Detenido un yihadista adoctrinado para atacar a la población
El Mundo, , 01-12-2016De uno llamaba la atención que no hablaba con nadie. Como algo extraordinario, un vecino lo vio una vez en un bar mirando un partido de fútbol; solo. Del otro destacaba que echaba espumarajos por la boca: hace ya tiempo que su familia y los fieles de la mezquita a la que acudía en Pamplona se escandalizaban por la violencia de sus proclamas y las rechazaban. El tercero estaba en busca y captura por apología del terrorismo. Los dos primeros querían enrolarse en las filas del Daesh. Todos cumplían su papel de catalizadores del terrorismo yihadista desde Aranjuez, Vitoria y San Sebastián, los lugares en los que residían muy a su pesar.
La Policía y la Guardia Civil detuvieron ayer a tres «actores solitarios», como los llamó el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, que han visto sus expectativas truncadas gracias a la «magnífica coordinación» entre los dos cuerpos policiales y el CNI. Los tres eran marroquíes.
Allal El Mourabit, el más lenguaraz de todos, fue detenido en Irún cuando regresaba de Alemania en el camión que solía conducir. Su talón de Aquiles, además de su mordacidad extremista, lo constituyó la frecuencia con la que acudía a conversar con un grupo de amigos a la trastienda de una tetería en Pamplona conocida como centro de radicalización. Antes de El Mourabit, otros dos de los clientes del local, uno de Calahorra y el otro de la misma capital navarra, fueron detenidos por sus vínculos con el yihadismo.
Fuentes de la Guardia Civil sostienen que llevaba unos 16 años en España. Los primeros años que pasó en Andalucía, dedicado al transporte y al almacenaje, fue un modelo de comportamiento e integración. Empezó a radicalizarse de forma paulatina al llegar al País Vasco y su frustración múltiple confirió a sus mensajes una violencia inusitada e insoportable para su entorno más próximo. Recientemente intentó incorporarse a las filas del autodenominado Estado Islámico en Siria, pero fue interceptado por las autoridades turcas, que no le dejaron pasar.
El hecho de que emprendiese aquel viaje indica que el Daesh le había hecho llegar, de algún modo, su intención de recibirlo. A su regreso volvió a coger el camión para desplazarse a Alemania, donde contactaba con simpatizantes del Daesh igualmente radicalizados. Su arma de difusión del yihadismo eran los grupos de Telegram y las redes sociales, en las que participaba activamente.
El más silencioso de los tres detenidos enviaba mensajes muy preocupantes. Según la Policía Nacional, se «autoadoctrinaba para la práctica de acciones terroristas individuales contra la población civil». Los investigadores consideran que, después de una etapa de un intenso fanatismo durante la que estuvo consumiendo constantemente vídeos y publicaciones sobre los suicidios de los muyahidines, había aceptado la llamada del Daesh a realizar la «yihad individual» y, por tanto, a «trasladar la guerra al corazón de los hogares de Occidente».
Según el Ministerio del Interior, se trataba de un miembro «muy activo y clave dentro de la estructura descentralizada de propaganda y adoctrinamiento del Estado Islámico», un área de actuación de crucial importancia para esta organización terrorista. Una de sus prioridades era llevar a cabo la multicaptación de individuos con diversos perfiles y capacidades, y tenía como modelo a Bin Laden y a los cuatro terroristas que se suicidaron en 2004 en un piso de Leganés. Mostraba un síntoma característico de los yihadistas verdaderamente peligrosos: no demostraba tener ningún miedo a las posibles represalias legales por sus actos.
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