«Creo que ellos querían cambiar el país, sí. Pero lo cambiaron mal»

Diario Vasco, BEGOÑA DEL TESO | , 12-12-2016

Nació hace 55 años. Un seis de enero. Por eso se llama Gaspar. Nació mulato. En Victoria de las Tunas, siendo la tuna un cactus rústico, espinoso, superviviente nato desde México a Argelia. Nació Gaspar en la entrada misma del Oriente de Cuba. Su madre, negra, se doctoró en Pedagogía. Su padre, blanco zumbón, era músico y mujeriego. Su abuela Madalena, mujer sabia. De niño vivió en la ilusión de la Revolución. La Habana quedaba lejos. Una vez al año iban. Su playa, la suya y la de su hermana, era la de La Llanita en Puerto Padre. Creció Gaspar y no le gustaba lo que veía y vivía en su país, así que como muchos, se buscó algo con lo que poder salir. Y encontró la música. Estuvo tocando en el restaurante del Kursaal cuando aún no era el Ni Neu. Se hizo después transportista. Vive en el Antiguo y trabaja seis meses al año con su furgoneta en Francia. Hay vídeos de su grupo ‘Los soneros del changüí’ tocando en Altxerri. Quedamos en la plaza de la Iglesia de San Sebastián Mártir. Aquí solía cruzarse y charlar con Laboa. Entre otras cosas, del son montuno, la guaracha, el sucusucu y la rumba.

SONEROS DEL CHANGÜI
¿La madre del son?: Algunos autores afirman que el género musical changüí, nacido en el Oriente de Cuba, es uno de los orígenes del regio son de la isla. Por mucho que otros, preguntados por lo que es el changüí respondan displicentes ‘un baile de la gente pobre’. En 1999, Gaspar y unos más formaron ‘Los soneros del changüí’.

- ¿Quiénes eran ellos?

- Fidel, Raúl, el Ché, Cienfuegos y tantos otros. Quisieron cambiar el país. Había que cambiarlo. Llevábamos años de dictadura en dictadura. Pero, ¿sabes? Lo cambiaron mal. No hicieron caso al campesino ni al pueblo. Eran intelectuales. Eran blancos. Eran militares. Y lo que son las cosas, mi abuela lo supo enseguida. Mi padre, no. Y mi madre, negra, se había doctorado en tiempos de Batista, Fulgencio.

- Cuéntanos, ¿qué vio tu abuela?

- Te lo he dicho, que eran blancos y vestían de verde. Y no se fió de ellos.

- ¡¡¡Por???

- Porque ella era negra y conocía el racismo de los blancos. Aunque bajaran de la Sierra a liberar al pueblo. Y porque el verde de sus ropas era verde militar y ella no tenía fe en los soldados ni en sus fusiles. Los que la rodeaban, la rodeábamos, no lo veíamos tan claro. Es cierto, todos vivíamos la euforia que estalla después de cada revolución.

- Con el tiempo, tú te alejaste de tu padre revolucionario y pensaste más como tu abuela.

- Empezamos a ver cosas increíbles. Extraordinariamente ridículas. Le comprábamos el azúcar a la URSS. ¡Nosotros, el país de la caña de azúcar! Nos pusieron a todos a estudiar ruso y los soviéticos que venían como asesores lo único que querían aprender en Cuba era el inglés. Nosotros nos manejábamos bien con ese idioma. Florida está bien cerca y nuestro deporte nacional es el béisbol…

- Y eso que dices de que Fidel no hizo caso al campesino, ¿cómo es?

- Daba la sensación de que no quería campesinos. Quería médicos, atletas, bailarines. Y de repente decidía que Cuba tenía que ser una potencia vinícola. Y se talaban bosques (éramos país maderero) para plantar vides. El campesino le decía, ‘Comandante, esta tierra es muy generosa y donde tiras una semilla al día siguiente tienes alimento, pero no es lugar para vino’. Pero él se empecinaba. Y la tierra y las vides morían. Se obcecó tanto Fidel. Y en tantas cosas…

- Luchaste en Etiopía. Como soldado…

- Veinticinco meses: computador de artillería. BM21, sistema múltiple de lanzamiento de cohetes soviético. Allá en Etiopía viví con fuerza mis raíces africanas. Cogí la sarna. Y vi cómo los mandos militares arramplaban con todo. ¿Sabes qué nos dieron cuando nos licenciaron?

- Nooo.

- ¡Una camiseta! Una camiseta con la figura de Bruce Lee.

- Empezaste a pensar que tenías que encontrar algo para marcharte de Cuba. ¿La música?

- ¿Te digo la verdad? A mí la música me daba igual pero lo que has dicho, en mi país lo que hace la gente es agarrarse a aquello que te sirva para marchar. Algunos, al deporte; otros, al baile. Hombres y mujeres se arriman a los turistas para hacerles creer que les aman, casarse y salir. Yo me agarré a la conga. Cuando mi grupo decidió quedarse en Europa nos castigaron sin poder regresar.

- ¿Por qué aquí?

- Te seré sincero, podría haber sido cualquier otro sitio. Estoy a gusto. He descubierto muchas cosas que no sabía y cuando vuelvo de trabajar en Francia hasta me hace feliz oír hablar en euskera, pero mira, yo no tendría que estar aquí, yo tendría que estar en mi tierra.

- ¿Qué descubriste que no sabías en la isla?

- Fíjate. Que además de Marx y Engels existían Kant, Diderot. Que Stalin arrasó a su pueblo. Incluso oí por primera vez a Celia Cruz y Antonio Machín. Allí nadie los nombraba. Bueno sí, algunos compraban los discos que traían los marinos mercantes. Los marinos mercantes eran los reyes de Cuba: lo tenían todo, lo conseguían todo.

- Renunciaste a la nacionalidad cubana…

- Si la mantenía, no podría ir ni siquiera una vez a mi país porque un cubano para entrar y salir necesita pasaporte cubano, el español no le sirve. No me importó. Yo sé que soy cubano, ¿qué otra cosa podría ser?

- ¿Es cierto que un señor donostiarra muy mayor os contrataba para que le cantarais…?

- Sí, es cierto. Con 14 años había ido a La Habana y siempre quería oír ‘Y si vas al Cobre quiero que me traigas una virgencita de la Caridad…’.

- ¿Qué va a pasar en Cuba?

- Temo que todo se desmorone como en Rusia y la Europa del Este. Pero también me da miedo Miami…

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