Opinión LA COLUMNA DE RAFAEL ÁLVAREZ GIL

Trump y el miedo global

Canarias 7, Rafael Álvarez Gil / Las Palmas de Gran Canaria, 22-11-2016

Ahora que pasan unos días comenzamos a ser conscientes en realidad de lo que supone la victoria de Donald Trump. Y eso que aún no ha empezado, hay que esperar a enero. Pero la comunidad internacional está inquieta. Llegan cambios porque, aunque en el mejor de los casos que rebaje sus promesas electorales, su forma y los contenidos de su gobernanza poco tendrá que ver con lo que fue la Administración Obama. Muchas cosas han ocurrido en Estados Unidos para pasar del hito de la victoria de Barack Obama al advenimiento de Trump a la Casa Blanca. Por un lado, hemos visto el proceso electoral desde una óptica eurocéntrica; creyendo todavía que el resto del mundo funciona según los parámetros de placidez del Viejo continente. Por el otro, se ha abierto el debate sobre la importancia que pudo tener las redes sociales (a cuenta de las noticias falsas divulgadas y no contrastadas) en el resultado electoral.

Después del ‘brexit’ y las elecciones presidenciales estadounidenses habrá que estar pendientes de Francia donde se antoja una victoria indiscutible o bien del centroderecha o, por el contrario, de la extrema derecha si se produce un rebumbio histórico. Las opciones del Frente Nacional son escasas en cuanto que en la segunda ronda la izquierda votaría al centroderecha a modo de mal menor. Pero no dejará de ser sintomático sobre cómo está Europa fruto de una convulsión ideológica preocupante. Todo ello, producto del aumento de la desigualdad en la poscrisis. Y aún no se ha aclarado cómo hacer frente a los efectos negativos de la globalización, si es que se puede. A ambos lados del Atlántico se está propagando la idea de retornar al proteccionismo económico (aranceles) y evitar la deslocalización. Trump ha prometido la reindustrialización y por eso los votantes blancos de mediana edad lo han votado. Si triunfan estos candidatos (populistas o no) es porque existe un pulso social que lo permite. Por eso no ganó Hillary Clinton: porque era más de lo mismo. Una repetición de una estructura de poder en Estados Unidos que muchos consideran que ha provocado el estancamiento. Y los líderes clásicos liberales, al igual que sucedió en la Europa de entreguerras, están desapareciendo o desdibujándose. Solo nos queda Angela Merkel que, a su vez, fue la que estimuló el ‘austericidio’ que hundió al sur de Europa. Un recetario de recortes y desmantelamiento público que propició el populismo. No es plan. Pero parece que no queda otra que ceñirse a Merkel como último lucero de una Europa ya irreconocible. Sobreviene una etapa histórica apasionante, lo malo es que provoca (y con toda la razón) altas dosis de temor.

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