«EUROPA INSISTE EN SUS ERRORES»

Historiador. Su estudio ha cambiado la historia sobre la muerte de Ana Frank

El Mundo, BENJAMÍN G. ROSADO, 19-12-2016

Ana Frank no fue delatada, sino víctima de una cruel serendipia. Los tres agentes que irrumpieron en la casa del canal Prinsengracht 263 de Ámsterdam no iban buscando judíos, sino que seguían el rastro de unos traficantes. De manera que no fue una delación ni una llamada anónima sino una diabólica concatenación de azares la que acabó con la vida de la pequeña y varios miembros de su familia. Así se desprende del estudio que la Fundación del Museo Ana Frank ha encargado al historiador Gertjan Broek. «En las últimas décadas, las hipótesis de una traición a la familia Frank no han dado ningún resultado», explica al teléfono Broek.

Las pesquisas de Broek no giran en torno al quién sino al cómo sucedieron los acontecimientos aquel fatídico 4 de agosto de 1944. «Lo que me interesaba era llegar a entender por qué tuvo lugar la incursión policial». Hasta ahora se pensaba (y así lo ha inmortalizado el cine y la literatura) que el Sicherheitsdienst, el servicio de inteligencia de las SS, recibió una llamada telefónica que les habría puesto sobre la pista del escondite de la familia Frank y otras cuatro personas. «Sin embargo, lo más probable es que los agentes se personaran en el edificio por algún asunto relacionado con el trabajo ilícito y el tráfico de cupones de racionamiento».

El propio Broek, experto en este triste periodo de la historia, se sorprendió al comprobar que Karl Silberbauer, el suboficial de las SS que encontró a los ocho judíos escondidos en el trastero no era un habitual de las cacerías. «Silberbauer tenía asignados casos sobre seguridad y actividades ilegales, como la venta de radiotransmisores y las imprentas clandestinas». En su informe, Broek demuestra que la mayoría de los arrestados por Silberbauer no eran judíos. «El suboficial llegó a reconocer que mantenía una buena relación con el banquero judío Arnold Caffé, al que solía visitar de uniforme».

Otro aspecto importante de la investigación que avala la hipótesis de la casualidad frente a la causalidad delatora son las más de dos horas que permanecieron los agentes en el edificio. «Si hubieran recibido un chivatazo, no habrían tardado tanto en dar con la estantería que ocultaba las escaleras que daban acceso a la buhardilla», asevera Broek. «A mi modo de ver, los gendarmes acudieron probablemente para realizar un registro rudimentario de los diferentes locales de un edificio con muy mala fama en Ámsterdam. No hay que olvidar que a principios de ese mismo año la policía había detenido a varios traficantes en el 263 de Prinsengracht, tal y como recoge la propia Ana Frank en su Diario».

El informe Broek exonera, al menos provisionalmente, a una larga lista de sospechosos de traición, empezando por Anton Ahlers (socio de Otto Frank, padre de Ana y único superviviente de la masacre), Willem van Maaren (jefe de almacén de la empresa de Otto), Lena Hartog-van Bladeren (empleada doméstica de los Kleiman, que les ayudaron a esconderse), Tonny Ahlers (socio de Otto y miembro del Movimiento Nacional Socialista de Holanda) y Nelly Voskuijl y Job Jansen (amigos de la familia). «Al acabar la guerra, muchas personas cercanas a la familia fueron interrogados pero no se pudo acusar a nadie formalmente».

De momento, la web del Museo de Ana Frank ha retirado de sus artículos los nombres de los posibles culpables de la muerte de la joven escritora de 13 años y familia. Sobre si el informe de la institución se presta a lecturas políticas, Broek se muestra tajante. «De ninguna manera. Ana Frank fue víctima de la barbarie nazi pero en colaboración con las autoridades holandesas. No hay que olvidar que dos de los tres agentes que hicieron la redada eran holandeses». No se trata, según el historiador, de descartar definitivamente la posibilidad de la delación, sino abrir nuevas líneas de investigación que permitan esclarecer en el futuro lo que acabó con la vida de Ana Frank. «Es necesario seguir investigando. Sobre todo ahora, que Europa persiste en los errores del pasado. Aunque las circunstancias son distintas, la historia de Ana Frank podría volver a repetirse».

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