
de su mandato, ha conseguido
algo que parecía imposible: que
haya un colectivo de inmigrantes
latinoamericanos que añore la llegada
de Donald Trump.
Los cubanos, una diáspora que
se ha quedado literalmente varada
en su camino a Estados Unidos en
cualquier país del norte de Sudamérica,
Centroamérica o México,
recibieron la noticia del fin de la
ley «pies secos, pies mojados», que
les permitía entrar en el país norteamericano
con papeles y derechos
especiales, como un mazazo inesperado
que ha partido su futuro en
dos. Sin lugar a donde ir y sin lugar
a donde volver, equiparan sus
vidas a lo ocurrido en Berlín en
1961, cuando un muro quebró miles
de familias alemanas. «Me siento
igual que los alemanes cuando
se creó el Muro de Berlín de un día
para otro. Mi mujer y mi hijo están
en Miami desde hace mes y medio.
Yo me quedé un poco más para terminar
de vender todo e ir a reunirme
con ellos. He vendido mi casa y
mi coche viejo, reunido 12.000 dólares
y ahora no tengo donde ir»,
explica a EL MUNDO Alexander
Iglesias, un veterinario cubano de
41 años que deambula ahora por
las calles de Ciudad de México.
Iglesias lo tiene claro: «Debo intentar
entrar a EEUU cómo sea o
no volveré a ver a mi familia. Yo no
querría que ellos dejen de ninguna
manera Miami. En Cuba no tenemos
nada más que pobreza. Sólo
me quedan allí mis padres, que son
dos ancianos que viven con una
pensión miserable», dice.
A él, como a los 15 cubanos que
venían en su avión que aterrizó en
Ciudad de México el 11 de enero
–tuvieron la suerte de obtener visados
para entrar en México y evitarse
el tortuoso camino de miles de
kilómetros, mafias y muerte que es
el trayecto a pie por Sudamérica y
Centroamérica–, ahora ya sólo le
queda esperar a Míster Trump. «Por
ahora hablamos de mantener la calma
y esperar a que el día 20 el nuevo
presidente revoque esta norma.
Hablo con mi familia y me dicen
que no desespere. Nosotros como
pueblo pagamos las decisiones de
los políticos. Si yo salí de Cuba vendiendo
todo es porque existía una
norma legal del Gobierno yanqui. El
señor Obama debía haber avisado
de que la ley se iba a cancelar con
tiempo y yo no habría gastado el dinero
del billete y vendido todo lo
que tengo. Esto no se hace de la noche
a la mañana», explica Iglesias.
La misma opinión, la misma vivencia
y la misma sensación de tener
su vida al pairo tiene Javier Ramos
Pérez, un chófer cubano de 40
años que habla con este periódico
por teléfono desde el albergue de
Jesús del Buen Pastor del Pobre y
el Migrante, en la fronteriza ciudad
mexicana con Guatemala de Tapachula.
«Aquí estamos unos 60 cubanos
que no nos atrevemos a poner
un pie en la calle. Hay rumores
de que si te atrapan las autoridades
te deportan y eso sería el fin», explica
un hombre desolado.
«Salí el 10 de diciembre para la
Guayana Británica y aquí hay gente
que lleva seis meses viajando.
Hemos pasado todo tipo de penurias
y en la ruta. He gastado 7.500
dólares en pagar a las mafias y aho-
Un «muro de
Berlín» latino
Cubanos varados a mitad de camino esperan
llegar a EEUU si Trump cambia otra vez la ley
ra me dicen que no puedo pasar a
EEUU. No tengo casa en Cuba, no
tengo ningún lugar al que volver»,
mantiene. ¿Y qué va a hacer? «Tengo
que intentar cruzar como sea a
Estados Unidos, pero ya no tengo
apenas dinero. Tampoco quiero jugarme
la vida, sabemos los peligros
que hay en esta parte del trayecto.
Esperamos que cuando llegue
Trump lo cambie todo».
Javier, que dejó a su mujer y sus
tres hijos viviendo con su suegra
para emigrar a tierra yanqui y poder
mandar dinero para mantener
a su familia, es hoy uno de tantos
cubanos perdido en el planeta:
«Siento miedo, incertidumbre y tristeza.
Soy una persona a la deriva
en el mundo. No quiero ni puedo
regresar, ¿qué voy a hacer? Aquí en
el albergue hay muchas personas
que tienen a sus familias en EEUU
y que ahora creen que no los volverán
a ver. Cuando recibimos la noticia
a través de llamadas de familiares
o mirando internet nos quedamos
todos destrozados, nadie lo
esperaba», incide.
Ahora los caminos y casuísticas
son variadas. La primera, la que todos
los cubanos esperan con ansiedad,
es que Trump, que obtuvo buena
parte del clave voto cubano de
Florida que le llevó a la presidencia,
pague su deuda de las urnas revocando
o suavizando la medida.
Por ahora, todos tienen claro
que su salida puede ser la de presentarse
como refugiados políticos
perseguidos por el régimen de La
Habana. «Los que puedan demostrar
que son perseguidos políticamente
podrán pasar», dice el abogado
cubano Eduardo Matías, un
disidente del castrismo que desde
hace años vive en México y que
trabaja en conseguir que sus compatriotas
crucen el Río Grande desde
su Asociación Cívica Cubano-
Mexicana (ACCM).
Recortes de periódicos o textos
críticos con el régimen, familiares
señalados por el castrismo o detenciones
en Cuba son ahora posibles
salvoconductos que recopilar para
presentarse en la frontera a pedir
asilo político.
«Hemos recibido muchas llamadas.
Los que no han salido de la isla
y tenían billetes no saben qué
hacer. El resto espera que con
Trump regrese el distanciamiento
con el Gobierno cubano y cambie
la norma de nuevo. Hay mucha desesperación
de familias que como
pasó en Berlín con el muro se han
quedado a cada lado de la frontera
», dicen en la ACCM usando de
nuevo el símil alemán y ese futuro
muro que el nuevo presidente estadounidense
levantará con México
y que quizá haga permeable para el “amigo-votante” cubano.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)