Cáritas Gipuzkoa cumple medio siglo

Desde 1966, Cáritas Gipuzkoa ha atendido a miles de personas con dificultades socialesLa entidad ha logrado realizar su trabajo gracias a los voluntarios, que ahora son un millar, ayudando a diferentes colectivos en el territorio

Diario Vasco, CLAUDIA URBIZU, 18-12-2016

«Yo empecé en el año 1966, aproximadamente, como trabajadora social. Por aquel entonces, en los primeros años de Cáritas Gipuzkoa, yo era la única trabajadora, y antes hubo otra. El resto eran voluntarios», explica Maribel Alonso. Desde su jubilación, hace doce años, ha continuado como voluntaria, para no desvincularse de ningún modo de esta entidad, que cumple cincuenta años en el territorio, y ayer celebró en el Kursaal su acto inaugural.

«Los primeros años nos centramos en la acogida, porque nos cogió el aluvión de los inmigrantes castellanos, cacereños… y abordamos todo tipo de problemáticas, de vivienda, económicos y desestructuraciones familiares», añade. Eran los primeros años de barrios como Altza, Bidebieta o La Paz, donde Maribel y sus compañeros colaboraron en el asentamiento de personas que, «hasta ese momento, vivían hacinadas. Había barrios donde se concentraba mucho la pobreza». También había un sector importante que era la tercera edad, «que no vivía como los jubilados de ahora, apenas tenían pensiones». «Así empezamos a trabajar. A mí me gustaba eso. De tú a tú», apostilla.

Maribel lamenta que a Cáritas «siempre se le ha acusado de ser limosnera, de buscar la beneficencia». Un concepto «muy equivocado», puesto que siempre ha trabajado mucho por la promoción de la persona. Inicialmente con los transeúntes. Pero luego en cada época había colectivos con los que trabajar más intensamente, «y nos fuimos especializando». «Cada vez había más necesidades y más específicas, así que se fueron creado departamentos», recuerda.

El secretariado de caridad de la Iglesia nació después de la guerra, cuenta Maribel, y se institucionalizó en los 50 como Cáritas. Posteriormente, en cada ciudad se crearon secretariados que dependían de Cáritas España. En Gipuzkoa se hizo realidad en 1966, y durante su primera década, en los 70, «además de estar presente atendiendo ya situaciones de personas y familias en los barrios», comenzó a atender a la comunidad gitana chabolista y a muchas familias que vivían sin acceso a la luz ni al agua, con menores sin escolarizar.

A principios de los ochenta murieron en Ulia, en Donostia, cuatro personas indigentes por frío, «y alguno por incendio de chabola. Desde ahí nos empezamos a inquietar por esta situación. Había que dar una respuesta a todo esto. Así que ubicamos un primer hogar, el albergue Trintxer, en Pasaia».

Hacia 1982 se crearon los primeros centros de acogida de la mujer, para mujeres maltratadas. Luego, «con el cierre de Fraisoro», crearon pisos de acogida para mujeres solteras embarazadas, donde integraron a las chicas en la vida laboral y social de sus barrios.

Una alternativa social

Además, todos los veranos se organizaban colonias en La Rioja para 350 niños, «hijos de familias desestructuradas, familias marginadas con mucho problema de alcoholismo, entre otros. De ahí se detectaban también muchas problemáticas familiares».

Durante la década de los ochenta la sociedad sufrió los azotes de la droga, provocando que miles de jóvenes cayeran en el mundo de la drogodependencia, con el consecuente rechazo social. Cáritas Gipuzkoa reaccionó atendiendo y acompañando, y creó una respuesta social integral para esos jóvenes y sus familias, a través de la fundación Izan en 1983.

«Cáritas era la alternativa a todas esas carencias que estaban surgiendo», asegura Maribel, que defiende fervorosamente la labor de los voluntarios «esenciales para que esto funcionase». «No tenemos la varita mágica para solucionar todos los problemas», bromea, y es por ello que siempre han trabajado en colaboración con las instituciones. «Cáritas es atención, promoción y denuncia», añade.

A partir de 1992 la sociedad se vio inmersa en una crisis económica que generó una alta tasa de desempleo y agudizó la pobreza. Fue entonces cuando se crearon diferentes proyectos, tales como Sarea, donde las personas podían formarse para el empleo; Villa Betania, para atender a personas enfermas de sida; Aterpe, para las personas sin hogar; el Departamento de Extranjeros y Hurkoa y Gizaide, para acompañar a personas mayores y con enfermedad mental.

«La sociedad vasca es muy generosa. Siempre que ha habido problemas y hemos hecho una llamada se ha respondido muy bien», se congratula esta veterana voluntaria. Destaca el trabajo de la entidad fuera de Gipuzkoa, que actualmente está ayudando en países como Siria o Irak. Asimismo, en el marco de acción en cooperación internacional, va a donar más de 100.000 euros al hospital público de Belén.

«Que dejen de necesitarnos»

Cáritas Gipuzkoa cuenta actualmente con unos 75 trabajadores y casi un millar de voluntarios. Tomás Elizazu es unos de ellos, y ya suma veinte años en la entidad. Desde el principio ha trabajado en la parroquia del Buen Pastor, en Donostia, en la primera acogida de quienes pide ayuda a Cáritas.

«A mí me ha tocado el aluvión de la inmigración extranjera. Las personas vienen a nosotros, plantean sus necesidades y muchas veces nosotros detectamos otras que ellos no verbalizan», aclara Tomás. Tras realizar una valoración, trabajan con las personas «en procesos», es decir, buscando que salgan de esa situación de vulnerabilidad o exclusión social y «que se valgan por sí mismos sin la necesidad de la ayuda de Cáritas». Un proceso en el que la persona es la protagonista y los voluntarios los acompañantes. Un objetivo ambicioso, según este voluntario, que es lo que persiguen.

Antes de estar en Cáritas, Tomás estuvo ocho años como voluntario en Cruz Roja. «En total desde los 24 años. Personalmente me aporta, me resulta gratificante, porque recibo más de lo que doy», asegura.

En una entidad que se sustenta en los voluntarios, hasta su máximo responsable es uno de ellos. José Ramón Aramendi preside Cáritas Gipuzkoa desinteresadamente. «Necesitamos muchos más. Necesitamos crear la Cáritas de dentro de diez años», explica. Le preocupa la edad media «es bastante alta», y subraya la necesidad de acceder a un voluntariado más joven.

Además de este reto, que es su principal objetivo, Aramendi reclama una mayor visibilidad. Buscan además gente con conocimientos más diversos, como «alguien que controle de informática o redes sociales, para llegar a más gente» y darse a conocer.

De cara al futuro de Cáritas Gipuzkoa, Aramendi desea «que casi no llegue a existir, pero porque no hagamos falta. Eso sería lo ideal». Maribel, por su parte, cree que «siempre habrá gente que se caiga de la norma», y seguirán siendo necesarios. Lo mismo opina Tomás, «porque surgirán nuevas realidades sociales de pobreza».

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