ALEXANDER VAN DER BELLEN

El hijo de refugiados que logró frenar el populismo xenófobo

Presidente electo de Austria. Nació bajo el Tercer Reich y ha dedicado parte de su vida a combatir la ideología que lo sustentaba. Con una trayectoria a caballo entre la universidad y el ecologismo, ha vencido a la ultraderecha

El Mundo, C. VALERO VIENA, 05-12-2016

El ganador y aspirante independiente a la Presidencia de Austria, Alexander Van der Bellen, es el antídoto al populismo de ultraderecha que representaba su rival, Norbert Hofer, a quien ya ganó en las elecciones en mayo por 31.000 votos. No llegó a saborear entonces el cargo. Las elecciones fueron anuladas por errores de procedimiento en el escrutinio, tras una impugnación presentada por el partido de Hofer.

Profesor de Economía ya jubilado, Van der Bellen, de 72 años, llegó a la política desde la socialdemocracia y ya cuando era cuarentón. En 1984 cambió de filas atraído por el activismo de la izquierda y de los ecologistas contra la construcción de una central hidroeléctrica en la ribera del Danubio, movilizaciones que tuvieron en la época un gran impacto en Austria. Diez años más tarde, en 1994, obtuvo su primer escaño de diputado por Los Verdes, partido que llegó a dirigir y sacar de una profunda crisis y divisiones internas. Luego dejó el partido para dedicarse a su trabajo como profesor en la Universidad de Innsbruck y, más tarde, en el campus de Viena.

Casado en segundas nupcias y padre de dos hijos, el talón de Aquiles de Van der Bellen es que resulta mal comunicador. No conecta con las clases más desfavorecidas, con pocos estudios, más desencantadas y más dispuestas a comprar la mercancía de los populistas. Su lenguaje corporal es tenso y su oratoria fría, pesada y pausada, casi metafísica, con un discurso de aburrido profesor universitario, no de político con carisma.

El avance de la ultraderecha, apuntalado con la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, le ha hecho comprender, sin embargo, que tan importante es el mensaje como el mensajero. Ha hecho esfuerzos por ser más cercano y más patriota.

Pero a diferencia de quien fue su jovial contrincante, Van der Bellen no se pasea en bicicleta, no tiene afición por el deporte y fuma como un carretero. Y a diferencia también de su rival, no es austriaco de pedigrí. Sus padres, ella estonia y él ruso, llegaron Austria huyendo de la Revolución bolchevique de 1919. La familia se instaló en la región del Tirol, donde Van der Bellen nació (en la Austria bajo el dominio del Tercer Reich de 1944) y vivió hasta los 33 años. Más tarde se trasladó a Viena, donde inició una carrera universitaria que le llevó al puesto de decano de la Facultad de Ciencias Económicas.

Siempre valorado por su moderación, honestidad y tolerancia, Van der Bellen es un europeísta convencido. Defiende la permanencia de Austria en la Unión Europea y también –por humanismo y solidaridad– la política de refugiados impulsada por la vecina Alemania. En las antípodas de Hofer, el único punto coincidente era que ninguno ratificaría como presidente el TTIP, el Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio entre la UE y Estados Unidos, aunque por razones bien diferentes.

Van der Bellen asegura la continuidad. Afirma que, ante su ya tangible Jefatura del Estado, su modelo a seguir será Heinz Fischer, presidente hasta el pasado julio y de quien destaca su discreción, firmeza y compromiso con los valores y principios democráticos. Y como presidente que aspira a ser «de todos» hará todo lo posible para no tener relación alguna con el excluyente FPÖ, aunque haya obtenido un buen porcentaje en las urnas.

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