Iker Uson Coordinador de Baketik
“El mayor reto de la convivencia en Euskadi en el futuro cercano es gestionar la diversidad”
Profesor en el campus de Donostia de la Universidad de Deusto, Iker Uson hace balance de los diez años de trayectoria que cumple Baketik
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 28-11-2016donostia – ¿Cómo llega Baketik a su décimo aniversario?
- Con la percepción de que los objetivos principales se están cumpliendo, de manera humilde, reconociendo que es una fundación pequeña, limitada a trabajar en Euskadi. Si un objetivo era promover la ética y sus valores como elemento fundamental para la convivencia en muchos aspectos, no solo en lo que tiene más que ver con la política, se ha echado mucha semilla teniendo en cuenta que no es un tema sencillo ni que logre muchísimos patrocinadores, ni cuando nació – que era como predicar en el desierto – ni ahora, que se puede hablar mucho de la importancia de la ética, pero en el día a día parecen importar otras cosas.
Este décimo aniversario coincide con el quinto aniversario desde que ETA anunció el cese de su actividad. ¿Cómo llega Euskadi?
- Muy diferente a lo que era hace diez años. La situación ha mejorado objetivamente. Casi se nos olvida, pero hace diez años la situación era de muchas personas perseguidas y amenazadas por lo que pensaban, con otro gran grupo que sin sentirse amenazado había sufrido el zarpazo de la violencia de ETA, con otro grupo que sufría otro tipo de violencia que podía haber sufrido de mano de grupos parapoliciales en épocas de la Transición y que todavía a veces estaba silenciado… Seguíamos sufriendo un espacio de muchísima tensión en la política parlamentaria, que lo contaminaba todo y nos encontrábamos con un montón de pueblos y familias divididas.
¿Ha cambiado?
- No del todo, porque han pasado cinco años, pero las condiciones en las que se pueden trabajar estos temas no tienen nada que ver. Lo que tiene que ver con la ruptura de la convivencia se llega en muchas mejores condiciones, con parte de los deberes hechos. En lo que tiene que ver con un concepto de convivencia más amplio, habiendo superado la crisis de una manera diferente a otros lugares, con el compromiso general respecto a las políticas sociales y el compromiso ciudadano de que así tiene que ser, se va en la buena línea. Teniendo en cuenta la velocidad que vamos con temas de convivencia, que se está oxidando el tema y parece que no está en la agenda, quizá el mayor reto de la convivencia en el futuro cercano será gestionar la diversidad y tenemos trabajo por hacer.
¿Qué supone que la sociedad, y se lo especifico en las generaciones jóvenes, parezca que haya pasado página respecto a la violencia?
- Una de las grandes amenazas ahora es, sin especificar generaciones, el hecho de pasar página y pensar que todo se ha solucionado. Habrá otros retos, pero este es uno de los fundamentales, porque sería cerrar en falso sin trabajar lo ocurrido, sin ver qué hacer ahora y qué hacer para que en el futuro no se dé. En el caso de los jóvenes, de los que tanto se habla, en el fondo imitan parte de lo que están viendo en generaciones anteriores, como hicieron sus padres de sus padres en cuanto a la Guerra Civil y la posguerra. Estos chavales se han criado en casas donde habitualmente no se ha hablado de estos temas, por tabú o “en eso mejor no te metas”, y donde sí, ha sido con posicionamientos muy concretos y discursos polarizados. No es que pasen página, sino que han recibido poca información, tienen la percepción de que se les trata a todos igual, cuando tampoco han recibido demasiada información.
¿Cómo se trabaja con ellos?
- Es un reto, porque si reciben información, la manera en que trabajan los temas son muy diferentes a las generaciones de sus aitas: con menor tensión y más facilidad para hablar sin que las posiciones se enconen, salvo en personas que han podido sufrir directamente. Es algo positivo. Además, es una juventud que la idea de los derechos humanos la tiene integrada. Es un concepto en discusión pero sabe lo importante que es la vida de la gente, sus derechos y que no se pueden vulnerar por defender un proyecto. Soy optimista. Dándoles información, testimonios y oportunidad de participar, tendremos una juventud que llegará a la edad adulta con un discurso mucho más elaborado sobre lo que nos ha ocurrido.
¿Cuál es la principal enseñanza, tanto positiva como negativa, que deja Euskadi para el resto del mundo? ¿Qué imitar y qué no repetir?
- La negativa, como ha ocurrido en cualquier parte del mundo donde ha habido ciclos de violencia ligada a temas políticos, es que cuando el ciclo de violencia se inicia, por muy justificado que entonces parezca, luego es muy difícil pararlo. Se entra en una especie de círculo del que es muy difícil salir. La violencia de ETA en sus inicios pudo tener un apoyo social importante, incluso en el resto del Estado se podía ver en juicios como el de Burgos, pero se entró en un círculo que es muy difícil parar, porque todo parece bien justificado. Cuando se busca una excepción de que tal proyecto merece matar a alguien, luego es muy difícil parar. La enseñanza positiva es que si estamos en esta situación, es por el compromiso ciudadano con la derrota de ETA y el cambio en sus posiciones. Hay una lectura de la derrota a través de la policía, de las leyes… Y no digo que no haya influido, pero soy un convencido de que ha sido un canal central en la sociedad vasca que quizá se empezó a ampliar de manera tardía. Hubo muchos años que se miró para otro lado entendiendo que era parte de una “guerra” que afectaba a otros…
¿Cuándo se da ese cambio?
- De los 90 en adelante ha habido un canal central de un montón de gente que, con muchas diferencias políticas, dijo que “así no se puede seguir”. Ese “así no se puede seguir” se refería a cualquier vulneración de derechos humanos. Más allá de lo que hagan los y las políticos, la ciudadanía tiene una fuerza tremenda para cambiar las cosas. Y ahora mismo veo que, más allá de poner todas las alubias en el puchero de los políticos y ver qué pueden hacer, hay que generar un montón de posibilidades para que la gente hable a nivel de los pueblos. Más allá de lo que se firme en Madrid, Vitoria o Madrid, la convivencia real se dará en esa plaza o en ese frontón donde los padres no se miran.
Cambio de tercio, pero sigo con la convivencia. Discursos de Donald Trump, Marine Le Pen, Alternativa por Alemania… ¿Está Euskadi a salvo ante este tipo de fenómenos?
- Creo que estamos expuestos. Caer en un discurso excesivamente idealista de que la sociedad vasca parece un oasis donde esas cosas no nos afectan sería engañarnos. Las diferentes encuestas de Ikuspegi o cuando salen datos al respecto no parece que haya un discurso claramente racista, pero es verdad que cuando uno baja a variables concretas pueden aparecer. Esto no tiene un muro que nos aísle, estamos en contacto con el mundo. Es uno de los grandes retos del mundo y también en lo que nos corresponde a nosotros. Una idea que tomó mucha fuerza a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (que todas las personas somos iguales en dignidad y a partir de ahí construir derechos civiles, políticos, económicos y sociales) se está rompiendo.
¿Por qué?
- Hay gente que dice que todos no somos iguales en dignidad, hay una especie de primero los que hemos nacido aquí. Se puede percibir en discursos xenófobos o populistas en la ultraderecha europea, también en Trump, pero también en discursos más discretos cuando la UE decide que Turquía gestione los refugiados o cuando Reino Unido dice que primero los que viven en la isla y luego… La diversidad de gente que ha nacido está cada vez más presente en las calles de Euskadi. Me daría pena que justo en un momento en el que, gracias al proceso de recuperación de la convivencia, empezamos a ser conscientes de que todas las personas somos iguales en dignidad independientemente de lo que pensemos a nivel político, podamos estar construyendo otro foco de conflictividad.
¿En torno a la migración?
- No me da tanto miedo que mi hijo o hija piense en que puede matar por una idea de Euskadi o España, sino que quite ese foco que ha marcado a las dos o tres generaciones anteriores y empiece a pensar que hay que apartar a otro grupo en nombre de una fe o no sé qué manera de entender la ciudadanía europea. El núcleo es el mismo: ¿todas las personas somos dignas? La respuesta es sí. Tendríamos que unir el cierre de temas de convivencia con la recuperación de eso.
¿Cuál será el papel de Baketik en este contexto?
- La misión de Baketik desde 2011 es la de ser una fundación que promoviese procesos de transformación personal y social con sentido ético, hacer preguntas más que dar respuestas. Todo el trabajo que intentamos hacer – discreto, muy de cocina a veces – para recuperar la convivencia en Euskadi es promover esas transformaciones para la reconciliación. En la misma línea hemos de ir en la convivencia de la diversidad, para darnos cuenta de que las personas independientemente de dónde hayan nacido o de cuál sea su circunstancia vital, siguen siendo personas. Si se nos rompe esa cerámica tan sensible, se resquebraja todo lo demás.
(Puede haber caducado)