La esperanza de una vida a la deriva
Efectivos de Salvamento Marítimo, Cruz Roja y abogados son el primer contacto con las paterasEn los primeros días del año se ha disparado la actividad de estos colectivos por la llegada de estas embarcaciones a la costa malagueña
Diario Sur, , 16-01-2017En la desesperación de quien se echa al mar en Marruecos en busca de una vida mejor, solo cabe la esperanza de que el vaivén de las olas cese al otro lado del Mediterráneo. Una ruleta rusa en la que las balas están hechas del neumático de las pateras y en la que el tambor del revólver gira en función de las corrientes marinas. Un riesgo que se corre hacinado junto a medio centenar de compañeros, mientras se espera el consuelo de la tierra firme. El alivio suena al rugir de los motores de la embarcación de Salvamento Marítimo. Sus efectivos son los primeros que tienden la mano a los inmigrantes que se juegan la vida en las pateras. Son el primer eslabón de la atención de urgencia que reciben estas personas en nuestro país y en la que, nada más llegar a puerto, participan efectivos de Cruz Roja y abogados del Turno de Oficio de Extranjería.
Un trabajo duro que no ha cesado en los últimos días debido a la localización constante de estas embarcaciones cerca de la costa malagueña. Solo en los primeros seis días del año arribaron a Málaga 178 inmigrantes en cuatro pateras, cuando en los doce meses de 2014, por buscar un ejemplo cercano, llegaron un total de 89. Es el reflejo de un cambio de tendencia que viene produciéndose desde 2016, que terminó con 750 personas rescatadas, lo que supuso una cifra sin precedentes en la última década.
Alejandro Rubio lleva 25 años trabajando para Salvamento Marítimo y conoce bien cómo ha ido cambiando la situación: «Al principio las pateras eran de madera y en ellas solían venir grupos de 17 magrebíes que intentaban que no les localizáramos para llegar hasta la costa. Ahora son embarcaciones neumáticas en las que normalmente deberían viajar unas ocho personas. Vienen cargadas con más de medio centenar, casi todas de origen subsahariano».
Él es uno de los patrones que se pone a los mandos de la Salvamar Alnitak, que es la embarcación de Salvamento Marítimo que tiene base en el puerto de la capital. Capitán de la Marina Mercante, por sus venas corre el agua salada junto a la adrenalina de cada rescate. Alejandro explica que están de guardia 24 horas, pendientes de una llamada que les ponga en marcha. Entonces salen a buscar la patera y, una vez que la localizan, ponen a salvo a sus ocupantes.
Es el momento más peligroso. «Llevan perdidos en el mar horas y, al vernos, se ponen contentos, empiezan a levantarse y, cuando nos acercamos, intentan subirse inmediatamente», señala Alejandro, a la vez que precisa que se intenta tranquilizar a todo el mundo para que, al montarles en la embarcación, no haya riesgo.
Luego llega el momento de volver a puerto. Un trayecto en el que los cánticos de victoria de las personas que han sido rescatadas se mezclan con sus pensamientos, «de felicidad por la intervención y de tristeza por el hecho de que la miseria les empuje a jugarse la vida en el mar». Cuando llegan a la capital siempre hay montado un puesto de atención primaria de Cruz Roja. Laura Corral es una de las voluntarias que esperan allí. Lleva poco más de un año asistiendo a las personas que se juegan la vida en una patera, atendiéndoles de las heridas leves que presenten, como pequeñas quemaduras o golpes, y entregando los kits de ayuda. Si son más importantes, son trasladados a un centro hospitalario.
Laura asegura que le emociona la gratitud que muestran estas personas por la ayuda que les prestan. «Es una gran satisfacción echarles una mano, aunque en el fondo sepas que no les has solucionado la vida», apunta.
Alejandro Rubio, Elena Crespo y Laura Corral, en el puerto. /
Salvador Salas
Se trata de una sensación que comparte Elena Crespo. Ella forma parte del equipo de abogados del Turno de Oficio de Extranjería que, cada vez que llega una patera a Málaga, se pone en marcha para ayudar a las personas que vienen en estas embarcaciones de la mejor forma que saben: velando por que se respeten sus derechos.
«Es un privilegio y una gran responsabilidad atender a estas personas desde el primer momento. Hay que darles una acogida como se merecen, porque han pasado mucho y no se les puede tratar de cualquier manera», señala la letrada.
Sabe que la gran mayoría de los inmigrantes a los que atiende pasarán una temporada en los Centros de Internamiento de Extranjeros. «Después de todo lo que han pasado que acaben ahí… Las cosas deberían estar organizadas de otra manera».
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