Homenaje a 'El Lebrijano'

El cantaor José Valencia cerró en la Sociedad Filarmónica en 9º Festival Bilbao Flamenco al frente de un elenco de lujo y familiar

El Correo, Óscar Cubillo, 18-12-2016

Se cerró el 9º Festival Flamenco, que de jueves a sábado ha recordado y tributado a tres voces desaparecidas que mantuvieron la esencia y renovaron el género: Canela de San Roque, Morente y El Lebrijano. La cita más importante (por plantel, precio de la entrada, escenario…) fue la dedicada a éste, a Juan Peña ‘El Lebrijano’ (1941 – 2016), quien decía de sí mismo que era un gitano peculiar, pues le habían concedido una medalla al trabajo. Encargado de rememorarle fue el cantaor José Valencia (Barcelona, 1975), también de sangre calé, paisano suyo (nació en Cataluña por emigración laboral, pero su familia regresó a Lebrija cuando tenía unos 8 años) y su sucesor natural, pues el difunto tótem flamenco se identificaba con su voz.

No obstante, José Valencia no hizo ninguna referencia al maestro rubio en su único parlamento del largo concierto, en el que del tirón agradeció nuestra presencia, elogió el escenario centenario de la Filarmónica donde han tocado mitos de la clásica como Ravel (lo citó él y lo calificó como «privilegio estar aquí con mi compañía, con mi gente»), y presentó a su elenco, a sus «compañeros de fatigas y alegrías»: a las palmas su primo Juan Diego Valencia y su hermano pequeño Manuel Valencia, su «ojito derecho», un hípster con toda la barba («el Comando Valencia, bienvenida la familia cuando tiene este arte», sostuvo), al toque el célebre Manuel Parrilla, «de la escuela jerezana», y Juan Requena, «mi compañero del alma, el que lleva 20 años aguantándome, un guitarrista sin estirpe, ni familia, ni nada, pero un guitarrista como la copa de un pino», más la invitada especial, la bailaora Pastora Galván. El mismo plantel séxtuple ganó el Giraldillo de Oro de la Bienal de Sevilla con su obra ‘De Sevilla a Cádiz’.

En ese mismo parlamento postrero deseó José Valencia: «Espero que esta noche haya sido de vuestro agrado. Yo he dado el alma». Sí, fue un concierto largo de nueve tramos en 86 minutos, contando las largas ovaciones finales, una terna bailada más breve protagonizada por Pastora (al estilo antiguo, de lo más ovacionado, como pasa casi siempre con el baile), y cantes prolongados, sostenidos, como uno de 15 minutos intensos, dramáticos. José Antonio Valencia Vargas, que empezó como cantaor de atrás, en apoyo a bailaores (Farruquito, Canales, Grilo…), arrancó por tonás a palo seco en trío familiar, en pie y sin micro, y acabó por bulerías luciendo sus peculiares sostenidos otra vez en pie al borde del tablao. Transportador, templado y jondo de modo natural, José Valencia fue rural, familiar, gitano (palabras como camelar, canastera…), inspirado, dúctil y largo al interpretar el cante antiguo a lo Valderrama (las cantiñas que decían «que no me compare ‘nadie’, que yo no tengo por qué»), Mairena…

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